Estimado lector, muchas gracias por su interés en nuestras notas. Hemos incorporado el registro con el objetivo de mejorar la información que le brindamos de acuerdo a sus intereses. Para más información haga clic aquí

Enviar Sugerencia
Conectarse a través de Whatsapp
EDITORIAL

Con algo de sensatez podrían evitarse varias penurias burocráticas

Pasan los años, se suceden las distintas administraciones y sigue sin encontrarse salida para los nudos laberínticos en que vienen a dar muchos de los trámites que deben realizarse ante la administración pública o empresas de servicios, sea para obtener algún turno en los hospitales, para cobrar salarios o jubilaciones o para pagar obligaciones tributarias, facturas o tasas, entre otras alternativas.

Tal realidad es la que viven en estas jornadas miles de familias de la Región, que intentan realizar el engorroso y caótico trámite de acceder al boleto estudiantil. Lo cierto es que en distintas terminales de micros, centenares de personas aguardan desde la madrugada para acceder al beneficio. Muchas de ellas, ante la virtual imposibilidad de concretar esa operación, se dirigen a la central Sube de plaza Italia, lugar en el que se forman filas de hasta 200 metros de extensión.

Según se explicó el problema principal reside en que en las terminales no aparece el nombre de los alumnos en el sistema, de modo que sobre la sede central converge una enorme masa de gente originándose largas colas. Sea como sea, no deja de sorprender la gran cantidad de personas perjudicada por un trámite que debiera ser sencillo y que le debiera permitir a los alumnos de los niveles inicial, primario y secundario acceder con toda facilidad al boleto estudiantil gratuito con la tarjeta.

Se confirma de este modo la paradoja administrativa de que, mientras que ahora se dispone de la herramienta digital, el trámite sigue anclado a todo tipo de trastornos. Se sabe, por dar otros ejemplos, que hay en la Ciudad varios organismos que sugieren “sacar turnos por internet”, pero allí se le suelen plantear dos realidades diversas al contribuyente: o la página de internet está saturada y no hay forma de conseguir ese turno; o cuando se va al lugar un empleado les advierte que en la repartición se atiende sólo treinta personas por mañana, “que son las que vienen más temprano y sacan numerito”. El contribuyente queda a mitad de camino, en el limbo entre internet y el numerito.

Son clásicos, en estos casos, los múltiples inconvenientes que le plantea a las personas concretar la llamada verificación policial de vehículos y también la denominada verificación técnica de vehículos, con cantidades diarias de postulantes que exceden con largueza las posibilidades de atención por parte de esas plantas. En ambos casos, en lugar de descentralizar y facilitar ambas operaciones, existe un embudo centralizado que, en ocasiones, se traduce en filas de varias cuadras de automotores esperando un turno.

Lo que se espera es que desde el propio Estado –donde no faltan organismos de contralor ni de defensa de la ciudadanía- se intervenga de manera efectiva, verificándose que se cumpla con una normal atención al público y, fundamentalmente, buscando que se apliquen medidas eficaces contra los excesos de la burocracia estatal o privada.

Medidas que parecen depender más de la sensatez de quienes deben atender al público que de planificaciones complejas.

 

Debe iniciar sesión para continuar

cargando...