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Luis Gorelik: “Parte del desafío en este momento es aprender a gestionar el miedo”

El director platense, que ha llevado la batuta de las orquestas más prestigiosas, se prepara para abrir en Serbia el Festival BEMUS junto a la “gigante” Martha Argerich. Cómo vive la reactivación post pandemia

Luis Gorelik: “Parte del desafío en este momento es aprender a gestionar el miedo”

Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos desde 2010, Gorelik abrirá el 1 de noviembre, junto a argerich, el festival de música más antiguo e importante de serbia

María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

24 de Octubre de 2020 | 04:56
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El 1 de noviembre en Belgrado, Serbia, un platense se dará el lujo de dirigir a Martha Argerich: el Mtro. Luis Gorelik. Será para el prestigioso director nacido y criado en La Plata, una coincidencia especial en la que la emoción estará a flor de piel en tanto tendrá el honor de volver a compartir escenario con una “artista sin escalafón”, siempre abierta a “recibir lo que los demás proponen y crear a partir de ahí en conjunto”.

La cita que los reunirá será la apertura de la 52a edición del festival BEMUS -el festival de música más antiguo e importante de ese país-, en donde Argerich interpretará el Concierto para Piano y Orquesta No. 1 Op. 15 de Ludwig van Beethoven junto a la Orquesta de la Radio Televisión Nacional de Serbia, bajo dirección del Maestro Luis Gorelik, actual Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos desde 2010.

En el mismo programa se tocará la Sinfonía No. 3 Op. 55, también de Beethoven, y la obra “Jesús, cura mis heridas” para soprano y orquesta, de la compositora serbia Isidora Zebeljan, recientemente fallecida.

Recientemente, Luis Gorelik tuvo a su cargo la dirección musical de la ópera “Rigoletto”, de G. Verdi en versión para la Televisión Nacional Serbia la cual fue montada por el Teatro Nacional Serbio en la ciudad de Novi Sad. Dicha producción fue una de las primeras producciones líricas montadas en la Europa post pandemia.

En el mes de noviembre, y tras el concierto junto a Argerich, dirigirá una nueva producción de “Tosca”, de G. Puccini, realizada también por el Teatro Nacional Serbio, pero en esta ocasión, en la sala y con aforo limitado.

Formado con Pedro I. Calderón en Argentina y con Mendi Rodán en Israel, donde se graduó con distinción en la Academia de Música Rubin de Jerusalén, Gorelik, que ha llevado la batuta en las orquestas y teatros más prestigiosos del mundo, dialogó con EL DIA antes de su viaje a Serbia.

Además del concierto con Argerich, Gorelik, que fue el conductor de la Orquesta Nacional de Música Argentina ‘Juan de Dios Filiberto’ entre 2016 y 2018, se refirió a su vínculo con La Plata, a la situación del Teatro Argentino y a cómo ha sido enfrentar los nuevos modos que ha impuesto la pandemia.

-¿Cuál ha sido, para el sector de la música clásica, el gran desafío que ha supuesto la pandemia?

-Creo que en mi actividad la pandemia no ha hecho más que acelerar un proceso de replanteo que ya estaba en desarrollo. En mi caso personal, y junto a la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, esta situación nos llevó a producir institucionalmente más de 60 videos que obtuvieron decenas de miles de interacciones. Este dato no es menor, toda vez que nos está mostrando una vía de contacto con los públicos hasta ahora prácticamente ignorada por las orquestas estatales, las cuales continúan trabajando bajo los mismos paradigmas con las que fueron creadas hace ya siete décadas. No estoy diciendo con esto que la virtualidad es mejor que el encuentro en vivo, sino que en un mundo que se ha digitalizado y mediatizado no puede ser ignorada como herramienta inclusiva, pedagógica y de comunicación de contenidos culturales.

-Después de una larga pausa, volvió a los escenarios en Serbia de manera presencial en agosto pasado. ¿Cómo se sintió la experiencia de regresar a las formas presenciales?

- En este caso particular, tuve el inmenso honor de dirigir una de las primeras producciones de ópera post-pandemia, montada por el Teatro Nacional Serbio en la ciudad de Novi Sad, a orillas del Danubio. Fue una bellísima producción de “Rigoletto”, de G. Verdi, con los mejores solistas del país. Lo interesante es que fue pensada para la televisión y casi no se permitió el acceso de público por las restricciones vigentes. Tuvo un enorme impacto no solo en Serbia sino en toda Europa. En lo personal, luego de seis meses de no subir a un escenario la experiencia fue muy movilizadora.

-Más allá de lo profesional, ¿cómo ha sido la experiencia desde lo personal? ¿Tuvo temores?

-Sí. Los tuve, por supuesto, sobre todo al viajar. Pero creo que parte del desafío en este momento consiste en aprender a gestionar el miedo. Todos lo sentimos, de alguna u otra manera, pero creo que en la medida de lo posible se puede actuar responsablemente y no renunciar a nuestra capacidad de trabajar por la cultura.

-Usted que ha visto en primera persona el trato de la cultura, en medio de la pandemia, en otras partes del mundo, ¿cómo ve la situación en nuestro país?

-El sector cultural ha sido uno de los más castigados en nuestro país y en gran medida esto responde a la inexistencia de políticas culturales a largo plazo que hubieran permitido una reinserción más rápida dentro de los límites permitidos por la política sanitaria local.

