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TENDENCIA QUE DESATA CONTROVERSIAS

Ángeles guardianes que vienen del Este, para una Europa que envejece

Mujeres de Europa Central cuidan ancianos en países como Alemania, Austria o Italia, donde los nativos no quieren realizar ese trabajo

Ángeles guardianes que vienen del Este, para una Europa que envejece

Una cuidadora eslovaca asiste a un anciano en Leoben, Austria / AFP

Julia Zappei

Agencia AFP

LEOBEN, Austria

Cada quince días, la eslovaca Alena Konecna se despide de su madre, su hija y su compañero y emprende un viaje hasta los Alpes Austríacos, donde otra familia la espera.

La doble vida de Konecna, de 40 años, recuerda la de miles de mujeres oriundas de Europa Central que ofrecen cuidados a domicilio para ancianos, en un continente enfrentado al desafío del envejecimiento.

Con la integración europea de los antiguos países del bloque comunista, Austria, Alemania, Italia y Grecia se apoyaron en ese grupo de mano de obra barata para cuidar de sus ancianos.

En Austria, un país de 9,9 millones de habitantes, el sistema de cuidados a los ancianos se apoya en los 65.000 proveedores de servicios de cuidados de salud extranjeros, como Konecna, en su mayoría rumanos y eslovacos.

En la ciudad austríaca de Leoben, a unos 400 km de su propia casa en Eslovaquia, Konecna cuida de forma intensiva de una persona de 89 años postrada en una cama. “Sin estos trabajadores extranjeros, el sistema de asistencia a los ancianos entraría en colapso. Ningún austríaco quiere hacer este trabajo”, afirma Klaud Katzianka, director de la empresa de servicios a domicilio para quien trabaja Konecna.

La propia Konecna dice estar satisfecha, ya que este empleo le ha permitido abandonar un trabajo en una fábrica para reconvertirse, hace dos años, mediante los servicios de ayuda a domicilio. Con este empleo, ella calcula que gana el doble de lo que podía esperar en su propio país.

PRECARIEDAD COMO NORMA

Por esas razones, Konecna piensa que la libertad de circular y trabajar en los 28 estados del bloque europeo es una de las mayores conquistas alcanzadas con la unión continental.

Se trata de un tema central en las elecciones previstas para el 26 de mayo, en que los ciudadanos de la Unión Europea (UE) deberán renovar el Parlamento Europeo.

No obstante, especialistas del sector señalan que el escenario en que los ancianos pudientes del oeste de Europa son cuidados por trabajadores del este del bloque, no existirá para siempre. “Es difícil aprovechar este sistema de acompañamiento para personas ancianas”, indica Kai Leichsenring, del Centro Europeo de Investigaciones de Política Social, en Viena.

En un número cada vez mayor de áreas de Europa central, el nivel de vida se aproxima al promedio de la Unión Europea, y con ello la inmigración se torna menos atractiva. Así, la oferta de servicios de acompañamiento y cuidados también se desarrolla internamente. Y muchas veces las condiciones de empleo en el extranjero no están a la altura de las expectativas, observa Leichsenring.

Un estudio reciente de la Universidad de Johannes Gutenberg, en Maguncia, Alemania, señaló los abusos en los cuidados a domicilio en ese país, un sector que emplea entre 100.000 y 300.000 personas.

En la mayoría de los casos, son empleos no declarados, con personal mal entrenado y con bajos salarios.

En Austria, la coalición de gobierno, formada por la derecha y la extrema derecha, promueve la preferencia nacional en materia de protección social. Recientemente, decidió ajustar las asignaciones familiares para trabajadores como Konecna, cuyos hijos viven en el extranjero, al nivel de vida del país de origen, en su caso Eslovaquia. Esta controvertida medida tuvo un impacto negativo en el salario de Konecna.

Ante esta iniciativa, la Comisión Europea inició un procedimiento de sanción a Austria, ya que consideró la medida como discriminatoria. Inclusive el propio jefe de Konecna contrató un abogado para cuestionar la medida.

“SÍNDROME ITALIANO”

Lejos de sus seres queridos, estas personas que ofrecen cuidados en otros países, deben enfrentar también los efectos de la distancia en su vida personal. Konecna quería evitar estar ausente para el cumpleaños de su hija de 19 años. “Cuando estoy lejos, ella muchas veces se siente enferma”, lamenta. En los casos más graves, el malestar se convierte en depresión.

En Rumania este fenómeno es conocido como el “Síndrome Italiano”, por los problemas psiquiátricos que sufren ciertas personas que van a ofrecer acompañamiento y cuidados a ancianos en otros países dejando atrás su propia familia.

Apenas en 2018, más de 150 mujeres con estos síntomas fueron atendidas en una unidad especializada del hospital psiquiátrico de Iasi, en el norte de Rumania, con cuadros de “angustia profunda y sombría” luego de los años, según describió una paciente de 50 años que trabajó en Italia desde 2002 a 2014 cuidando pacientes con Alzheimer. “Tenía un buen sueldo, pero sacrifiqué mis mejores años”, lamentó.

 

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