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Powerchair en Gimnasia: los sueños detrás de una pelota

Powerchair en Gimnasia: los sueños detrás de una pelota

Los chicos del Powechair de Gimnasia antes de entrenar / Alex Meckert

20 de Noviembre de 2017 | 05:18
Edición impresa

Por NICOLAS LAMBERTI
INFORME

“Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol”, dice el escritor Eduardo Sacheri en su libro “Esperándolo a Tito”, y quizás no se equivoque.

Y si no habría que preguntarle a los chicos que practican Powerchair (Fútbol en silla de ruedas con motor) qué es lo que piensan al respecto. A los “Lobos Motorizados” como suelen llamarles, la vida les puso una prueba enfrente y supieron sortearla con creces para cumplir su sueño de jugar a la pelota.

Mucho tiene que ver Gimnasia con esta causa de inclusión social. El Lobo, junto a Rosario Central, son los únicos clubes de Primera División que al momento contribuyen con esto “esencial” de la vida, que hace felices a chicos y chicas para llevar al olvido el exitismo y la vorágine que emana el mundillo del profesionalismo.

Andrés Scabuzzo, Secretario de Deportes del club, contó cuándo y cómo comenzó esta actividad que dibuja día a día tantas sonrisas: “En diciembre de 2015, a través de tres socios, que son Gerardo Burgos, Silvia García y Eugenia Videla, nos acercan esta idea de empezar a desarrollar el deporte en Gimnasia. Entendimos que Gimnasia tenía que empezar a abrir más la cabeza y comenzar a trabajar con deportes adaptados, que es un proyecto que va a avanzando cada vez más en el club”.

El escenario, donde todos los sábados a partir de las 10 de la mañana comienzan a tejerse nuevas historias, es el Polideportivo de UPCN, ya que por una cuestión de espacio físico, la actividad no puede desarrollarse en calle 4.

“Por una cuestión de lugar, estamos a full, ocupando en un 110 por ciento las instalaciones, no tenemos espacio. Y gracias a este convenio que pudimos hacer con UPCN, que nos da una mano grande, podemos hacer que Gimnasia salga también más allá de calle 4. No nos quedamos quietos por no tener espacio. Cada vez hay más sedes y la idea es ir creciendo cada vez más”, explicó al respecto.

GENERO, EDAD Y CLASE, SIN DISTINCIÓN

El Powerchair no deja afuera a nadie, no discrimina género, ni edad ni clase. Incluye en todos los aspectos y, el Lobo, no se despega ni un centímetro de ello. “Gimnasia este caso no cobra una cuota por actividad como en cualquier otro deporte, solamente pide que el chico sea socio y en muchos casos se ayuda a que pase eso. Si el chico no puede afrontar la cuota, no se va a quedar afuera”.

Uno de los abanderados de este exitoso proyecto digno de imitar por otros clubes, es el mencionado Gerardo Burgos, quien trasladándose en su silla se sumó a la charla en los jardines del predio para subrayar lo expuesto por el Secretario mens sana, al afirmar que el rol que cumple la entidad contribuye directamente a la equidad de oportunidades.

“Tenemos el total respaldo de Gimnasia, que también nos ayuda con el transporte, porque hay dos combis que pasan a buscar a los chicos, ya que hay muchas familias de escasos recursos. Eso hace que el Power hoy esté creciendo. Es una forma de equiparar las oportunidades de todos los chicos”.

LA CONTRIBUCIÓN DE PEDRO TROGLIO

A la hora de hacer un poquito de historia, Gerardo rememoró cómo comenzó a gestarse el proyecto y, con una sonrisa cómplice con algún recuerdo, nombró a Pedro Troglio.

“Uno de los primeros jugadores con los que empezamos a gestar esto es Federico Videla, quien es fanático del Lobo, conocía a Pedro y Pedro fue uno de los primeros que se interesó en este deporte y que nos abrió el paso a la Comisión y a iniciar esto en Gimnasia”, sostuvo.

Una silla de competencia dentro de este juego, en el que se enfrentan dos equipos de 4 jugadores cada uno, cuesta no menos de 10. mil dólares, aunque claramente, no esto no es un impedimento para llevarlo a cabo.

Porque el club, mediante un convenio con la Universidad a través del programa Unitec, se encarga de recuperar, recolectar, reparar y adaptar sillas para que los chicos puedan jugar. Por supuesto que a la hora de competir con aquellos que se trasladan en una silla profesional, surgen ciertas desventajas. Hoy, esto no es lo más importante.

Si bien la idea es que los protagonistas también puedan sentir el “vértigo” de la competencia, Gerardo deja en claro que nunca se pierde el foco.

“Los dos objetivos son armar un equipo que juegue competitivamente y otro que sea para realizar actividades recreativas para los chicos. No queremos perder esta instancia de jugar para divertirse, y por eso juntamos a las dos”.

EL GRAN BRIAN

“Las historias son muy emocionantes, los chicos disfrutan mucho, no faltan a los entrenamientos, es una realidad que nos gratifica. Ellos eligen hacer este deporte. Y son chicos que por su discapacidad tienen toda la semana ocupada, porque van a la escuela, algunos trabajan y además tienen las terapias para mantener su salud. Y a pesar de ello, este es el momento que ellos eligen para practicar su deporte”, destaca Burgos.

Y Scabuzzo también aporta lo suyo contando una pequeña historia que tiene como protagonista a Brian. “Brian es un chico que se moviliza solo, hace todo solo, no tiene a nadie. Y un día, al querer entrar a una heladería (una cadena céntrica reconocida en La Ciudad), se encontró con que no tenía rampa. Hizo llamar al dueño, el dueño rápidamente lo escuchó, hizo construir la rampa y hoy esa heladería es uno de los principales sponsor que tenemos para esta disciplina”.

Brian, quien daba vueltas por ahí también se acercó a la conversación y sintió la necesidad de remarcar que este deporte cambió sus hábitos de vida: “yo no sabía manejar la silla. Aprendí a usarla acá y los ejercicios que yo hago entrenando, me sirven para la vida cotidiana”

Siendo las 10.30, los protagonistas , bajo el mando de la entrenadora Romina Risueño, se agrupan en la cancha. Se los ve plenos y sonríen. Se agazapan listos para jugar. Suena el silbato y la pelota comienza a rodar. Un puñado de sueños la persigue.

 

¿Cómo se juega?

Powerchair Football es un deporte en equipo para las personas con discapacidad que utilizan sillas de ruedas eléctricas y que en nuestro país es nucleado por la Fundación Powerchair Football Argentina. Se juega en un gimnasio o en una cancha de basquet estándar. Dos equipos de cuatro jugadores cada uno usan su silla equipada con protecciones metálicas para atacar, defender, y golpear una de pelota de fútbol de 330 mm de diámetro, intentando marcar goles.

 
FÚTBOL ADAPTADO

El Powerchair sirvió como motor para impulsar otra nueva actividad en el mundo Gimnasia: el fútbol adaptado.

Scabuzzo explicó de qué se trata esta novedad que incorporó el Lobo hace un mes y que forma parte de esta maratón inclusiva que se está gestando.

“Lo acercó este equipo de Powerchair, pero fundamentalmente Renato Morgante y Coco Martín Arias, hermano de Alexis. Trabajamos con chicos con Síndrome de Down. En el Bosque cuando no llueve y si no en el Poli. Hay fútbol, actividades plásticas y actividades corporales. Estamos empezando, tenemos chicos desde 5 hasta 29 años. Hoy no buscamos competencia, sino comenzar a integrar. Queremos que Gimnasia sea un club para todos”.

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