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Séptimo Día |CHURCHILL Y SU SECRETO PARA IMPROVISAR EN LOS DISCURSOS
El miedo de hablar en público

El pánico escénico y la teoría del iceberg de Hemingway. Los escritores que se mueven con facilidad en radio y TV. La extraña conferencia a dúo de García Lorca y Neruda en Buenos Aires

El miedo de hablar en público
21 de Febrero de 2021 | 07:57
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“Para ser un buen orador, ex importante tener presente la teoría del iceberg” opina el catalán Carles Lombarte, formador en oratoria, debate y comunicación. Si usted sufre, entonces, de pánico escénico, si hablar en público le causa miedos sísmicos, puede seguir a este gurú de la oratoria contemporánea y luego déjese llevar. El lenguaje bien expresado sólo le atraerá múltiples bienaventuranzas.

La teoría del iceberg es del escritor Ernest Hemingway y significa que el público sólo accede a un mínimo porcentaje del relato y que el resto permanece oculto. Que a menudo la verdad se esconde debajo de la superficie de una historia. “La dignidad de movimientos de un iceberg se debe a que solamente un octavo de su masa aparece sobre el agua”, dijo Hemingway. Así que, como público, atenerse a lo que brilla y se ve de entrada, pero luego tratar de bucear por la entera verdad de esa narración.


Jorge Fernández Díaz / Twitter

La literatura y la oratoria, tal vez primas hermanas, generalmente son distantes. Una teoría parecida le transmitió Macedonio Fernández a un aterrado Jorge Luis Borges, el día que éste debutaría como orador en La Plata, allá por 1947. Los dos escritores se encontraron de casualidad en el andén de Constitución y Macedonio –que fue también un conversador por excelencia- le dijo a Borges: “Quédese tranquilo. Lo único que tiene que hacer es decir una sola idea y repetirla muchas veces a lo largo de la conferencia…”

Borges le pidió aclaración. “Vea, usted va a hablar del Descubrimiento de América. En su primer párrafo, diga que “Algunos sostienen que los verdaderos descubridores de América fueron los vickings, pero investigaciones posteriores confirman que fue Cristóbal Colón el primero en llegar a tierras americanas…”. La segunda, le dijo, “podría ser la de afirmar que Colón creyó que había llegado a las Indias, pero en realidad, lo sabemos, aquello era América y él fue el primero en llegar a ella”.


Beatriz Sarlo / Archivo

Y esa noción la repite siempre, con variantes: “Otros creen que Colón era genovés, pero lo cierto es que el Descubridor de América era español…Y así hasta el final…El público se retirará muy feliz, porque finalmente habrá quedado convencido de que Colón fue el descubridor de América. Si usted llegara a exponer una segunda idea, se retirarán muy confundidos”. Borges contó después que ese fue su método vitalicio como conferenciante.

En la actual TV y en la radio argentina hay varios escritores que se florean en el difícil arte de la oratoria, con rara ductilidad. Puede mencionarse aquí a Jorge Fernández Díaz, Juan Sasturain, Santiago Kovadloff, Jorge Asis, Beatriz Sarlo, Alejandro Dolina o Federico Andahazi, entre pocos más.


Jorge Asis / web

GARCÍA LORCA

Entre otras cosas raras que tenia –raras por geniales- Federico García Lorca fue un conferenciante de fuste, porque también era dramaturgo, actor teatral, músico, conocía el escenario y dominaba la oralidad como pocos.

Así que ya se había lucido en 1930 en Nueva York cuando ofreció una conferencia documentada sobre “Arquitectura del cante jondo”, que como dice el crítico José Oliva, fue “una versión mejorada de otra que impartió en 1922 bajo el título “Importancia histórica del canto primitivo andaluz, llamado cante jondo”.

Cuando vino a Buenos Aires en 1933 habló sobre el “Juego y teoría del duende” en la Sociedad de Amigos del Arte, en donde desplegó su concepción sobre el arte. Lorca pertenecía como conferenciante a la familia surrealista de Miró, Picasso o Dalí.

Macedonio Fernández tranquilizó a Borges en su debut como orador en La Plata

 

Estaba de moda una suerte de anarquismo formal: cinco años antes Gómez de la Serna escandalizó a París cuando ofreció una conferencia montando un elefante, en el Cirque D`Iver. Lo de Dalí al inaugurar una exposición fue peor: en lugar de hablar, corrió un terciopelo rojo y orinó hacia el público. Pero en Buenos Aires García Lorca daría otra conferencia en forma conjunta, como ya se verá, con Pablo Neruda, que no pasó desapercibida.


Santiago Kovadloff / La Nación

A Lorca lo fascinaba la fusión en el arte. Mezclaba poesía, teatro y música con notable facilidad. Un recorrido por su casa familiar de fin de semana, allá en la muy serena localidad de Fuente Vaqueros, vecina de Granada, muestra esa diversidad del escritor, asesinado en 1936 por un militar franquista. Se camina casi inevitablemente en puntas de pie por esa casa mágica entre originales de poemas, pianos y guitarras, mientras en algunas pantallas se lo muestra a Federico actuando en una obra trágica, vestido de negro, interpretando un rol de mujer.

