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Un barrio al rojo vivo

Harta de los robos, una odontóloga decidió mudar su consultorio de El Mondongo

En agosto pasado la asaltaron dos veces. Y ayer vio que dos ladrones querían llevarse la moto de un paciente. Los corrió a gritos

Harta de los robos, una odontóloga decidió mudar su consultorio de El Mondongo

La vereda del consultorio odontológico de 118 entre 64 y 65. Ahí estaba la moto del paciente / César Santoro

Nada hacía imaginar que a las dos de la tarde de un viernes de enero, la rutina de un consultorio odontológico del barrio El Mondongo iba a verse alterada de manera drástica. Mucho menos, que eso ocurriera por un episodio de inseguridad en la puerta de ese centro de atención que funciona en 118 entre 64 y 65.

La decidida y valiente intervención de una dentista, que mientras atendía a una persona observó a dos sospechosos merodeando en torno a la moto de otro paciente, fue determinante para que no pudieran cometer el ilícito.

Según ella mismo contó por la tarde a este diario, lo primero que vio fue a un “tipo de unos 35 años que observaba bastante la moto que mi paciente había dejado en la vereda”, pero lo que terminó de fundar sus sospechas fue la aparición, unos minutos después, de un joven de entre 22 y 23 años, con gorrita, decidido a robarla.

Víctima repetida de la inseguridad en carne propia, la escena indignó a la profesional, quien no dudó en interrumpir por unos segundos la atención al otro paciente para salir rápido a la calle. Es que el año pasado a esta odontóloga que pidió mantener su identidad en reserva la asaltaron dos veces en su consultorio.

Ya en la vereda la mujer comenzó a gritar fuerte, lo que empujó a otros vecinos a la calle para saber qué estaba pasando.

Esa reacción inesperada, sumada al revuelo que se generó en el barrio en un puñado de minutos, hicieron que los ladrones optaran por irse del lugar sin cumplir su cometido.

Pero hubo un motivo más que los obligó a tomar esa decisión: el dueño de la moto los corrió, enardecido al saber que se la habían querido robar.

“En el momento en que me di cuenta de que querían llevarse la moto, su dueño (que esperaba su turno) había ido al baño”, comentó la odontóloga, pero enterado de lo que estaba pasando el joven paciente “salió también a la calle y comenzó a perseguirlos a los gritos hasta amagó con arrojarles un ladrillazo”, agregó la mujer, testigo de la escena.

La intención del muchacho era no perderlos de vista, esperando a que llegara la Policía y pudiera atraparlos, pero los patrulleros brillaron por su ausencia: “No llegaron nunca -aseguró la mujer- a pesar de que se hicieron tres llamados al 911”.

“ME HARTARON”

El fastidio se reflejaba claramente en las palabras y en el rostro de la profesional, por este episodio puntual, pero también por los previos.

“En agosto pasado me robaron dos veces en este consultorio, las dos veces con los pacientes adentro”, lamentó.

Según recordó, los delincuentes les quitaron las pertenencias y, antes de huir, los encerraron. “Y ahora viene a pasar esto -agregó- ; basta. Me hartaron”, repitió en más de una ocasión la odontóloga en su charla con este diario.

Su enojo la impulsó a anticipar que enero “será el último mes que trabaje acá. Después me voy con el consultorio a otra parte”.

La mujer, igual que muchos vecinos de El Mondongo, sospechan de la existencia de “una zona liberada para los delincuentes”.

“¿Cómo puede ser que se avisó tres veces al 911 y en ningún momento llegó un patrullero”, se preguntó. Otra cuestión que le resultó sugestiva fue que “los ladrones se fueron caminando, como si nada les preocupara”.

Desde el crimen del médico Francisco Guerrero en un intento de asalto, hace casi cuatro años en 66 y 116, los vecinos del barrio se organizaron para reclamar el traslado de la zona roja, a la que vinculan con la venta de droga y el aumento de los delitos, pero hasta ahora no consiguieron su objetivo.

 

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