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Todo está guardado en la memoria

Ya está. Estudiantes volvió a su casa, lugar de donde nunca tuvo que haber salido. Las emociones, los recuerdos y las historias dijeron presente en un fin de semana que quedará tatuado en la piel de todos los hinchas.

Todo está guardado en la memoria
11 de Noviembre de 2019 | 10:44

Ya nadie preguntará ¿Cuánto falta? Consiguiendo respuestas ambiguas. Ya nadie organizará viajes a Quilmes o a cualquier otro escenario que marque cierta localía incompleta. Ya está… Fueron días de fiesta, de risas, de llantos, de sensaciones encontradas, de abrazos con desconocidos, de besos con viejos conocidos. Y entre tanto están las palabras que muchas veces hacen falta, y mucho más en este tipo de situaciones. Fueron varios los hinchas que quisieron, de alguna forma u otra, expresar lo que están viviendo...

Manuel Manese, por ejemplo, dejó de lado sus números corrientes, para rememorar con exactitud cuando y como eligió convertirse en hincha de Estudiantes: “Quienes conocen un poquito la historia del fútbol argentino sabrán que Boca siempre le gana a Estudiantes…bueno salvo cuando se define un campeonato en cancha de Vélez o cuando un niño de 4 años tiene que elegir de que equipo será hincha el resto de su vida; sacando esas dos circunstancias, Boca siempre le gana a Estudiante. Pero ese día no, ese día no pasó lo que pasaba siempre, lo que probablemente seguirá pasando, el que ganó fue Estudiantes, ganó el partido y me ganó a mí. Uno a cero ganó Estudiantes con un gol de Trotta de tiro libre, un tiro por abajo, en el arco que da a 57.

Desde ese 12 de diciembre de 1991 Estudiantes de La Plata tuvo un nuevo hincha entre sus filas, uno apasionado, fanático, enfermo. Empezó el partido y yo estaba desorientado porque nadie relataba, esperaba los relatos de la tele ahí, en plena cancha y solamente escuchaba gente que puteaba o que le decía a los tipos que estaban ahí adentro lo que tenían que hacer. Cuando le pregunte a mi viejo “che Pa ¿Por qué no hay relatos?” lo miro al Gordo Héctor y se cagaron de risa, como debía ser. Cuando terminó el partido el Gordo estaba extasiado: “Manuel esto es Estudiantes de La Plata, esto que viste hoy, esto Manuel, esto”. Yo lo miraba a mi viejo y me sonreía, asintiendo las palabras de su amigo, contento de que su hijo, sin que él se lo imponga, iba a tomar una buena decisión. 

A partir de ahí, mi viejo tuvo que llevarme a todos y cada uno de los partidos de Estudiantes y soportarme tres horas antes del partido con el tradicional: “dale, vamos que va a empezar, dale apurate, que tenés que hacer acá?”…y ahí íbamos, ya sin el Gordo Héctor, solo nosotros dos. Porque ir a UNO es ir con mi viejo, aunque después se encuentre con la pereza y no vaya nunca más, no importa, la primera es juntos y como aquel 12 de diciembre de 1991, mi viejo lo hará por mí, por la felicidad de su hijo”.

Mientras tanto Paula Roselli, no para de recordar sus corridas por los viejos tablones de madera, y recién ahora puede darle forma final a todo aquello que comenzó a contar hace varios años atrás: “En mi familia me criaron entre banderas rojas y blancas; las camisetas de piqué y la Olan de mi hermano son imborrables en mis recuerdos de la infancia. Tenía 11 años, allá por el 2000, cuando pisé los tablones de madera que estaban en calle 1, pegada a la platea y debajo de la torre de luz. Después de unos partidos, ya conocía a casi todos de vista. Nos parábamos adelante del paravalanchas blanco, porque según mi papá, se corrían menos riesgos de ser empujado o embestido en algún gol o momento emocionante. 

No me puedo olvidar cuando en el entretiempo lo seguía a mí hermano, porque no le quedaba otra, ya que lo admiraba como todo hermano/a menor a uno mayor, hacíamos la vuelta habitual por detrás de la cabecera de la calle 55, pasando por el enorme árbol y encontrándome con conocidos en donde antes practicaba handball. Cuando volvíamos a la tribuna nos esperaba mi papá con nuestros abrigos, preparado para ver el segundo tiempo. En el camino de la vuelta a casa, perdí a mi papá. Me duele mucho no poder compartir este momento con él. Porque Estudiantes era todo para él y tenía una pasión indescriptible por el club. Muchas de las lágrimas de emoción hoy, son de él. Pero de algo estoy segura, las vueltitas del entretiempo con mi hermano las vamos a seguir dando. Esta vez llevando nuestros abrigos. Y llevando el legado que nuestro papá nos dejó".

Las emociones están y seguirán porque nada terminó en los dos días de fiesta inaugural. Es el principio. Y eso lo sabe bien Juan Pablo, otro de los tantos hinchas que quisieron dejar bien en claro lo que están viviendo en este momento irrepetible: “Te dirán que no se juega una final para estar así de nervioso, pero se equivocan, es una final ganada después de un largo recorrido. Te dirán que no se juega un clásico para estar así, pero se equivocan, siempre fue un clásico el almuerzo del domingo en familia, para después ponerte la camiseta más linda y caminar hasta la cancha. Te dirán que no es un partido decisivo, pero se vuelven a equivocar. De acá en más, todo cambia. El pueblo pincharrata vuelve con todo, con sus trapos y su historia a cuesta. Entonces... ¡Cómo no vamos a estar así gritando bien fuerte y sacando la bronca contenida por 14 años de exilio! Mirá para arriba y tirá un beso al cielo, seguro que desde ahí, los pinchas queridos por todos nosotros, están alentando porque la espera terminó y el Pincha volvió a su casa”

Ya está. Estudiantes volvió a su casa. Pasó mucho tiempo y los obstáculos no paraban de presentarse. Ya está, todo eso hoy se transforma en la alegría que se seguirá multiplicando. ¡Salud Estudiantes. No hay nada mejor que casa!

 

 

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Fernando Serrano Estoy en la Redonda desde 2008 (El equipo deportivo y la Supertransmi) y cubriendo exclusivamente la información diaria de Estudiantes desde 2011, en los distintos programas de la emisora y las transmisiones.

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