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MIRADA ECONOMICA

El costo de la corrupción

El costo de la corrupción

El costo de la corrupción

Por MARTIN TETAZ (*)

Twitter: @martintetaz

El funcionario enciende un cigarrillo mientras espera al enviado que, como todos los que vienen de Buenos Aires, acostumbra abusar de la impuntualidad.

La vista al lago artificial, desde la pintoresca glorieta de la Plaza San Martín, ameniza la espera, casi tanto como la certeza de un acuerdo que podría brindar alivio financiero a una provincia de las más endeudadas del país.

Son las 7 de la tarde. Siete también son los millones que el representante de una consultora con nombre de fondo antiguo cobrará por sus “servicios de reingeniería financiera”; un eufemismo para justificar el estrecho vínculo con el Ejecutivo Nacional, que le permitirá “agilizar” el ingreso de su provincia al Programa de Desendeudamiento, gracias al cual refinanciará más de 1.000 millones de pesos en vencimientos de deuda.

Tiempo después, aquel ministro que “arregló los papeles” de la provincia norteña aparecerá salpicado por los negociados que aquella misma consultora haría luego con la adquisición de una mega imprenta para imprimir billetes en nombre de la Casa de la Moneda.

Puede que cualquier semejanza con la realidad sea mera coincidencia, pero lo cierto es que en el último informe de Transparency Internacional, una prestigiosa ONG dedicada al estudio y el combate de la corrupción en el mundo, Argentina se saca un 3 en el boletín que indica la percepción de transparencia de su sector público, nota idéntica a la obtenida por ejemplo por Burkina Faso, ligeramente inferior a la de otros países como Tonga y Zambia y más de 2 puntos por debajo de la obtenida en 1995, cuando la medición se efectuó por primera vez.

OTRAS COMPARACIONES

Para ponerlo en perspectiva mercosureña, Brasil, nuestro principal socio comercial, sacó 3,8 mientras que Paraguay apenas llega a los 2,2 puntos de transparencia, pero Uruguay y Chile ostentan el honor de ubicarse en el selecto grupo de los 25 países más transparentes del mundo, con 7 y 7,2 puntos respectivamente. Venezuela, coincidente con su desprolijo ingreso al bloque, sólo alcanza 1,9 unidades y se ubica en el lugar 172 sobre un total de 182 naciones relevadas.

No se trata de un ranking anecdótico más; la corrupción no sólo es un problema moral porque transfiere ingresos de manera ilegal a personas que venden privilegios o derechos, sino que por sobre todas las cosas es una enfermedad que afecta la productividad de los países y reduce el crecimiento económico, generando mayor pobreza y desigualdad.

CORRUPCION Y CRECIMIENTO

De acuerdo a un trabajo del economista Vito Tanzi, del FMI, cada punto de transparencia está asociado a 0,25% de crecimiento económico. La magnitud puede parecer pequeña, pero si los niveles de corrupción actuales persisten por 20 años, nuestro ingreso per cápita sería un 22% menor que el que disfrutaríamos si tuviéramos los niveles de transparencia de Uruguay o Chile.

Más pernicioso aún es el efecto de la corrupción en la desigualdad. De acuerdo a una investigación de Sanjeev Gupta, de la Simon Fraser University, cada punto que aumenta la transparencia permite bajar el coeficiente de Gini, que es el indicador con el que se mide la desigualdad en la distribución de los ingresos, entre 0,93 y 1,74 puntos porcentuales.

Argentina tiene una triste historia en materia de evolución de la desigualdad en los últimos 38 años, desde que en 1974 el Indec comenzó a hacer la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). En esa primera medición (para Capital y GBA) el índice de desigualdad de GINI (que vale 0 cuando la distribución es perfectamente equitativa y 1 cuando resulta absolutamente desigual) fue de 0,34 indicando que nuestro país era tan equitativo como la mayoría de las naciones europeas.

Década del 90 mediante, la desigualdad trepó hasta 0,50 y con la crisis del 2001-2002 llegó a arañar los 0,53. Desde entonces viene cayendo pero aún a pesar de varios años de “modelo de crecimiento con inclusión” no logra perforar el piso de 0,44.

DESIGUALDAD

Muy probablemente la razón por la que la desigualdad no logra volver a niveles aceptables tiene que ver con la obscena corrupción que corre por las venas de cada obra pública y de cada contratación, como acaba de quedar en evidencia ante la denuncia efectuada por el fiscal Carlos Stornelli, quien descubrió que entre los 110 millones de pesos que costó la remodelación de la fachada del ex edificio de Obras Públicas, más conocido por los hologramas de Evita con que fue decorado el inmueble, se incluían 4 autos cero km, vaya uno a saber para el uso de quien.

Si las estimaciones de Gupta son correctas y nuestro país pudiera recuperar los niveles de transparencia que tenía hace 30 años, acercándose a los guarismos actuales de Uruguay y Chile, el índice de Gini se ubicaría en torno a los 0,37 y Argentina sería nuevamente un ejemplo latinoamericano en materia de igualdad.

En una famoso experimento psicológico, el robo de materiales en una oficina bajó un 50% por el solo hecho de poner en la pared un letrero con el dibujo de dos ojos que simulaban estar mirando.

Es hora de que la Administración Pública aumente de manera sistemática la información que ofrece en internet sobre cada uno de sus actos; ya sean contrataciones, salarios que paga, etc.

Necesitamos que los funcionarios sepan que los estamos observando. Porque como decía el General, “el hombre es bueno, pero cuando se lo controla es mejor”.


(*) El autor es economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) e investigador visitante del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (CEDLAS)

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