Gonzalo Calzada tenía una historia: la de Ulises, un hombre que cerca de los 100 años presiente su muerte y que, durante una noche, escarba en su pasado y revisa su vida, su realidad. Un hombre torturado por fantasmas que a veces se vuelven literales, materiales, en medio de un remordimiento que se disuelve en la confusión febril de una mente que se pierde y alucina mientras su dueño intenta mantener la cordura y ordenar esa mente fragmentada y ese pasado culposo.
Ahora, comenta el realizador de “Luciferina” y “Resurrección”, las historias son historias, que después de imaginarse “pueden tomar diversas formas: película, novela, comic”: en este caso, la historia de Ulises se transformó en “Nocturna”, que es a la vez película doble y novela escrita antes, durante y después del rodaje del filme que protagoniza, en su lado A, Pepe Soriano (el lado que llega desde hoy al Select, y se podrá ver hasta el miércoles, siempre a las 18), y en su lado B, Marilú Marini.
En “Nocturna”, el realizador y escritor que se siente cómo dentro del género del terror repite el ejercicio de “Resurrección”: “Fui escribiendo la novela mientras filmaba la película. No es una novelización de la película, sino un complemento”, explica, producto del deseo de “escarbar más en la historia: me fascina el universo y me resultaba que con la película no es suficiente”.
Calzada explica que el cine “tiene que ver más con la pintura o el teatro que con la literatura, que trabaja con herramientas prácticamente imposibles de llevar a la pantalla” y que esa característica pictórica hace que el cine “oculte más de lo que muestra”, mientras que la literatura “muestra de una manera feroz, sin concesiones, el pensamiento de un personaje, su intimidad, y la intimidad del escritor. Hay una relación íntima y solitaria entre el escritor y el lector, y uno de los elementos fascinantes de la literatura es la capacidad de entrar en la mente y el espíritu del personaje: es un diálogo mental el que ocurre entre el personaje y el lector, y esto es muy difícil de llevar a cabo en el cine”.
En principio, el director quería para “Nocturna” esa narración desde afuera que puede proponer el cine, “un narrador testigo, me resultaba interesante esa sequedad”. Pero en algún momento “quise meterme en los laberintos mentales y los fantasmas de Ulises. Por lo cual decidí desdoblar la novela en dos partes: el consciente y el inconsciente. El consciente es una historia narrativa, el lado A, y el lado B, que está en el mismo libro pero que se lee, como los libros orientales, de atrás para adelante, es la parte del inconsciente, son retazos de pensamientos, un fluir de la consciencia, más sensorial y poético”. Ambos, sin embargo, transcurren en esa misma noche en la que Ulises, como un personaje borgiano, sabrá quién es realmente.
El mismo viaje al inconsciente, pensado inicialmente para la novela (ya a la venta), como una ampliación de la historia, terminó transformándose finalmente en el lado B fílmico: si el lado A es una historia tradicional, el lado B, narrada con cintas de celuloide, un montaje vertiginoso y una propuesta “abstracta y sensorial”, es “un viaje”.
Esto convierte a “Nocturna” en una rareza, una cinta que estrenará su lado A en salas hoy, pero que tiene disponible un lado B que se verá en algunos centros culturales antes de pasar a YouTube.
El lado B, de todas formas, no es necesario para entender el lado A que se verá en el Select desde hoy. Es una mera invitación al espectador, dice Calzada: “Podés ver el lado A sin ningún problema, pero si te gustó mucho, quizás tenés el impulso de investigar sobre ese lado B, cómo verla. Y así tiendo un puente para acercar al espectador a ver otro cine, un cine desde otro lugar perceptivo. Una manera de salir del encorsetamiento para mí como realizador pero también para el espectador, estimularlo a que busque otra forma de ver cine”.
“Nocturna” tiene en su carne ese desafío, ese intento de estimular, que incluso va contra el mercado, teniendo en cuenta que el público interesado tiene que ver dos películas, salir a la caza de otra función. Pero dice Calzada, “uno tiene que hacer las cosas sin pedir permiso, porque si no, siempre va a haber trabas”, se ríe Calzada sobre el experimento de la película desdoblada. Y al respecto agrega que “ya el lado A es una película de género fantástico contada por un viejo, algo que en términos de mercado ya es muy atípico, imaginate si a eso le agregás un lado B que es abstracto, experimental…”
Con ese mismo espíritu desafiante es que encaró esta historia sobre la vejez y la memoria, tema poco transitado en el cine de género. “Es interesante pararse en un lugar distinto: si uno es obediente al mercado termina siendo aburrido, intrascendente. Y la vejez es uno de los tres actos de la vida. El mercado obviamente le esquiva a la vejez, no le gusta, no le conviene, no vende. Pero no se puede negar. Entonces, por qué no contarla desde un lugar diferente a los abordajes habituales: suele contarse desde una melancolía rancia o desde la decrepitud y la fatalidad. Por qué no hablar de una redención. Porque como decía Oscar Wilde: ‘A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante’. Es una frase hermosa y tiene que ver con llegar a la muerte vivo, y no vivir en estado de muerte, que es lo que el mercado pretende adormeciéndonos”.
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