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Espectáculos |DESTACADO DE LA CARTELERA
“Una chica invisible”: suspenso, absurdo y camaritas espías invasoras

En la extraña ópera prima de Francisco Bendomir, un hacker instala una cámara oculta en la casa de una actriz y desata un huracán

“Una chica invisible”: suspenso, absurdo y camaritas espías invasoras

Escena de “Una chica invisible”, uno de los estrenos de la semana de Cine.Ar que llega hoy

13 de Agosto de 2020 | 04:51
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Un hacker a sueldo, Daniel, instala cámaras ocultas en el departamento de una actriz, Andrea, a pedido de su ex novio celoso. La pobre mujer, para colmo, es testigo de cómo la peor audición de su vida se viraliza en YouTube. Cámaras aquí, cámaras allá: la vida debajo de las cámaras. Esa es la propuesta de “Una chica invisible”, que se estrena hoy en la plataforma online de Cine.Ar.

“No tengo ni idea en qué momento se me ocurrió. Se me fueron ocurriendo cachitos y, eventualmente, ensamblé todo”, cuenta Francisco Bendomir, su director, en diálogo con EL DIA. La película, que juega entre el suspenso y el bizarro, parece reflejar bastante su extraño sentido del humor y las influencias eclécticas, dispersas del realizador fanático de los musicales animados y director además de una serie web y dos cortos.

Y ese “todo” que ensambló Bendomir y que constituye un cúmulo de influencias e ideas fue estructurado alrededor de una idea: “La obsesión con las camaritas, una temática que vengo trabajando con otros cortos”, explica.

“Me cayó la idea de hacer una película con personajes aislados, conectados a través de internet. Y después apareció el personaje de la hija del hacker: ahí ya mezclo un poco mi infancia, cuando era chico la flashaba con Harry Potter y tenía la fantasía, cuando tenía once años, de que Hogwarts existía, y que me iban a mandar una carta y me iban a sacar de casa, porque vivía en una casa muy mala onda. Eso quise contar con ese personaje”, agrega Bendomir, en referencia a Juana, la joven hija del hacker que se abstrae de una realidad poco amable zambulléndose en un manga sobre una chica invisible. La inmersión la refleja Bendomir en su película, con una escena animada al estilo japonés.

Juana sueña con ser famosa a través de videos virales, dejando, literalmente, la piel en ello: funciona en espejo con Andrea, personaje encarnado por Andrea Carballo, quien sufre la viralización. Como actriz, también está atravesada por la persecución de la fama: y ambas están de alguna forma aplastadas no solo por la tiranía de la imagen, sino además por sus contrapartes masculinas, un ex tóxico y un padre abúlico y harto.

“Quería que todos los personajes estuvieran lidiando con lo mismo: los límites de la privacidad, lo que uno quiere mostrar de sí mismo, lo que no se dan cuenta que están viendo los demás”, dice el director. El espectador mira a esos personajes y no solo empatiza con su patetismo: también se convierte en ellos cuando, como el espectador de Hitchcock, espía junto a los personajes lo que ocurre del otro lado de la cámara.

Pero la cuestión parece mucho más seria de lo que es: el suspenso se fuga al humor, a lo bizarro, constantemente. “No es intencional: así es como veo las cosas, soy una persona un poco desubicada, me río en los funerales, pero no porque me cause gracia… Siempre me reí para no llorar, y de alguna manera uno siempre tiene esas dos opciones. Porque reírse y llorar es lo mismo, pero uno está socialmente aceptado en algunas circunstancias y la otra no: básicamente, es sentirse sobrepasado por la situación”, analiza Bendomir.

Realizada a pulmón, con aportes de amigos para llevar adelante el rodaje, “Una chica invisible” se estrena “en un momento sin un montón de películas grandes compitiendo, lo cual para una película chica como la nuestra es beneficioso”, afirma el director. El estreno es, claro, en la pantalla chica, aunque, agrega Bendomir, no hay nostalgia por la pantalla grande en su estreno: “Si tengo que ser honesto, prácticamente no voy al cine: miro casi todo en la computadora, me encanta tirarme en la cama y mirar una peli, comer chocolate y no tener que esperar tres horas para hacer pis. No soy muy purista con el tema del cine”.

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