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Espectáculos |EL DOCUMENTAL SE ESTRENA HOY EN PUENTES DE CINE
“Silvia”: el rompecabezas de la historia de una mujer, su amor y su dolor

Llega la ópera prima de María Silvia Esteve, un filme sobre las batallas, los fantasmas y las violencias sufridas por su madre

“Silvia”: el rompecabezas de la historia de una mujer, su amor y su dolor

“Silvia”, el documental de Esteve sobre su madre, se estrena hoy en la plataforma Puentes de Cine

23 de Julio de 2020 | 03:55
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Imágenes de un casamiento de los 80. Jolgorio, baile, y ese romanticismo de lo retro, esa nostalgia por ese tiempo que, se palpa en la degradación de la cinta, ya pasó. De fondo, suena Bruckner, su cuarta sinfonía, apodada, justamente, “Romántica”. Todo parece perfecto, pero hay algo en esa música grandilocuente que suena de fondo que parece ominoso. Y a lo largo de “Silvia”, el documental de María Silvia Esteve sobre su madre que se estrena hoy en la plataforma Puentes de Cine, uno comprenderá por qué: las imágenes de ese pasado supuestamente idílico se repetirán, pero se irán resignificando, revelando el dolor y el sufrimiento detrás de esa supuesta familia perfecta.

Pero, afirma Esteve, en diálogo con EL DIA, esta es una historia de amor: no la de Silvia y su marido, una relación tóxica atravesada por mandatos imposibles y violencias, sino la de Silvia con sus hijas. El documental nació tras la muerte de Silvia, en un intento de la realizadora por entender a su madre, reconstruirla. 

“Es una historia sobre el amor entre una madre y sus tres hijas, de un proceso de luto que se desenvuelve a medida que avanza la película: todo lo otro, lo que alude a un tipo de violencia, es información para que se pueda comprender la complejidad del vínculo entre nosotras”, afirma Esteve.

En este camino, la directora encuentra, y el documental revela, silencios, omisiones, versiones encontradas, límites a su deseo de escarbar en el pasado y descubrir fisuras en los pilares de esa familia tipo de clase media alta de Villa Ballester: Esteve y sus hermanas, de hecho, discuten el pasado, se contradicen en su versión de los hechos. 

“Pensé la película como si yo pudiera compartir con el espectador el proceso de tratar de reconstruir la memoria de alguien que no está: este proceso está compuesto por distintas verdades, con respecto a quién era Silvia, distintas versiones de Silvia, distintas formas de recordar. Todas esas voces componen una voz, esta voz que intenta reconstruir a alguien imposible de reconstruir de una única forma: la memoria es algo frágil, algo cambiante, no se puede arraigar a una sola forma de recuerdo. Son muchos recuerdos, que conforman el recordar”, explica Esteve, sobre su ópera prima.

Las voces, en off, resignifican esas imágenes del pasado en VHS, que comenzó filmando su padre. “Inicialmente era mi papá quien filmaba, y con el pasaje de los años, la cámara se va pasando”, revela la cineasta. Al principio la cámara está enamorada, recorre casi obsesivamente a su objeto. Pero con el paso del tiempo, “ya es distinto cómo filma mi papá, ya no está este embelesamiento con la imagen de mi madre, como está en un inicio: ya es otra la búsqueda de la cámara. Al trabajar con el VHS, quería mostrar este camino: quería trabajar con la mirada de mi padre sobre mi madre, qué es lo que él retrataba de Silvia, y cómo se desempeñaba mi mamá frente a ese mirar, cómo inicialmente estaba ávida de ser capturada por esa cámara, algo que con los años se fue diluyendo y ya después ella escapaba, eso decía mucho de esa relación, tenía un vínculo estrecho con la forma en que progresó esa relación con mi padre”.

El mandato de una imagen perfecta aplasta poco a poco a la protagonista. “Quería trabajar la concepción de ser mujer para una generación, y la noción de la belleza, de la búsqueda de la mujer perfecta, una búsqueda imposible”, analiza Esteve. “Dentro de esta búsqueda de una imagen a proyectar, está el terror al paso del tiempo, a la vejez: por eso mi madre empieza a escaparle a la cámara, no solo tiene que ver con la mirada de mi padre, ella ya no tiene esa imagen ideal que inicialmente podía proyectar”.

Silvia “sacrifica todo por esa imagen”: abogada, politóloga, concertista, deja todo por formar una familia. Y cumple el rol demandado, pero “está insatisfecha”. Y cuando pone voz a esa insatisfacción, es desestimada: se dice que está loca, como su madre.

