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La Ciudad |La puesta en valor de un patrimonio artístico por parte de un escultor platense en el barrio El Carmen
Rescatan joyas escultóricas del siglo XIX que lucieron en la estancia Pereyra Iraola

Cuando fue una de las familias más poderosas del país tuvo un parque de estilo francés con piezas de gran valor: casi se pierden

Rescatan joyas escultóricas del siglo XIX que lucieron en la estancia Pereyra Iraola

Pavo Real con PIchón, de autor anónimo. El original está en Holanda/web

Carlos Altavista

Por: Carlos Altavista
caltavista@eldia.com

10 de Mayo de 2020 | 02:26
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Los vecinos del barrio cerrado El Carmen, otrora parte de la imponente estancia de los Pereyra Iraola, una de las familias más poderosas del país desde mediados del siglo XIX, se encontraron con varias piezas escultóricas que, pese a su avanzado estado de deterioro, a simple vista no dejaban lugar a dudas sobre su inmenso valor. Fue así que a principios de 2018 convocaron al escultor e investigador Juan Carlos Manchiola, quien optó por el camino de la restauración frente al de la conservación. Hoy lucen como nuevas. O, dicho de otro modo, como entre 1893 y 1896, cuando Leonardo Higinio Pereyra Iraola las hizo traer de Europa.

Es que las dos esculturas de El León y la Serpiente (del escultor neoclásico francés Antoine-Louis Barye); la escultura fuente-Pavo Real Blanco con Pichón, de autor anónimo pero cuyo original se halla en Kasteel Staverden, Ermelo, Holanda (castillo de Staverden, municipio de Ermelo), y una de las dos Urnas que tienen grabada la imagen de El Rapto de Proserpina (obra emblemática de 1621-1622, pleno Barroco), son largamente centenarias: fueron instaladas hace 124 a 127 años atrás, según comprobó Manchiola durante un exhaustivo estudio de las piezas. Literalmente, lograron ser rescatadas de la perdición, merced al espíritu patrimonialista de vecinos de El Carmen y a la “escuela restauradora” del artista e investigador, egresado de la UNLP y con un posgrado en la UBA.

“De un modo muy sencillo, podemos decir que hay dos axiomas: conservar y restaurar. El primero propone la conservación de lo antiguo tal como está, lo cual termina en su desaparición. El segundo implica recuperar y poner en valor las piezas escultóricas, edificios, monumentos que conforman el patrimonio cultural y paisajístico. Eso hice en El Carmen”, contó Manchiola a este diario, para definir: “el patrimonio no existe por sí mismo. Determinadas cosas se convierten en patrimonio sólo cuando un grupo de personas les da real importancia, las reconoce como tal, se apropia culturalmente de ellas. En suma, les da valor cultural y social, significado”.

El origen

“Durante muchos años, esas piezas estuvieron abandonadas e inclusive sometidas al saqueo de habitantes del predio”, narró el artista, para considerar que, a su criterio, “no dejar morir el registro es el máximo valor que impulsó el trabajo de restauración y puesta en valor en el barrio El Carmen”.

Ahora bien, pongamos en contexto a estas piezas rescatadas.

El escultor platense recordó que “el 21 de junio de 1850, Doña Juana Rita Pinto de Ximénez, viuda de Don Pedro Capdevilla, y con la venia de su segundo esposo, Don Faustino Ximénez, formalizó con Simón Pereyra ‘el contrato de venta de estos terrenos con todos los demás de tierra alta’”, según reza el texto original. Fue así que se incluyó en esa venta a la estancia San Juan.

Anteriormente llamada Las Conchitas y con una extensión de 13 mil hectáreas, la estancia pasó a denominarse San Juan y, desde 1860, en la cabaña madre de los Hereford de nuestro país (una de las razas de bovinos productores de carne más importantes del mundo).

Las esculturas tenían entre 5 y 7 mm de hongos, bacterias y demás. Un deterioro enorme

 

La familia Pereyra inició su aventura argentina con Leonardo Pereyra de Castro, oriundo de Vigo, actual ciudad de la provincia de Pontevedra, una de las cuatro que integran la Comunidad Autónoma de Galicia (España).

Simón Pereyra contrajo matrimonio con Ciríaca Iraola, tuvieron un solo hijo, Leonardo Higinio, presidente de la Sociedad Rural Argentina entre 1882 y 1884, y encabezó una de las familias más poderosas de la Argentina. Junto con los Anchorena, los Alzaga y otros pocos fueron dueños de unas 100 mil hectáreas en la provincia de Buenos Aires.

