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Información General |EL TEMA DE LA SEMANA - 101 MUERTOS EN ACCIDENTES DE TRANSITO, EN APENAS 8 MESES
Después del accidente La otra cara del drama

La muerte de un ser querido genera un enorme impacto emocional en las familias afectadas. La necesidad de contención y la historia de los que logran transformar su dolor en acción

8 de Septiembre de 2013 | 00:00

Sabe que no va a volver, pero todavía lo espera. Es como una especie de ritual el que protagoniza cada mañana Nancy Benitez, cuando se para frente a su casa, muy cerca del tronco donde su hijo Julio Ramón Sosa solía sentarse a fumar al mediodía, cuando salía de uno de sus trabajos y se preparaba para ir al otro. Julio murió el último 8 de agosto. Había salido a bailar y volvía a bordo de la moto de un amigo. No llevaba casco. En la esquina de 22 y 80 hubo una colisión entre la moto y un colectivo de la línea 506, cuenta Nancy. Como consecuencia de ese accidente, Julio murió y el chico que manejaba la moto permanece internado en un hospital. “Ese día empezó mi profunda desesperación”, resume Nancy desde la puerta de su casa de Los Hornos, la misma que pintó su hijo Julio Ramón poco antes de morir, según cuenta ella con un orgullo que la desborda.

El drama de Nancy, una vecina de Los Hornos que es madre de otros cinco hijos, se repite en cada hogar donde un accidente de tránsito fatal marca un antes y un después para la vida de las familias afectadas.

Es un impacto demoledor, con múltiples aristas. La más dura de superar, lo dicen los especialistas, es la emocional. Los duelos por un familiar perdido suelen ser prolongados y sus etapas diversas. Pero a ese golpe se suman otros: el impacto de las secuelas físicas cuando otros familiares quedaron heridos, la obligación de hacer frente a largos procesos legales que obligan a revivir una y otra vez el episodio traumático y aún los costos económicos presentes en algunos casos y vinculados a juicios o a largos tratamientos de rehabilitación (ver aparte).

Por todo eso, la vida después del accidente es una vida profundamente distinta, necesitada de apoyo y contención.

Estas realidads adquieren una nueva dimensión cuando la magnitud del problema crece a los niveles que se registran hoy en nuestra Región.

Durante la última semana el número de accidentes con víctimas fatales alcanzó a los 100 y ayer trepó a los 101, una cifra que es récord en la Región para esta altura del año. La mayor cantidad de accidentes fatales tuvieron como protagonista a jóvenes que viajaban en moto. Jóvenes como Julio Ramón Sosa, el hijo de Nancy Benítez.

El crecimiento de los accidentes se atribuye a entre otros factores, el aumento del parque de motos, que se triplicó en los últimos años en la ciudad sin que fuera acompañado por una adecuación de la infraestructura ni por una concientización de los usuarios de motos sobre la importancia de llevar casco.

Por la entidad Amor y Respecto al Prójimo, que brinda apoyo y contención a familiares de víctimas de accidentes de tránsito y trabaja en la prevención y en educación vial, pasaron desde su creación, hace alrededor de 15 años, cientos de familiares de víctimas.

El presidente de esa entidad, Osvaldo Nessi, destaca lo duro que es el camino que llevó a muchos de ellos, a convertir el dolor en acción: “al principio, lo más común es que los familiares queden paralizados, anulados por la tragedia. Después de eso, es frecuente que estén enojados con la vida y busquen culpables. No todos llegan a la etapa superadora de transformar ese dolor que no se va en algo positivo, que les haga bien a ellos o a la comunidad”, dice Nessi.

RESPUESTAS

Desde la puerta de su casa de Los Hornos, mientras muestra fotos de su hijo Julio Ramón, Nancy Benítez lamenta que no haya una respuesta de la sociedad para quien pierde a un ser querido en accidentes de tránsito: “es un dolor enorme que no podemos superar. Y sentimos que nadie se solidariza, no hay ninguna instancia pensada para contener a la persona que atraviesa una situación así”, dice.

Agrega Nancy que “hubiera querido que alguien de la línea de colectivos que estuvo en el accidente se acercara aunque sólo sea para decir ´lo lamento´ . Pero eso no sucedió. Y para quien vive una situación así, elaborar el duelo es muy difícil, es terrible”.

De su hijo, Julio Ramón, cuenta, además, que era un pilar para la economía de la familia, ya que trabajaba junto a su padre en trabajos de pintura y de plomería.

“Era un chico muy trabajador, le gustaba pintar y también le gustaba el campo, las jineteadas. Había empezado a juntarse con gente que sabía de caballos y quería montar y participar de esas competencias, pero ellos no lo dejaban hasta que supiera más. Lo cuidaban para que no se lastimase”.

Las motos y los cascos no eran un tema de conversación común en la familia, sencillamente, porque Julio no tenía moto, ni éstas le interesaban especialmente. “Era un chico que hasta me pedía permiso para salir a bailar. Se subió esa moto de casualidad. Cuando murió el resto de la familia habíamos ido a pasar el día a Chascomús. Llegamos y notamos que no había vuelto. Lo encontramos en la morgue. Pero desde entonces nadie se acercó a explicarnos cómo ocurrió el accidente”.

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