Las conferencias fueron las principales fuentes de ingreso para García Lorca

 

En su estadía en Buenos Aires demostró García Lorca ser un verdadero maestro de la oratoria. Tanto lo era que hay publicado un libro –“De viva voz” (Debolsillo, 2020)- que compila los textos escritos por Federico que habían sido concebidos para ser leídos en voz alta, en conferencias, alocuciones e intervenciones públicas.

Cabe añadir que las conferencias fueron las principales fuentes de ingreso para Federico García Lorca “y esto fue especialmente notable durante su estancia en América, y en especial en Argentina, donde sus alocuciones fueron tan aplaudidas que incluso merecieron ser reproducidas en la prensa”, dijo ahora el periodista José Oliva de la agencia EFE. Seguramente aludió al hecho de que García Lorca y Pablo Neruda “torearon a dúo” en una conferencia ofrecida en el PEN Club ante cien escritores argentinos.


Juan Sasturain / Archivo

NERUDA

Así lo cuenta Pablo Neruda: “En 1933 me designaron cónsul de Chile en Buenos Aires, donde llegué en el mes de agosto. Casi al mismo tiempo llegó a esa ciudad Federico García Lorca, para dirigir y estrenar su tragedia teatral Bodas de sangre, en la compañía de Lola Membrives. Aún no nos conocíamos, pero nos conocimos en Buenos Aires y muchas veces fuimos festejados juntos por escritores y amigos.

“Por cierto que no faltaron las incidencias. Federico tenía contradictores. A mí también me pasaba y me sigue pasando lo mismo. Estos contradictores se sienten estimulados y quieren apagar la luz para que a uno no lo vean. Así sucedió aquella vez. Como había interés en asistir al banquete que nos ofrecía el Pen Club en el Hotel Plaza, a Federico y a mí, alguien hizo funcionar los teléfonos todo el día para notificar que el homenaje se había suspendido. Y fueron tan acuciosos que llamaron incluso al director del hotel, a la telefonista y al cocinero—jefe para que no recibieran adhesiones ni prepararan la comida. Pero se desbarató la maniobra y al fin estuvimos reunidos Federico García Lorca y yo, entre cien escritores argentinos.


Alejandro Dolina / Web

“Dimos una gran sorpresa. Habíamos preparado un discurso al “alimón”. Ustedes probablemente no saben lo que significa esa palabra y yo tampoco lo sabía. Federico, que estaba siempre lleno de invenciones y ocurrencias, me explicó: «Dos toreros pueden torear al mismo tiempo el mismo toro y con un único capote. Esta es una de las pruebas más peligrosas del arte taurino. Por eso se ve muy pocas veces. No más de dos o tres veces en un siglo y sólo pueden hacerlo dos toreros que sean hermanos o que, por lo menos, tengan sangre común. Esto es lo que se llama torear al alimón. Y esto es lo que haremos en un discurso.

“Y esto es lo que hicimos, pero nadie lo sabía. Cuando nos levantamos para agradecer al presidente del Pen Club el ofrecimiento del banquete, nos levantamos al mismo tiempo, cual dos toreros, para un solo discurso. Como la comida era en mesitas separadas, Federico estaba en una punta y yo en la otra, de modo que la gente por un lado me tiraba a mí de la chaqueta para que me sentara creyendo en una equivocación, y por el otro hacían lo mismo con Federico. Empezamos, pues, a hablar al mismo tiempo diciendo yo:

«Señoras» y continuando él con «Señores», entrelazando hasta el fin nuestras frases de manera que pareció una sola unidad hasta que dejamos de hablar. Aquel discurso fue dedicado a Rubén Darío, porque tanto García Lorca como yo, sin que se nos pudiera sospechar de modernistas, celebrábamos a Rubén Darío como uno de los grandes creadores del lenguaje poético en el idioma español”.


Federico García Lorca y Pablo Neruda / Web

HABLAR EN PUBLICO

El escritor tiene –además de la inteligencia- ojos y manos para elegir las palabras. Pero los ojos y las manos ayudan poco para hablar bien. El orador, en cambio, casi que no puede corregir, dispone de un manantial oculto y de allí extrae las palabras que arroban o, acaso, las que pueden arrojarlo al descrédito y la burla más impiadosas. ¿Esto significa que el buen orador es un improvisador brillante?

Churchill fue, probablemente, el orador más brillante de los últimos dos siglos

 

Los datos que ofrecen los profesionales descreen de esa alternativa. Churchill fue, probablemente, el orador más brillante de los últimos dos siglos. Con sus discursos mantuvo en pie a una Inglaterra devastada por los bombardeos nazis. ¿Cómo hace usted para improvisar tan bien sus discursos?” le preguntaron alguna vez.

Churchill respondió: “por la mañana preparo muy bien las palabras que improvisaré por la noche”.

 

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