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Cuatro personajes en busca de un autor

Osmar Núñez y Luis Machín, en una escena de "Jugadores"

Por Redacción

Por

Irene Bianchi

“Jugadores”, de Pau Miró, adaptada por Ignacio Gómez. Elenco: Daniel Fanego, Luis Machín, Omar Núñez, Jorge Suárez. Diseño de escenografía e iluminación: Luciano Stecchina. Diseño de vestuario: Valeria Cook. Música original y banda sonora: Silvina Aspiazu. Productor general: Sebastián Blutrach. Dirección: Nelson Valente. Teatro Municipal Coliseo Podestá.

Un cuarteto de actores como el que conforman Daniel Fanego, Luis Machín, Omar Núñez y Jorge Suárez, es un imán en si mismo, dada la excelencia y experiencia de los mismos. Los cuatro son intérpretes todo terreno, versátiles, dueños de un oficio indiscutible, muy queridos y apreciados por el público. Pero, lamentablemente, eso no alcanza para que el producto que ofrecen en “Jugadores” resulte atractivo ni satisfactorio.

La pieza de Pau Miró amaga a arrancar, más no lo logra. Recién cerca del final, cuando este manojo de “losers” se embarca en una loca aventura, uno siente que la acción está por empezar. Pero no. Ahí se queda, sin generar la adrenalina que tanto los personajes como los espectadores ansían.

La trama es sencilla. Estos amigos, ex compañeros de timba, luego de no verse durante años, se reúnen en casa del “Profesor” (Fanego) para brindarle apoyo moral y ayudarlo a salir de un brete judicial en el que está envuelto. En rigor, el anfitrión parece más deprimido por la muerte de su padre que por el terrible hecho de violencia que protagonizó durante una clase, episodio éste que lo puede llevar a la cárcel.

¿Quiénes son los otros tres? Un sepulturero (Machín), enamorado de una prostituta ucraniana; un peluquero (Suárez) desempleado y ostensiblemente engañado por su esposa, y un actor (Núñez), que se lo pasa de audición en audición, sin que ningún productor lo contrate, y que se entretiene jugando al ladrón de supermercado. El denominador común entre ellos es la frustración, la insatisfacción, la falta de horizontes, el estancamiento.

A estos actores les sobran recursos para sacarle jugo a sus respectivos personajes. No es ése el aspecto débil de “Jugadores”. Por el contrario: si bien rozan el estereotipo, sus composiciones logran por momentos divertir a la platea, conocedora de su ductilidad. Pero ni la obra ni su puesta atrapan. Nelson Valente, director del éxito arrasador “El loco y la camisa”, apela aquí a un recurso un tanto demodé, que cansa y desconecta: el apagón entre escena y escena, una y otra vez. Agotador.

La sensación final con la que uno se va del teatro es que se ha desperdiciado el talento de cuatro actores de la ostia, en una propuesta que no está a su altura.

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