En el caso que me tocó participar, en Serbia, pude apreciar una muy rápida reacción que congregó a varias instituciones (Teatro Nacional de Opera, Televisión Nacional, Ministerio de Cultura) y por supuesto, a los propios artistas, quienes se sumaron a participar en un tipo de producción lírica que no es la habitual y en condiciones diferentes a las que normalmente podrían tener dentro del teatro. Esa suma de voluntades es crucial para que la maquinaria de una compleja factoría artística como es un teatro lírico pueda volver a funcionar en una coyuntura tan compleja. De otra manera, nos quedamos en casa esperando que el Estado nos dé una solución para volver a la rutina de siempre, lo que al menos por el momento, parece muy distante.

Hay que ser creativo, pero por sobre todo flexible para poder retomar y por sobre todas las cosas no perder la noción de que los artistas que trabajamos para el Estado somos privilegiados y debemos volcar este contenido maravilloso que atesoramos en forma de servicio pedagógico y social. Este fue el espíritu con el que fueron creadas casi todas las instituciones culturales estatales en el año 1948 por el Gral. Perón y defendidas por el entonces Diputado John William Cooke a través de la Ley 14.007.

-¿Con qué expectativas espera la apertura, junto a Martha Argerich, del Festival BEMUS?

-Siempre es una experiencia maravillosa poder compartir el escenario con una artista de la talla de Argerich. Pude trabajar con ella cuando tocamos el Concierto No. 1 de Liszt con la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, en Paraná y Concepción del Uruguay en agosto de 2018. Es una artista fuera de escalafón y tocar con ella deja una marca importante de aprendizaje. En lo personal pude apreciar la grandeza de una artista gigante que a pesar de haber tocado este repertorio con cientos de grandes orquestas y directores se para desde un lugar diálogo con todos los que comparten con ella el escenario, y siempre abierta a recibir lo que los demás proponen y crear a partir de ahí en conjunto. Una cualidad que solo los grandes de verdad mantienen.

-¿Qué plus le otorga Beethoven a este reencuentro con Martha?

-En este caso, y más allá del año conmemorativo -a 250 años de su nacimiento-, no puedo dejar de tener en cuenta que Argerich grabó este mismo concierto en 1949, a sus 8 años de edad, junto a la Orquesta Sinfónica de Radio El Mundo, que dirigía el Mtro. Alberto Castellanos, que había sido el arreglador de Gardel en sus películas “Cuesta abajo”, “El tango en Broadway” y “Tango bar”. Imaginate... 71 años transcurrieron y esa niña (que lo sigue siendo...) tocó esta misma obra centenas de veces con las mas grandes orquestas y directores del planeta. ¿Cómo no voy a emocionarme?

-El primer movimiento del Concierto N° 1 de Beethoven comienza con una larga introducción orquestal, hasta que el pianista hace su entrada. ¿Cómo imagina serán esos minutos sabiendo que la que está sentada al piano esperando es Martha Argerich?

-Vuelvo a la historia.... En la grabación que mencioné de 1949, la niña Argerich sorprende al director con un tempo musical muchísimo más rápido que el que había hecho la orquesta en su introducción. No quiero imaginarme la cara del pobre Castellanos en ese momento....

-Se quedará en Serbia para dirigir “Tosca”. ¿Qué viene después?

-Después de Tosca en el Teatro Nacional Serbio vuelvo al país, y tras la cuarentena de rigor continúo con mis actividades virtuales y de a poco, espero, ir retomando las actividades presenciales junto a la Sinfónica de Entre Ríos.

-¿Cuáles son los planes para el 2021 de la Orquesta?

-Muchos, aunque en este momento todo dependerá de las posibilidades y de la situación sanitaria y financiera. Calculo que algunas actividades serán llevadas al streaming. Ya en los últimos años veníamos realizando un intenso trabajo de cruzamiento de géneros a través de actividades como el Encuentro de Jazz , Encuentro de Folklore y Festival de Música Contemporánea. Además, estábamos realizando la integral de las sinfonías de Gustav Mahler, la cual espero podamos retomar. Ya habíamos tocado las sinfonías 1a, 2a, 3a, 4a, 5a y La canción de la tierra.

-Luego de haber dejado, volvió cada vez que pudo a dirigir al Argentino. ¿Qué significa este teatro para usted y qué opina del telón bajo que mantiene desde hace más de tres años?

-Hace mucho que no vengo a dirigir a mi querido Teatro Argentino. El Teatro Argentino es una institución muy querida para mí, y que llevo muy adentro porque fue parte de la consolidación de mi vocación artística. De niño y adolescente, los primeros conciertos en vivo que escuché fueron aquí. A mis 14 años, en 1977 fui testigo junto con los pibes del barrio del incendio que consumió a la vieja sala. La primera vez que escuché de cerca una orquesta sonando fue, precisamente, en el TALP. Es una institución con un potencial gigantesco y que lamentablemente durante varios años ha estado atravesada por una crisis creativa e institucional importante que la fue alejando de la comunidad bonaerense.

-¿Hay algo que extrañe de La Plata?

-Todo. Mis raíces están allí y por lo demás, visito con cierta regularidad la ciudad pues mi madre y mi hermano viven en La Plata. Es cierto que ha cambiado mucho en los últimos años, pero continúa manteniendo parte de ese espíritu inquieto que parece ser parte del ADN de una ciudad universitaria.

“Martha Argerich es una artista fuera de escalafón y tocar con ella deja una marca importante de aprendizaje”

Luis Gorelik

“Es cierto que La Plata ha cambiado mucho en los últimos años, pero continúa manteniendo parte de ese espíritu inquieto que parece ser parte del ADN de una ciudad universitaria”

 

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