Estimado lector, muchas gracias por su interés en nuestras notas. Hemos incorporado el registro con el objetivo de mejorar la información que le brindamos de acuerdo a sus intereses. Para más información haga clic aquí

Enviar Sugerencia
Conectarse a través de Whatsapp
Las nuevas formas de familia llegaron a la pantalla chica

Se abrió el debate Las polémicas detrás de la nueva ficción de Telefé

“Pequeña Victoria” fue cuestionada por el modo en el que aborda la subrogación de vientre. Marisa Brel remarcó que están dando “mal” la información y la autora Erika Halvorsen salió a responderle

Bárbara y Jazmín, cuando la “Pequeña Victoria” aún estaba en la panza / TELEFÉ

“Cuestionan al personaje de Julieta pero no cuestionan al sistema que si queda embarazada la despide o impide su ascenso” - Erika Halvorsen, autora de la tira

“La gente no subroga porque se le da la gana. Es el peor mensaje que se puede dar” - Marisa Brel, periodista

El problema no es el “qué” sino el “cómo”. Con apenas tres capítulos al aire, “Pequeña Victoria” ya fue blanco de críticas por la manera en que aborda el tema de la subrogación de vientre.

A modo de resumen: la ficción escrita por Erika Halvorsen pone el foco en la vida de cuatro mujeres, que cruzan sus caminos a partir del nacimiento de Victoria: Jazmín (Julieta Díaz), una ejecutiva que quiere ser madre y para que el embarazo no perjudique su carrera en ascenso, subrogó (de manera clandestina) el vientre de Bárbara (Natalie Pérez), quien encontró en este trato una manera de mejorar su calidad de vida. Cuando está a punto de parir, esta joven pide un Uber para ir al hospital y ahí se conoce con Selva (Inés Estévez), quien le dice “este va a ser el mejor día de tu vida”. Completa el cuarteto protagónico Emma (Mariana Genesio), que se presenta en la clínica y se anuncia como “la donante de esperma”.

El estreno promedió los 17,2 puntos de rating (la cifra más elevada para una ficción en lo que va de este 2019) y en su segunda emisión, si bien bajó 1,3 respecto a su debut, fue lo más visto del día, seguido por ATAV (15,3).

Pero, como dice el dicho, no todo es color de rosa. Una de las voces que se levantó contra “Pequeña Victoria” fue la de Marisa Brel. La periodista es mamá de Paloma (a quien tuvo por tratamiento de fertilización in vitro) y de Timoteo (por el método de subrogación de vientre), por eso estaba “atenta y nerviosa” a lo que se vería en la novela.

Pese a sus expectativas y de entender que es una ficción, le preocupa que “se dé mal la información” porque ella está trabajando mucho para que salga la ley de subrogación, ya que en Argentina no existe una regulación, por eso “no hay una forma de hacerlo que esté bien o mal”. A pesar de eso, Brel señaló que “una carrier (la mujer que lleva el embarazo) no puede serlo si antes no fue mamá” y es mentira que a la persona se le muestra un video para elegir a la gestante: “lo importante es ver su salud”, remarcó.

Aclaró que “no somos clientas” (en referencia a cómo llaman en la clínica a Jazmín) y reprochó que den a entender que “la gente subroga porque se le da la gana”: “Es horrible, es el peor mensaje que se puede dar”.

También reconoció que el dinero no es lo que motiva a las gestantes: “Si creen que van a alquilar su vientre porque se van a hacer millonarias, no” y recriminó que el personaje de Julieta Díaz no haya alzado a la beba luego del nacimiento.

A Brel le “encanta” que se instale el tema, pero pide “que se instale bien” porque alquilar un vientre “es hasta más suave que donar un riñón, que hay que sacarse algo, o que donar un corazón donde es vida o muerte. Acá se presta un útero, es puro amor”. Y si ella hubiese visto a Joy (la gestante de su hijo) “padeciendo el embarazo como Natalie Pérez, me muero”. La periodista concluyó diciendo que “si no tenés el sentimiento de ayudar a una persona, es imposible hacerlo por plata, no es alquiler de una casa”.

La autora

“Estamos contando el amor entre mujeres y la solidaridad entre ellas. Me importa mucho poner el foco en la empatía, sentir lo que siente el otro aunque pensemos distinto. Estas mujeres pensaban cosas muy distintas cuando se conocieron, y justamente el ponerse en el lugar de la otra las lleva a evolucionar. Sus mundos crecen y se van transformando. El público va a tener 60 capítulos para transformarse con ellas también”, fue lo que adelantó Erika Halvorsen sobre su creación.

Ante las críticas que recibió por “Pequeña Victoria”, en especial por lo que hace el personaje de Julieta Díaz, la autora decidió dar su punto de vista: “Cuestionan al personaje de Julieta que no quiere quedar embarazada para truncar su carrera profesional, pero no cuestionan al sistema que si queda embarazada la despide o le impide su ascenso”.

Para la guionista, la familia “es una institución que ha hecho mucho daño”, por eso ella cree que “lo principal siempre es el amor” y en su producto eso se ve “en el deseo de estas mujeres por ser madres y compartirlo”. Agregó que la ficción rompe “con las mujeres esperando y siendo salvadas por un hombre. Después, las historias de amor están en todas partes”.

Halvorsen se hizo espacio para recalcar que “se acabó” el tema de las “terceras en discordias de los melodramas, la cultura de la pureza, que la heroína romántica no sea sexualizada y que tiene que estar enamorada para llegar a la escena de sexo, que la villana sea la única sexuada”. Sus dichos resonaron porque, sin mencionarla, hizo clara alusión a la ficción de Polka “Argentina, tierra de amor y venganza (ATAV)”, que es su principal competidora.

Hasta el momento, el público acompaña a “Pequeña Victoria”, que en números está casi empatada con “ATAV”. La decisión estará en elegir entre la ficción de época y amores pasados o apostar a una producción que busca romper con lo instaurado socialmente.

 

 

 

Si llegaste hasta acá es porque valorás nuestras noticias. Defendé la información y formá parte de nuestra comunidad.
Suscribite a uno de nuestros planes digitales.

Debe iniciar sesión para continuar

cargando...

¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Para ver nuestro sitio correctamente gire la pantalla