Dicen que Alberto Fernández está enojado (“molesto”, definen algunos) con Víctor Santamaría, el titular del gremio de los porteros y muy cercano al Presidente. En los corrillos del albertismo se afirma que el sindicalista “trabajó” para torcer voluntades y conseguir votos negativos o abstenciones en la votación por el acuerdo con el FMI. Una posición bien cristinista, bajo la óptica de la Casa Rosada.
SUSCRIBITE a esta promo especial