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ALOCADO DICIEMBRE

Cómo sobrevivir al estrés de fin de año

Reuniones y encuentros, agasajos, brindis, compras de regalos y la organización de dónde y con quién pasar las Fiestas ponen a muchos bajo presión, haciendo que los últimos días de 2018 sean agotadores

vivirbien@eldia.com

La decoración de las fiestas de fin de año se adueñó de todo: comercios, supermercados, bancos y hasta edificios públicos. Es más, en algunos sitios hasta se puede escuchar de fondo la clásica melodía navideña.

Pero esa situación, que a muchos les genera alegría, produce lo contrario en otros. Hastío por el comercio, reuniones familiares programadas y el estrés asociado a fines de año. ¿Cómo se hace para sobrevivir al mal humor prenavideño?

Los especialistas afirman que depende de uno cuánto se dejará afectar por el tema.

Para eso es necesario determinar qué importancia tienen las fiestas de fin de año para cada uno y ser libres de tomar decisiones.

Es sabido que en diciembre se hacen varias despedidas de año antes del 31. La cena con los del trabajo, almuerzo con las chicas del gimnasio, salida con los amigos, brindis con los de inglés y así la lista puede seguir eternamente.

También están los actos de fin de curso de los chicos, los compromisos laborales que deben cerrarse antes de las vacaciones y los preparativos para compartir Navidad y Fin de Año.

Demasiadas cosas que no entran en la agenda. Organizarse, saber decir que no y establecer prioridades, es clave.

Organizarse, saber decir que no y poner prioridades, es clave para esta época del año

 

Pero también vale la pena analizar si uno hace las cosas por tradición u obligación.

Si hay placer al armar el arbolito, se hace. Si no se tienen ganas, no hay por qué obligarse a seguir la tradición.

El malhumor de esta época suele surgir del ideal de querer celebrar la fiesta armónicamente en familia. Y en estos casos se puede perder de vista rápidamente lo que a uno le haría bien. Para eso es importante no atenerse a rajatabla a obligaciones y convenciones.

El miedo a desilusionar a otros y los propios miedos se pueden manejar sometiéndolos a un análisis real: ¿realmente se quedará uno sin herencia si no va a la cena de Navidad o Fin de Año? ¿Puede ser acaso que los padres prefieran que uno no vaya y les ahorre la mala cara en la cena?

Quien llegue a la conclusión de que preferiría pasar alguna de las celebraciones solo o con amigos debería hablarlo abiertamente con su familia.

Lo ideal es que en el círculo familiar cada uno pueda decir lo que desea, lo que le es importante y lo que no está dispuesto a tolerar.

Si se sabe a ciencia cierta que la noche familiar probablemente terminará en conflicto, hay que pensar un plan B como para poder irse a tiempo sin armar mucha alharaca.

Una forma de asegurarse una noche más o menos pacífica puede ser tener en claro de dónde sale la idea de festejar cada fecha con la familia. Si se lo toma como uno de los pocos momentos en que se logran reunir todos alrededor de una mesa, quizá se la vea con mejores ojos.

 

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