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Prepararse para el verano

Celulitis: conocer al enemigo para ganar la batalla

Esta alteración del tejido graso del cuerpo es lo que más fastidia a las mujeres porque su eliminación total es casi imposible. Consejos para prevenirla y combatirla de forma adecuada

Celulitis: conocer al enemigo para ganar la batalla

Celulitis y piel de naranja no son lo mismo. Pero además hay varios tipos de celulitis y cada una tiene su tratamiento especializado

Brazos, muslos, glúteos, abdomen y rodillas son las zonas en donde más se acumula la celulitis, ese mal que afecta al 98% de las mujeres occidentales, por delgadas que estén y contra la que lucha la cosmética, la aparatología, la medicina estética y la cirugía plástica desde hace unas cindo décadas.

La alteración del adipocito, célula que reside en la hipodermis –la capa más profunda de la piel- es la responsable de que se manifieste un problema que no es una enfermedad en sí, pero que fastidia a la mayoría de las mujeres que la padecen.

Los milagros para eliminarla, no existen. Sólo la liposucción –aspirar la grasa en quirófano- la elimina por completo en aquella zona en la que se practica, pero tampoco es recomendable para cualquier parte del cuerpo ni para todas las mujeres.

Saber por qué se origina y cómo darle batalla sin frustraciones, es la mejor manera de evitar que empeore.

Parecidas, pero no iguales

A pesar de que los términos celulitis y “piel de naranja” se usan indistintamente, no son lo mismo. Los especialistas explican que la “celulitis en medicina significa inflamación –generalmente asociada a una infección- del tejido celular subcutáneo, como ocurre por ejemplo con la palpebritis (inflamación de la grasa del párpado), de presentación aguada y que debe tratarse con un antibiótico que controle y elimine el microorganismo causante del problema”.

Sin embargo, popularmente la acepción de celulitis o piel de naranja es en realidad lo que se conoce en términos estrictamente médicos como paniculopatía dermoestética o atrofia del tejido graso por factores muy variados: hormonales, genéticos y hábitos de vida.

Pero además de esta gran diferencia, hay una más. No todas las celulitis son iguales.

Según la textura del tejido pueden ser blandas (generalmente asociadas a flacidez) o duras; según el estadio en el que se encuentre, incipiente (no se aprecia a simple vista), moderada o avanzada (según se aprecien más o menos los hoyuelos). Además, si duele al tacto, se dice que está encharcada o es edematosa.

Indudablemente, lo mejor es prevenir su aparición con hábitos de vida saludable. Así y todo, es probable que en algún momento de la vida se genere.

La predisposición femenina a padecer celulitis a lo largo de la vida es altísima (roza el 98%). Prevenir su aparición es una cuestión de mantener unos hábitos saludables y constantes siempre. La alimentación, el ejercicio continuo, la cosmetología local usada a diario y un tratamiento de choque en el instituto una vez al año son la mejor receta para mantener los nódulos grasos a raya sin tener que recurrir a soluciones más drásticas.

Para saber qué tipo de celulitis se tiene y cuál es el tratamiento más adecuado, lo ideal es ponerse en manos de un médico o esteticista avezado, que debe realizar un diagnóstico completo que incluya pruebas termográficas, de imagen (ecografía o resonancia), e historia clínica, valoración hormonal y nutricional completos. Los especialistas indican que se debe explorar al paciente tanto de pie como sentado para valorar cómo pisa, si hay asimetrías en los miembros afectados (algo muy común); además hay que explorar los pulsos distales para chequear los problemas venosos, observar la coloración cutánea, la textura, etc. Con todo ello, se elabora una ficha personalizada y se marcan las pautas del tratamiento a posteriori: aparatología, masajes, mesoterapia, número de sesiones, etc. Los milagros, esos que nos venden como “eliminamos la celulitis en 10 sesiones” no existen.

La celulitis más difícil de erradicar es aquella que está más avanzada y además presenta problemas colaterales asociados como la flacidez o el encharcamiento. También es muy rebelde la que los especialistas denominan fibroquística, en la que los nódulos grasos se “enquistan” en las fibras musculares y son más difíciles de eliminar con aparatología, deporte o dieta.

La clave del éxito frente a esta situación es realizar un tratamiento personalizado. Todos los expertos coinciden en que las causas que producen la celulitis son muy variadas y su forma de manifestarse también; razón por la que entre el abanico de posibilidades que existen hay que escoger la que en cada momento es más adecuada al paciente. No se trata de trabajar con el último aparato que se ha puesto de moda, sino con aquellas tecnologías que mejor se vayan adaptando a la evolución de la celulitis en cada momento del tratamiento.

Claro que una vez iniciado el tratamiento, hay que tener constancia. Ese es el punto fundamental por el cual muchas veces no se llega a los resultados esperados.

“Celulitis en medicina significa inflamación –generalmente asociada a una infección- del tejido celular subcutáneo”

 

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