Representa, sin dudas, uno de los máximos orgullos con los que cuenta La Plata, la ciudad donde nació -el 12 de julio de 1923-, creció y se educó, y donde obtuvo el título universitario que lo lanzó a la búsqueda de una solución quirúrgica para la obstrucción coronaria y que encontró, revolucionando la medicina mundial, con su invención del bypass. Hoy se lo recuerda a René Gerónimo Favaloro, justamente porque cumpliría el centenario de vida, con numerosos homenajes, tal como su enorme figura lo merece.
El plus en este hombre de la ciencia de vanguardia fue su sentido de la humanidad, su generosidad. Eso, inspirado en su manera de entender el mundo. Esa perspectiva altruista, que se manifestó en sobradas muestras de ayuda desinteresada, tuvo como base un hogar donde la austeridad cobró valor de ley.
El gran cardiocirujano argentino, que trascendió, por su obra, los límites no solo de esta ciudad sino del país, nació y se crió, como se dijo, en esta capital Provincial. Hijo de un matrimonio de trabajadores artesanos (Juan Bautista Favaloro, carpintero, e Isa Raffaelli, modista) sintió desde pequeño el llamado del conocimiento, un poco por inquietud personal y otro poco por influencia de su abuela materna, quien le transmitió su amor por la naturaleza. A ella le dedicaría su tesis del doctorado: “A mi abuela Cesárea, que me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca”, se iniciaba el trabajo.
Nacido en el emblemático barrio El Mondongo, hizo la primaria en la Escuela 45. En 1936 comenzó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Rafael Hernández. Estudió Medicina en la Universidad Nacional de La Plata, donde se doctoró con una tesis sobre un tipo de disfunción intestinal.
Desde tercer año de la facultad comenzó con las prácticas en el Hospital San Martín, donde tomó contacto por primera vez con los pacientes. Su temprana pasión por el ejercicio de la medicina hizo que se excediera en lo exigido por el programa académico y volvía por las tardes al centro de salud para controlar la evolución de los enfermos y conversar con ellos.
Favaloro, el médico rural
No bien recibido se mudó a Jacinto Arauz para reemplazar a un profesional local que tenía problemas de salud. Fue entonces, en los comienzos de su trayectoria profesional, el clásico médico rural que no sabía de horarios ni honorarios al momento de atender las emergencias y necesidades sanitarias del lugar.
Aunque se trataba de una vida dura, con pocos recursos de los que suministran las grandes ciudades, días de intenso calor o intenso frío, y caminos de tierra intransitables cuando llovía, Favaloro, se implicó con los habitantes de esa región pampeana.
Al poco tiempo se sumó a la clínica de su hermano, Juan José, médico también. Fue fácil para él integrarse a la comunidad por su carácter afable, su gran capacidad de trabajo y la dedicación a sus pacientes. En Jacinto Arauz, los hermanos Favaloro intercambiaban opiniones sobre los casos más complicados.
Durante los doce años que ambos permanecieron en ese pueblo fundaron un centro asistencial y consiguieron logros sanitarios importantísimos, pues disminuyó hasta casi desaparecer la mortalidad infantil de la zona, se redujo la desnutrición y la cantidad de infecciones en los partos.
Crearon, además, un banco de sangre con donantes que se presentaban cada vez que los necesitaba y realizaron charlas comunitarias en las que enseñaban métodos para prevenir enfermedades.
Al mismo tiempo, René leía y se nutría de bibliografía médica actualizada y empezó así a tener interés en la cirugía torácica. A fines de la década de 1960, en la clínica de , de Ohio, Estados Unidos, comenzó a estudiar una técnica para utilizar la vena safena en la cirugía coronaria.
En 1971, regresó a la Argentina a operar con el esquema de bypass en el sanatorio privado Güemes, de la mano de su amigo el cardiólogo intervencionista Luis de la Fuente. Al poco tiempo, creó su fundación homónima. Ya el mundo entero aplicaba su invención en los centros de salud coronaria.
En lo político, Favaloro fue miembro de la CoNaDep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). Además, condujo programas de televisión dedicados a la medicina y escribió un buen volumen de libros.
Maestro en todo
Favaloro también fue un educador, pero no sólo en la enseñanza de su saber científico y de su técnica reparadora de corazones -formó a incontables cardiocirujanos del país y del mundo-. Fue un maestro en el más amplio sentido de la palabra; un sabio que puso en evidencia los costados menos amables de la especie humana y señaló, a la vez, con su ejemplo de vida, los caminos que se podrían seguir en procura del bien común.
El 29 de julio de 2000, después de escribirle una carta al entonces presidente de la Nación, Fernando de la Rúa, se pegó un certero tiro en el corazón, lo que se leyó en esos días como una amarga ironía. Él, que tantos había sanado.
El plus de este hombre de la ciencia de vanguardia fue su humanidad y su generosidad
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