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LA INCREÍBLE HISTORIA DE FERNANDO OCHOAIZPUR, EX ESTUDIANTES, QUE JUGÓ UNA ELIMINATORIA Y DOS COPAS AMÉRICA

Un luchador del fútbol con el sello Pincha

Sus años en el Demo, su nacionalización boliviana, el episodio con Julio Cruz, México y el agradecimiento al club que lo formó

Fernando Ochoaizpur y Martín Palermo, juntos en Pachuca, en una visita reciente / EL DÍA

Ochoaizpur en el Pincha

Por MARTÍN CABRERA

mcabrera@eldia.com

La década del ‘90 no quedó en la historia de Estudiantes como la más próspera. El contexto institucional fue un actor necesario para que camadas muy interesantes de jugadores pasen desapercibidas o, directamente, se tengan que ir a probar suerte a otras latitudes. Ese fue el caso de Fernando Ochoaizpur, rudo lateral derecho, con pocos partidos en Primera y una historia por demás particular en Argentina y otros países del continente.

Llegó al Pincha en 1986, de la mano de Malbernat, un mes antes del Mundial. Después lo echaron a Ramos Delgado y Cacho se hizo cargo del equipo. Recién al año siguiente fue promovido al primer equipo, cuando asumió Eduardo Solari. Tenía edad de Quinta. “Llegué de Junín y me fui a vivir al Demo, mamita, qué momentos. Compartía la habitación con el Loco Desio”, recordó en un contacto telefónico con este medio.

“Debuté en Primera contra Instituto, en Córdoba. Pero enseguida volví a Reserva. Cuando agarró Zuccarelli ya jugué más partidos. Además firmé primer contrato y nos mudamos con el Rulo París a un departamento en el centro, en 17 y 55”, siguió el Hacha, que a cada momento contó lo mal que estaba Estudiantes. “No teníamos ni ropa y a los chicos nos subían y bajaban todo el tiempo. Venían jugadores gastados, de vuelta, y nosotros no teníamos chances”.

-¿Por qué te terminaste yendo de Estudiantes?

-El presidente Riccione me citó a una reunión. Me dijo “en este momento tu pase va a ser mío”. Le dije que no. Y eso que jugaba porque me gustaba, no como ahora que juegan porque les pagan. San Lorenzo y Mandiyú me querían llevar. Y al enterarse se quiso quedar con mi pase. Se enojó, me colgó y me tuve que entrenar seis meses solo en las afueras del Country. Ricky Iribarren me dijo que había una chance en Bolivia y me fui.

Corría el año ‘94 cuando Ochoaizpur hizo las valijas. “Me fui a San José de Oruro. Empecé de nuevo. Venía de un Club como Estudiantes, con nombre y de haber jugado en Primera... De ahí pasé por Oriente Petrolero, donde anduve muy bien y el técnico de la Selección me dijo que quería nacionalizarme boliviano. Le dije que sí y me puso en la lista “¡sin tener los papeles!”.

-¿Y cómo los conseguiste?

-... Los conseguí porque los conseguí (risas).

-¿Cómo?

-No tenía antigüedad laboral ni familiares. Pero mientras estaba concentrado tuve que ir a un entrevista con los capos de la Cancillería, la Armada y la Policía. Me paré sólo delante de ellos. Concentraba con Milton Melgar y me decía “vos estudiate esta parte del himno que es lo que te van a tomar”. Y lo hice.

-¿Y?

-Después de jurar me hicieron cantar el himno. Pero yo sabía hasta determinada estrofa. Y el tipo se paró a cantarlo conmigo. Por dentro pensaba ¿qué hago? Por suerte justo me cortó cuanto empezaba la parte que no sabía.

Ya en el año 1996 la prensa local lo empezó a hostigar. Bolivia tenía un equipo poderoso y quería repetir la hazaña del ‘94. Por eso se dudaba de él y del arquero Silvio Trucco, otro argentino nacionalizado. “Me enfocaban con la cámara para ver su cantaba el himno y todas esas pelotu... Por eso me fui a Universitario de Perú, para salir de ese acoso”.