Apenas dos años después de comprar la estancia, Simón Pereyra falleció. Y en 1852 heredó todo su hijo único.

“Fue quien inició el proceso de adecuación del establecimiento al nuevo orden de producción en la segunda mitad del siglo XIX”, narró Manchiola.

“Un problema a resolver en ese entonces era el cacique Calfucurá, cuyas luchas por la pertenencia de las tierras habían agravado la situación de los hacendados. En 1870, cerca de Tres Arroyos, una incursión de sus hombres finalizó con muertos, cautivos y el robo de más de 50.000 cabezas de ganado. Entre los damnificados se encontraba Leonardo Pereyra, con 3.200 animales. Es por ello que las estancias poseían resguardos para protegerse del indio. Los grandes enrejados originales que protegen las puertas y ventanas del casco de la estancia San Juan, conservados hasta hoy, fueron colocados como protecciones contra las incursiones indígenas”, detalló.

Las Hermanas

Leonardo Higinio Pereyra Iraola falleció el 12 de marzo de 1899 y, por testamento, repartió sus tierras entre sus dos hijos y sus cuatro hijas.

Leonardo Rafael Pereyra Iraola, el mayor, recibió el casco y el parque iniciado años antes. Martín, la estancia Santa Rosa (al oeste de la anterior). En tanto, las mujeres recibieron terrenos menores que dieron origen a cuatro estancias: La Porteña, Abril, El Carmen y Las Hermanas.

“Las Hermanas, donde en realidad se encontraron las valiosas piezas escultóricas, con el tiempo fue anexada a El Carmen”, hizo saber el artista.

Vale recordar que la estancia San Juan fue expropiada por el primer gobierno de Juan Domingo Perón en 1948, dando origen al Parque Pereyra de dominio público.

“A partir de la década de 1970 comenzaron a adquirirse las primeras parcelas a los descendientes de la familia Pereyra Iraola, que todavía tenían jurisdicción y dominios sobre la parte noroeste de esas tierras. Con los años, los predios se convirtieron en espacios (barrios) privados”, apuntó el escultor, para aseverar que “uno de los valores más apreciados de ese lugar lo constituye el casco de la estancia El Carmen (ver foto de la escultura fuente-Pavo Real con Pichón), una construcción arquitectónica del siglo XIX que sigue los lineamientos estilísticos de San Juan (hoy en el predio de la Escuela de Policía Juan Vucetich), de Santa Rosa, y otras de importante envergadura”, describió.

La fuente no es original. Es decir que Leonardo Pereyra Iraola hizo traer de Europa la escultura (de autor anónimo) del Pavo Real, y luego se le construyó la fuente, dijo Manchiola, quien puso en valor el conjunto que hoy luce como antaño frente a la deteriorada casona de la estancia El Carmen; con agua y luces incluidas.

A los costados de la casona, bajo añosos y enormes árboles, se encontraban (y se hallan hoy restauradas) dos réplicas de El León y la Serpiente, la emblemática obra del francés Antoine-Louis Barye, hoy en el Museo del Louvre, en París, y con réplicas en los más prestigiosos museos del mundo.

Sin papeles

Las piezas que componen el conjunto patrimonial del barrio El Carmen fueron armadas in situ en el siglo XIX, apuntó Manchiola, para añadir que no se cuenta con documentación ni archivo familiar de su adquisición. Pero, según distintas fuentes, en 1852, año de la muerte de su padre, Leonardo Higinio Iraola realizó un viaje cultural a Europa donde se interiorizó de las características paisajísticas de los palacios de Francia y los Países Bajos.

“Es por ello que, en 1861, contrató al paisajista belga Carlos Vereecke, quien desarrolló una extensa labor en los alrededores de distintas propiedades de Buenos Aires y ejecutó trabajos de parquización en los cascos de las estancias”, añadió.

Las esculturas tenían entre 5 y 7 mm de hongos, bacterias y demás. El estado de deterioro era “muy grande”. ¿El casco? “Está muy mal. Habría que pensar en una solución en base a mampostería externa y sostenes internos. Pero ese es otro tema”, remató.

Las piezas fueron armadas in situ en el siglo XIX, entre 124 y 127 años atrás, según los estudios

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Pavo Real con PIchón, de autor anónimo. El original está en Holanda/web

Restaurada, fuera de la fuente/web

Una pieza de “El León y la Serpiente”, como lucía a fines del siglo XIX/web

La movieron para restaurarla/web

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