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El nuevo lenguaje que surge al ritmo de los cambios sociales

En tiempos de #NiUnaMenos, las palabras que se sumaron al diccionario feminista

Machirulo, sororidad y hasta cisgénero son algunas de las que ganan terreno en medio de la lucha por la igualdad de las mujeres

En tiempos de #NiUnaMenos, las palabras que se sumaron al diccionario feminista

El lenguaje se va modificando con el paso del tiempo por el uso que del mismo hace la sociedad. Del mismo modo que algunas palabras pierden fuerza y vigencia para ir quedando, poco a poco, desterradas, van surgiendo otras que irrumpen y se utilizan casi a diario porque las internalizamos. Tal es el caso de aquellas que nacieron en los movimientos de mujeres, lesbianas, travestis y trans, las cuales hoy circulan en los medios naturalizadas y se agregan a un nuevo diccionario en construcción, acorde a los tiempos de #NiUnaMenos. Sororidad, machirulo, cisgénero, transgénero, nosotres, las “x”, son algunos ejemplos de estas palabras y adaptaciones que llegaron para quedarse.

Florencia Abbate, doctora en Letras e investigadora de Conicet, apuntó sobre el tema que “Ludwig Wittgenstein (filósofo y lingüista) dijo alguna vez ‘los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje’. La frase radical es reveladora de cómo nuestra representación del mundo se encuentra condicionada por límites que pone el lenguaje”.

las “nuevas” palabras

Proveniente del latín “soror” (hermana), sororidad fue uno de los términos recuperados por los medios después del 8M y explicados como “solidaridad entre mujeres”, aunque la feminista Marcela Lagarde, quien acuñó el término en Latinoamérica, reivindica esta palabra como “una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y una alianza existencial y política”.

Para Abbate “otro tipo de palabras como ‘transgénero’ o ‘cisgénero’ nos ayudan a poder reconocer la diversidad y a desnaturalizar la relación cultural que históricamente se estableció entre genitalidad y género. Como decíamos antes, cuando ponemos nombre a las cosas es cuando podemos representarlas”.

De aquellas expresiones del feminismo popular local, Abbate expresó su simpatía por “machirulo”, deformación de “macho”, “una idea bien arraigada en nuestra idiosincrasia, el ‘macho argentino’. Me parece un modo de deconstruir el supuesto valor de ser macho, a través del humor, que es una característica cultural muy nuestra”. También definió que “las leyes gramaticales imponen formas que pueden tender a invisibilizar existencias materiales; por ejemplo usar el universal “todos” para nombrar a hombres y mujeres, de algún modo invisibiliza la presencia de lo femenino, de ahí que en los últimos tiempos se hayan buscado fórmulas para visibilizarla”.

La escritora, que integró la primera comisión que preparó la marcha de NiUnaMenos de junio de 2015, recordó cómo aquel grupo de mujeres intentaron llegar a los medios masivos con conceptos que hasta entonces sólo acuñaban las comunicadoras con perspectiva de género. “Nosotras hacíamos hincapié en utilizar el término femicidios en lugar de crimen pasional, que nos parecía una aberración, o utilizar violencia machista en lugar de violencia de género, para ser más específicas”, añadió. Y continuó: “Cuando decimos femicidio hablamos de un tipo específico de homicidio que es consecuencia de una violencia machista; si decimos crimen pasional, estamos presuponiendo que el amor y la pasión son las causas del asesinato”.

“También desde el ideario feminista y LGBTI se forzó la gramática utilizando fórmulas que aún no son aceptadas por la Real Academia Española (RAE) pero que tienen una intencionalidad política, como “todes” o usar la “x” que ni siquiera es posible pronunciarla en el habla”, dijo Abbate.

“No puede ser impuesto”

Por su parte, el Licenciado en Ciencias de la Comunicación y docente de la UBA, Daniel Lutzky, coincidió en que “muchas de las palabras que fueron parte del vocabulario histórico del movimiento feminista hoy han trascendido a la sociedad” y dijo que “este proceso será inevitable, aunque no puede ser impuesto”. “La lucha feminista es la más importante de esta época y va a producir una transformación profunda de toda la civilización”, dijo Lutzky, pero advirtió que si desde este movimiento se hace “un proceso igualador en el sentido de homogeneizar se pueden perder elementos propios de lo femenino fundamentales para la transformación social que se impulsa”.

Lutzky expresó que “la lucha por el lenguaje tiene sentido como crítica a los aspectos patriarcales y machistas, pero será un proceso largo”. “No serviría que desde el feminismo bajaran e intentaran imponer un ‘diccionario’ políticamente correcto si no está acompañado de una transformación cultural; ahora bien, por supuesto que el lenguaje contribuye a esa transformación”, añadió.

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