El filme nació tras la muerte de Silvia, en un intento de la directora por entender a su madre

 

“Siento que al ser madre, mi madre pasó a tener un rol muy específico, asignado: el ser madre de familia implicaba un sacrificio inherente a su condición, y no existía la posibilidad del derecho a réplica. Entonces, que mi madre denunciara a quien traía la comida a la mesa implicaba romper con esta estructura. No encajar con ese rol. Era mucho más fácil desacreditarla, descreer sus pedidos de ayuda. De esa forma, Silvia encajaba perfectamente con un rol”, afirma Esteve, y relata como cuando tras su muerte, le contó a su tío de los infiernos vividos en su hogar, él, con lágrimas en los ojos, “me dijo que nunca se imaginó que lo que Silvia le decía era cierto, y que ante cada uno de sus pedidos de ayuda, él sólo pensaba ‘pobre su marido… pobre Carlos que le tocó esta mujer loca’”. 

“Es algo que sucede a esta fecha: es más fácil que cuestionar la estructura, cuestionar por qué esa estructura no está funcionando”, lanza la directora. “Siguen los resabios de esa forma de pensar, hoy en día todo eso existe, se perpetuó, aunque no con la misma intensidad de otras épocas”.

Entre las hipótesis del rompecabezas de “Silvia”, el cine, el cine clásico en particular, aparece como uno de los forjadores de esa imagen opresiva de mujer ideal. En espejo, ahora Esteve utiliza el cine “para romper esas lógicas”: “Siento que hace falta hablar ciertas cosas para generar un cambio, y el cine es una herramienta poderosa para hacerlo, que también hay que utilizar con responsabilidad”, afirma. “Creo que mostrar en un ejemplo concreto lo que son ciertos mandatos, ciertas estructuras que uno hereda de generación en generación permite reconocerlas, desmenuzarlas, entender que eso no debería pertenecer ya al tiempo presente. Por eso, nada de lo que se habla en la película es gratuito: tiene una intención clara, el tratar de tomar conciencia y no repetir ciertos errores, que también tiene un vínculo directo con nosotras, con la historia de nuestra propia madre, nuestro intento de reconocerla para no repetirla”.

Es, por lo tanto, una película profundamente introspectiva, y de un dolor palpable para su realizadora. “Un proceso muy difícil”, reconoce Esteve. “Hace la película me significaba tener a mi mamá conmigo, a pesar de su partida. Podía visitarla a partir del material de VHS, la sentía más viva. Pero al mismo tiempo, el hecho de darme cuenta de que la película me hacía escarbar en lugares que no esperaba exponer al iniciar la película, quizás imaginé que iba a poder escapar de exponer esas cuestiones, pero la película me fue llevando por un camino, y tuve que serle fiel, aunque me costara muchísimo”.

Fue crucial, explica, encontrar la distancia necesaria:  “Cada vez que me sentaba a editar la película, tenía media hora que era llorar, sentirme mal, hasta poder hacer el distanciamiento entre yo como hija y yo como montajista”. En la sala de montaje, como en casi todo el proceso, estaba sola: Esteve es guionista, productora y montajista de una película realizada con recursos mínimos, y la huella de la directora en cada paso del proceso convierten cada cuadro, cada escena, cada frase interrumpida, en una narración sumamente personal.

El proceso fue desgastante. “Al final de la película, ya no quería seguir, tuve muchos momentos de trastabillar”, revela Esteve. Pero, agrega, “me di cuenta finalmente de que la razón por la que la estaba haciendo era mucho más fuerte que cualquier dolor que pudiera estar atravesando. Entonces, seguí”.

“Lo más enriquecedor es mostrarla y darme cuenta de que en otras personas la historia de mi madre habita y se resignifica”, dice al respecto, y de hecho, ese puente de lo particular a lo universal quedó demostrado en el paso de la película por diversos festivales (se mostró en el FIDBA, en Lima y Amsterdam, en Israel y nuestro FestiFreak): al finalizar las proyecciones, se acercaban mujeres de la edad de su madre, y le decían que “vos planteás esto como algo terrible, pero para nosotros todo era nomal, no existía la posibilidad de plantear que era lo que no nos hacía felices. Todas sabíamos que no teníamos derecho a réplica”.

Los varones de esa misma generación no reaccionaron igual: “La acogida siempre ha sido positiva en general, pero hombres de la generación de mi padre se han ido del cine dando portazos”, cuenta Esteve. Le decían que se iba a arrepentir toda la vida de hacer esta película, “que no era justo lo que le estaba haciendo a mi padre”.

“Dentro de ese público masculino de cierta edad, a veces, la recepción ha sido agresiva”, cierra Esteve. “Y eso que la película pasa más por mi madre, por nuestra relación con ella, no es el eje. Y sin embargo, incomoda que se puedan exponer ciertas cosas”.

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