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Después del papelón de ayer, fijan un cronograma de pagos a jubilados

El Gobierno vivió como un paso en falso el colapso de los bancos por la previsible concurrencia de la clase pasiva. Pesce, del Banco Central; Vanoli, en la Anses y Palazzo, de la Bancaria en la mira de Alberto F.

Mariano Spezzapria

Por: Mariano Spezzapria
@mnspezzapria

4 de Abril de 2020 | 06:04
Edición impresa

El Gobierno vivió como un paso en falso el colapso de los bancos por la multitudinaria asistencia de jubilados y beneficiarios de planes sociales que, en los hechos, quebrantó la cuarentena decretada por el presidente Alberto Fernández para enfrentar la pandemia del coronavirus.

La caótica situación vivida durante la jornada de ayer en los puntos más dispares del país y no sólo en el populoso Conurbano y en la ciudad de Buenos Aires, recién tuvo una respuesta cuyo éxito se conocerá a partir de hoy cuando se ponga en marcha el cronograma trazado de emergencia por el Banco Central.

Según pudo saber EL DIA, en la quinta de Olivos y en la Casa Rosada la bronca oficial estuvo dirigida a un trío de “responsables”: el presidente del Banco Central, Miguel Pesce; al director de Anses, Alejandro Vanoli; y al secretario general del gremio La Bancaria, Sergio Palazzo.

Los dos primeros, Pesce y Vanoli, terminaron anoche una larga jornada en Olivos, donde les quedó claro el malestar porque no los recibió el Presidente sino el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el asesor todo-terreno Gustavo Beliz. Básicamente, les exigieron un cronograma de emergencia.

La bronca del Presidente, según reconocieron infidentes cercanos al primer mandatario -y según también admitió Pesce- quedó patentizada desde las primeras horas de la mañana cuando comenzaron a verse las imágenes de las interminables filas y las aglomeraciones frente a las entidades bancarias.

El rompimiento del aislamiento social después de los esfuerzos realizados a lo largo de los últimos 14 días, fue el argumento que más “calentó” los ánimos en Olivos.

Tampoco cayeron bien las declaraciones periodísticas de todos los involucrados en el escándalo que, a priori, aparecieron como tratándose de quitarse el problema de encima y buscando en otros la responsabilidad de lo ocurrido.

En ese sentido pareció ir anoche el titular del Banco Central, cuando se le hizo saber que lo ocurrido ayer podía tener consecuencias graves en los intentos por contener la pandemia.

“Es una hipótesis fáctica que recién dentro de dos semanas tendrá respuesta”, dijo, palabras menos, además de recordar que los jubilados tienen la costumbre de ir a retirar dinero en efectivo y que “prefieren ser atendidos por cajeros de carne y hueso y no por uno automático.

También el titular del BCRA aseveró que “los bancos están abiertos” porque en ellos se puede operar electrónicamente.

En términos políticos y personales, para Alberto F. fueron duras las imágenes que se vieron en los bancos, en especial los del Conurbano. Por un lado, Pesce es su amigo desde hace años; mientras que Vanoli es un funcionario cuyo nombramiento le sugirió la vicepresidenta Cristina Kirchner.

CALLE VS. ESCRITORIO

“Demasiado escritorio y poca calle”, fue la frase que se impuso en los despachos oficiales para referirse a Pesce y Vanoli, porque no parecen haber tenido en cuenta la realidad social de los jubilados y los beneficiarios de planes sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH).

Un capítulo aparte del enojo oficial estuvo dirigido al bancario Palazzo, el principal ariete del kirchnerismo en la interna de los grandes sindicatos.

Precisamente por sus contactos políticos, el secretario general de La Bancaria consiguió que la actividad no fuera declarada “esencial”.

En el decreto del 19 de marzo, que impuso el aislamiento social preventivo y obligatorio, Alberto F. dejó a los bancos afuera de los rubros exceptuados de la cuarentena. Y recién los incluyó el lunes pasado para que abrieran ayer. Así, los bancarios permanecieron en sus casas dos semanas.

Esa situación atentó contra los propios planes del Gobierno. Por caso, las pymes a las que fueron dirigidos los créditos con facilidades anunciados por el ministro de la Producción, Matías Kulfas, nunca tuvieron abierta una ventanilla bancaria que les permitiera algún alivio financiero.

“Los bancos tienen que actuar con más celeridad”, advirtió anoche Kulfas tras una reunión de Alberto F. con la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA), que siguió a otra con la conducción de la CGT, en Olivos. El diagnóstico sobre la parálisis del sector productivo también preocupó al Presidente.

Por eso el Gobierno va madurando la idea de flexibilizar la cuarentena. El próximo martes habrá una reunión amplia con empresarios y sindicatos, junto con el Ministerio de Salud, en la que se evaluarán medidas para que millones de argentinos vuelvan a trabajar sin correr riesgo de infectarse con el virus Covid-19.

La cartera sanitaria mantiene una postura dura, mientras que el ala económica del Gobierno ya reclama el fin de la cuarentena. Lo que pasó ayer, calificado por un funcionario como “una desgracia”, podría ser una señal de que al Presidente le va a costar, cada vez más, mantener las restricciones sin que haya desbordes sociales.

 

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