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Deportes |Gimnasia fue una dIFUSA sombra de su propia imagen y en el segundo tiempo no tuvo ideas ni energìas
Convalecientes de COVID, Estudiantes se mostró más “sano” y mereció la victoria

Generó muchas situaciones de gol, dominó la pulseada estratégica y creció respecto de sus últimos rendimientos. El Lobo perdió todo su juego

Convalecientes de COVID, Estudiantes se mostró más “sano” y mereció la victoria

Noguera y Eric Ramírez, un duelo que se repitió a lo largo del partido / Demian Alday

Martín Mendinueta

Por: Martín Mendinueta
@firmamendinueta

19 de Abril de 2021 | 04:51
Edición impresa

Pasará a la historia por las calamidades de la época y no por la brillantez de algún toque excelso. Engordará el archivo de este diario con apostillas pandémicas, barbijos obligatorios y ese silencio brutal capaz de arruinar cualquier expectativa.

El clásico se mudó al vecindario de los pretéritos sin vencedores ni vencidos, desnudo de goles y propiciando debates que esconden las típicas chicanas de los hinchas.

SIN UNA PIZCA DE SU MEJOR TRIBUTO

Gimnasia llegaba devastado por el COVID, es cierto, pero también sostenido por una identidad de juego muy celebrada por sus hinchas que se ha transformado en el mayor logro del ciclo comandado por la dupla. ¿Pudieron los resabios de tan maligno virus haber arrasado por completo con el estilo dinámico y las formas tan estéticas del Lobo? Quizás. Probablemente. Aunque llamó la atención la nula elaboración que tantas satisfacciones le ha deparado.

Están los que afirman que “no podía hacer más de lo que hizo”. Suena categórico. Gimnasia, aún dosificando la energía con la que contaba, podría haber desarrollado un juego superior.

Lució vacío de fútbol pulcro. Generó una sola situación de real peligro para Andújar y durante todo el complemento evidenció enormes dificultades para hacerse valer en la mitad de la cancha.

Se fue aliviado con el empate. Como si el punto sumado le asegurara que, en breve, sí o sí vendrán tiempos mejores.

Otra mirada más exigente sostiene que tras las abultadas derrotas ante Lanús y Patronato, la pulseada con un Estudiantes sin brillo en sus movimientos, representaba una muy buena oportunidad para generar esa clase de impactos que quedan grabados a fuego en la memoria de los hinchas y que marcan una bisagra para enderezar el rumbo. Sin perder de vista que el equipo de Messera y de Martini está convaleciente de COVID, quedó la imagen nítida de que podría haber hecho más.

EL LEÓN TERMINÓ DEJANDO MEJOR IMAGEN

Poco se esperaba de un dueño de casa bien acomodado en la tabla y con escasos brillos en sus desempeños. Sin embargo, trabajó mejor que su rival, nunca se sintió superado en la franja central y, con el correr del tiempo, percibió que se fue transformando en el gran favorito para ganar.

Le faltó más puntería que buena suerte. El cabezazo de Noguera pasó cerca del palo izquierdo, el último remate del uruguayo Castro chocó con la buena intervención de Rey... En cambio, la oportunidad más grande para facturar el alarido tan deseado fue insólitamente desaprovechada por la grosera impericia de Leandro Díaz. Pretendió marcar el gol del triunfo “rompiendo” el arco mens sana. Únicamente dejó temblando el travesaño y él quedó expuesto tal cual es; un delantero tan fuerte como siempre listo a dar todo lo que tiene, pero con evidentes carencias técnicas.

Estudiantes mostró en Agustín Rogel a un duro zaguero, desprolijo pero muy rendidor; y en Iván Gómez, a un soldado disciplinado y solidario que sólo dejó de correr cuando Zielinski lo sacó para que ingrese David Ayala.

El huésped de andar irreconocible demoró en relevar a Matías Miranda, quien jamás pesó en el entramado de tres cuartos de cancha. Matías Pérez García fue un poco más inquieto. En cambio, los ingresos de Cecchini y del “Tanque” Contín (ha perdido el puesto y consideración en la mirada colectiva) en nada modificaron la postura más conservadora que Gimnasia adoptó a partir de la expulsión de Mancilla.

Del otro lado, los que ingresaron sumaron: “Tití” Rodríguez (fue el que más se hizo notar), Federico González, Matías Castro y Ayala se acoplaron bien al trámite que le demandaba al León mayor protagonismo en las acciones.

De haber existido un ganador, ese tendría que haber sido el equipo de Zielinski. Lució mejor semblante porque en ninguna línea trastabilló demasiado. La presencia de Andújar siempre le suma y esta vez (salvo la fragilidad en la marca de Leonardo Godoy) no hubo mayores sobresaltos que lo empujaran al borde de la cornisa.

Gimnasia debía ganar para romper la hegemonía albirroja y, también, para acrecentar sus posibilidades de clasificar entre los cuatro mejores. El empate no debía seducirlo.

Por su parte, Estudiantes centraba su presión en no perder en el primer clásico en su nuevo estadio. La igualdad le permitió continuar con su buena cosechade puntos.

Cero a cero. Ninguno puede sentirse pleno. Cada cual valora lo que cree conveniente y disimula los temores que lo acompañaron durante los últimos días.

Queda flotando en el ambiente la profunda tristeza de que una enfermedad severa también le ha hecho daño a nuestra fiesta futbolera más querida.

El torneo continúa. Recién en el pliegue final se sabrá cuánto incidió en cada uno el “clásico de la pandemia”.

Estudiantes tuvo en Agustín Rogel a un duro zaguero tan desprolijo como rendidor

 

 

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