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Ocurrencias: traslados y traspasos
Ocurrencias: traslados y traspasos

Por: Alejandro Castañeda
afcastab@gmail.com

8 de Diciembre de 2019 | 03:20
Edición impresa

TRASLADOS.- El “Caballo” Suárez pidió volver a la cárcel porque no soporta a su familia. Los calabozos están de moda en estos días. Los pensionistas que se estarían yendo y los que estarían llegando les han dado mucha expectativa. Lo del Caballo ¿es un crédito a favor del servicio penitenciario o un mensaje contra la familia? Tras dos años prisionero en Ezeiza, se le concedió el derecho a volver a casa con tobillera. Y se fue a lo de su hija, en Vicente López. Todo empezó bien, pero después, al ver lo que cuesta hogar y convivencia, pidió retornar a la prisión. Suárez estaba acostumbrado a la buena vida. Su billetera cuantiosa le permitía lujos y extravagancias. El líder de los portuarios siempre supo atracar. Cuando llegó a Ezeiza tuvo que reciclarse y reaprender a vivir con poco. Y al recuperar la libertad imaginó que iba a poder navegar otra vez en aguas mansas. Pero en la actualidad criolla sobran los naufragios. Caballo se dio cuenta que en la casa de su hija no había lugar para lujos, que llenar la heladera cada vez costaba más, que escaseaba el silencio y que le gustaba más charlar con los presos que con sus nietos. Y de a poco, empezó a extrañar la vida en el calabozo. Una sensación que crecía al comparar la rutina sin sorpresas de Ezeiza con una vida familiar que estaba presa de corridas, cuentas, quejas, mandados y todas las penurias de cualquier casa que de golpe tiene que recibir un hipertenso fuera de programa que viene con ínfulas, tobillera y mala fama.

A los jueces los retó una acusada enojona que en cualquier momento pide la cadena nacional para hacer el descargo

No solo “Caballo” Suárez se niega a volver a la casa. Macri también

Dijo François Mauriac que una familia es «una cárcel de rejas humanas», donde cada uno siente que está preso de los otros. Caballo extrañaba los cuentos en el patio, la mateada con sus colegas, ese all inclusive precario pero puntual donde nadie habla ni de precios ni de inseguridad. El hombre se acostumbra a todo y para Suárez el ruido de los cerrojos es como una canción de cuna. En la casa de Vicente López se enfermó: sin amigos, suelto y aburrido, no sabía dónde poner sus achaques y sus recuerdos. El sindicalista explicó en el Tribunal Oral Federal N° 4 que la convivencia con su familia era difícil y que le generaba una angustia que le provocaba subidas en su presión arterial y agravaba sus problemas cardíacos. “Me van a volver loco, prefiero volver al penal”, le dijo al tribunal. Ante la imposibilidad de devolverlo a Ezeiza, la Justicia resolvió enviarlo primero al Hospital Británico para que lo revisen. Finalmente, se le concedió un cambio de domicilio. Ahora espera el juicio en un departamento de Villa Pueyrredón. Está tranquilo y a salvo de su familia.

EL TRASPASO.- No sólo Suárez se niega a volver a la casa. Macri también. Y hay varios jinetes de buen galope que están esperando retornar a donde sea, ahora que estamos en las vísperas de un ritual que tiene un poco de jolgorio de egresados y un poco de muñecos quemados. Algunos que se quedaron sin despacho fueron a pedir trabajo en gobiernos afines. No es fácil pasar del poder al aire libre. Los que le tomaron el gustito a la función pública ven un memo y se les caen las lágrimas. Hay legisladores que mientras juraban sobre la Biblia empezaron a cambiar de equipo. Son días que hay que actualizar el registro de traidores y citaciones de Comodoro Py. En las fiscalías, las secuelas que se están activando prometen abundante suspenso en próximas temporadas. Muchas penitenciarias andan reacomodando sus celdas por si aparecen nuevos inquilinos. Comodoro Py recibió con una sonrisa a este Caballo arrepentido que se quiere asilar en un calabozo. Prefirió pegar la vuelta cuando se dio cuenta que hay más peligro afuera que adentro. Los jueces de a poco se van a tener que ir acostumbrando a los raros pedidos. Esta semana se enteraron que las indagatorias van a ser muy altaneras. Ya los retó una acusada enojona que en cualquier momento pide la cadena nacional para hacer el descargo. En el Congreso y en la Casa Rosada, la euforia y el pésame se florean en medio de un traspaso civilizado, sin histeria ni revueltas. ¿Habremos mejorado? La historia nos enseñó que aquí no conviene ilusionarse. La democracia, tan acobardada, espera que Papá Noel y el Año Nuevo traigan algunas esperanzas.

 

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