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ANÁLISIS

Una campaña de contrastes en las PASO

Una campaña de contrastes en las PASO

Por MARIANO SPEZZAPRIA

@mnspezzapria

El acto fue tempranero y breve, fiel al estilo que patentó el presidente Mauricio Macri. La inauguración del Metrobus en el distrito de San Martín demandó no más de 15 minutos y fue presenciada por un centenar de personas sobre la ruta 8, a metros del Camino de Cintura. Los discursos, tanto el del jefe de Estado como el de la gobernadora María Eugenia Vidal, destacaron la importancia de una obra que efectivamente mejora la calidad de vida de los vecinos.

Aunque Macri y Vidal no llegaron a esa zona del oeste del Conurbano solamente en función oficial, sino también como candidatos a la reelección.

Así, el Presidente incluyó en su mensaje una anécdota recurrente en el discurso de campaña, que está prolijamente guionado: el de la señora de un barrio carenciado del Gran Buenos Aires que ahora puede usar zapatillas blancas porque asfaltaron la calle en la que vive. Y que en el pasado se embarraba hasta los tobillos.

Pocos días antes, a unos 15 kilómetros del lugar en el que ayer incursionaron Macri y Vidal, Alberto Fernández visitó un pequeño club de Hurlingham, ubicado al margen de un arroyo. El acto fue tumultuoso, un clásico impreso en el ADN del PJ bonaerense, al que el postulante de origen porteño deberá acostumbrarse. Fernández dio una conferencia de prensa en un pequeño vestuario en el que a duras penas habían podido entrar los periodistas.

Afuera, en una cancha de fútbol de tierra, lo aguardaban unos 500 militantes que se habían congregado dos horas antes y soportaban estoicamente un chaparrón. Escucharon atentamente el discurso de Alberto, pero en el fondo hubieran deseado que la oradora fuera Cristina Kirchner. La ausencia de la ex presidenta -que sólo aparece en las presentaciones de su libro- hace que la campaña del Frente de Todos aún no caliente motores en territorio provincial.

La misma sensación irradia la alianza Juntos por el Cambio. Los armadores de la campaña de Vidal hicieron esta semana un impasse en los actos 360 que días atrás la Gobernadora había retomado en Junín, porque “el clima político está frío”.

El hecho de que Cristina tenga escasa participación en el debate público desmoviliza a los simpatizantes del oficialismo: ni Alberto Fernández, ni Axel Kicillof, son figuras que concentren el mismo nivel de rechazo.

No es ése un problema menor para el oficialismo, que necesita engrosar el caudal de votantes en las PASO para emparejar los tantos con el Frente de Todos. Por eso, la campaña de Macri se concentró en los grandes distritos electorales: la ciudad de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Mendoza, el Conurbano (ayer) y hoy en Santa Fe, en coincidencia con la cumbre del Mercosur. Por su parte, Vidal irá la semana próxima a Mar del Plata y Bahía Blanca.

La campaña de la oposición luce menos coordinada: por un lado se mueve Alberto Fernández, más en función de los acuerdos con el peronismo -ayer fue el turno de los jerarcas de la CGT- que en el mensaje al electorado; por otro carril circula Kicillof, que tiene buen “mano a mano” con las personas pero que no termina de sacudirse el discurso del economista; y por cuerda separada va Sergio Massa, reconcentrado en la Primera Sección Electoral.

Aunque el ruido mayor de la campaña del frente opositor se generó en el aspecto económico, luego de que Guillermo Nielsen -uno de los principales asesores de Alberto- calificara de “ignorante” a Kicillof, que manejó la economía en el segundo mandato de Cristina. La destemplada declaración habría buscado dejar en claro que Kicillof no tendrá injerencia en un eventual gobierno de Alberto, pero cayó como una bomba de profundidad en el kirchnerismo.

También Vidal se enredó cuando el periodista Luis Novaresio le preguntó sobre el desempleo. La Gobernadora no define la política económica, que es de competencia nacional, pero el peso que adquirieron la recesión y la inflación en el ánimo de los bonaerenses la lleva a hacer malabares discursivos en defensa del presidente Macri. Para el oficialismo resulta un alivio que la crisis ya no se asemeje al abismo al que se asomó el año pasado, tras la mega-devaluación.

De todos modos, tanto el Gobierno nacional como el provincial son extremadamente cautelosos para evitar que Macri y Vidal sean sometidos a protestas callejeras en plena campaña: ayer las personas que asistieron a la presentación del Metrobus de San Martín figuraban en un listado y les colocaron una pulsera de color verde. La seguridad presidencial no permitió que nadie más ingresara al perímetro del acto, que por ende no resultó espontáneo.

La campaña de unos y otros, que aún no levanta temperatura, parece más enfocada en las redes sociales y los spots de radio y TV que en las propuestas, que los candidatos no empezaron a desarrollar.

Pero lo que ya se observa claramente, cuando falta menos de un mes para las PASO, es que el oficialismo cuenta con una fina relojería electoral y la oposición es más propensa a improvisar. Un choque de estilos que define a la política criolla.

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