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El arte de sobrevivir

El filme final de Andrzej Wajda, un gran homenaje a su cine, se presentó en el Festival de Mar del Plata

Por: Por NICOLÁS ISASI

26 de Noviembre de 2016 | 02:34

El fotograma del catálogo nos invita al descubrimiento. Un grupo de personas en una pradera, observa a un pintor frente a su atril. El título de la película nos propone un enigma: ¿qué habrá después de esa imagen? Una historia, una verdad, un pensamiento, una idea, una vida.

Programada como una de las primeras proyecciones del festival, la función comenzó a horario y pasados unos minutos, presentó un problema con el subtitulado. Ante la presión del público que aplaudía y gritaba reclamando el subtitulado, el staff del festival tuvo que recomenzarla, siendo que el filme está hablado en polaco y era prácticamente inentendible por la mayoría de los presentes. “Afterimage” es una biopic (película biográfica) sobre el pintor vanguardista Wladyslaw Strzeminski, que herido como soldado en la 1GM, pierde un brazo y una pierna, pero dedica todo su tiempo y su vida a las artes visuales. La interpretación de Boguslaw Linda es contundente y posee un trabajo de gran preparación actoral. A pesar que Linda tiene todas sus extremidades sanas, los increíbles efectos visuales de la película logran un trabajo digno que lo hace parecer casi real. Enmarcada en la sección de Panorama de Autores, la obra dirigida por el nonagenario y reconocido Andrzej Wajda, narra la intensa vida de este personaje lleno de convicciones que a pesar de las complicaciones termina siendo un ejemplo de amor y dedicación al arte.

La historia comienza con Strzeminski de vuelta a la vida civil, donde su estilo de paisajes coloridos con líneas onduladas como si fueran manchas o islas abstractas, ya lo ha convertido en un célebre pintor y maestro del arte moderno, a la par de Malevich o Kandinsky. Su carácter valiente y una personalidad arrolladora, hace que decenas de estudiantes lo sigan a cada paso, tanto en sus clases como en las prácticas en el medio de la montaña. El verdadero problema surge a partir de la segunda mitad del siglo XX, donde su obra y su vida depende del partido comunista stalinista que Strzeminski no comparte, siendo sometido a una oscura y violenta censura que acabará con su carrera. Wajda deja en claro su potencial narrativo junto a una bellísima fotografía de Pawel Edelman (nominado al Oscar por su anterior trabajo en “El Pianista”) que le da vida a una película sobre pintura, paradójicamente con una estética increíble llena de grises. La música de Panufnik (1914-1991) agrega otra vía de análisis a la película, tratándose de un compositor que compartió ese duro camino al igual que Strzeminski, llegando a cambiar a tiempo su rumbo hacia el Reino Unido.

La escena final junto a los maniquíes, sin hacer ninguna revelación, posee un simbolismo y una poética admirable que revela por qué Wajda fue un director que cambió la historia del cine polaco. Por último, y no menos importante, es que la presentación de esta película se trata de un trabajo póstumo, ya que el reconocido director falleció a los 90 años el 9 de octubre pasado. Una triste realidad, un enigma resuelto, un merecido homenaje.

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