Regreso a Bolivia

“Después de un año en Perú me fue a buscar Mercado, el presidente de Bolívar. Me quería para jugar la Libertadores. Entonces volví y llegamos hasta semifinales. Fue mi mejor momento en el fútbol”, siguió con su relato, contando también que con la Selección de Bolivia jugó la final de la Copa América, que ganó Brasil.

-Estuviste en la victoria 2-1 contra Argentina, en Eliminatorias, cuando Julio Cruz fue agredido. ¿Qué recordás?

-Hice el segundo gol (risas).

-¿Cómo viviste el partido?

-Jugué el partido muy caliente, por todo lo que había dicho Passarella y porque los hinchas bolivianos nos habían puesto en duda. El clima estaba caliente adentro de la cancha. Argentina estaba muy bien y corrió mucho, pero le dimos un baile bárbaro. En el segundo tiempo entró Cruz y nos gritaba, se hacía el guapo. Hasta que fui a buscar una pelota y me metió un planchazo. Encima me puteaba... Cuando el árbitro no me vio le metí una trompada en la oreja que le debe haber quedado haciendo ruido...

-¿Y ahí empezó la pelea?

-Sí. Justo se va la pelota al banco. Y él, caliente, pateó un bolsón que estaba en un costado. Con tanta mala suerte que había pelotas y una le pega en la cara al chofer del micro, que estaba ahí. Ese tipo fue el que le metió la trompada en la cara. Ahí se armó el quilombo. Biaggio me decía “culpa tuya”. La culpa fue de ellos, que quisieron ganar el partido de boquilla.

Luego tuvo un ofrecimiento para seguir en Sporting Gijón. Lo quiso llevar Antonio López, que había sido el DT de Bolivia hasta 1998. Pero no prosperó por el cupo de extranjeros. “Entonces acepté un ofrecimiento del Loco Trucco, que era el técnico de San Luis, el equipo que ahora le ganó la final a Dorados, en México”.

-¿Y seguiste en la Selección?

-Sí, pero llegó el Bambino Veira, que era un desastre. Vivían todos de joda. Un día el Diablo Etcheverry, Platiní Sánchez, Juan Peña y yo lo echamos. Entonces hizo declaraciones en contra mía en México, en donde se jugaba la Copa de las Confederaciones, en la que Bolivia participó por haber sido subcampeón en el ‘97.

-¿Y entonces?

-Lo destrocé. Conté todo. Lo iba a contratar el Santos de Torreón pero dio marcha atrás. Y yo no jugué más para Bolivia.

En el tramo final de su carrera Ochoaizpur volvió a la Argentina. Jugó en San Martín SJ y quiso hacerlo en Sarmiento. “Pero el Club en ese momento estaba manejado por los barras y me fui”.

-¿Y cuándo empezaste tu carrera como técnico?

-Con el Negro Agüero en Atlanta. Después estuve en varios clubes trabajando con juveniles y volví a Bolivia: dirigí Guabirá, The Strongest y Real Potosí. A los clubes chicos los manejan tipos con mucha plata pero sin idea alguna de fútbol. En un futuro tengo propuestas de México. Trabajo con el sobrino de Hugo Sánchez.

-¿Y qué significó Estudiantes en todo este largo recorrido?

-Me formó como persona y como jugador. Su Escuela realmente existe. Y lo digo yo que estoy afuera y no tengo intereses. Hasta el día de hoy aplico cosas que aprendí ahí. En Olimpo estaba el chanta de Dagna y no me dejaba hacer nada y los pibes eran un desastre. Creo que ahora Estudiantes está haciendo un buen trabajo. Te das cuenta que los chicos que salen están preparados. En definitiva, más allá de los vaivenes institucionales, la Escuela de Estudiantes te deja marcado. Conmigo lo hizo. Tengo un sello como el ganado.Todavía hoy me sigo juntando con los chicos del Club. Fue fundamental en mi vida.

 

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