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Séptimo Día |ORIGEN Y UTILIDAD DE LAS PRENDAS DE VESTIR

La importancia de la ropa en el destino de la humanidad

El ser humano desnudo carece de futuro social. Coincidencia entre Mark Twain y Jacques Lacan. Michelini Bernardini, la primera mujer que usó un explosivo bikini

La importancia de la ropa en el destino de la humanidad

La ropa ha tenido un rol clave para la humanidad a lo largo de los años / wikipedia.org

MARCELO ORTALE
Por MARCELO ORTALE

19 de Marzo de 2023 | 07:28
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“La ropa hace al hombre, las personas desnudas tienen poca o ninguna influencia en la sociedad”, dijo Mark Twain (1835-1910), el novelista y periodista estadounidense que supo mucho de casi todo y que ya podría ser considerado un clásico en la literatura. Más acá en el tiempo, Jacques Lacan (1901-1981) lo dijo sintéticamente: “El hábito hace al monje”. El uniforme hace unidad con el ser que lo lleva.

Como anécdota puede señalarse que se volvió popular en la TV una serie documental –“Supervivencia al desnudo”- en la que varones y mujeres deben aprender a sobrevivir sin ropa alguna en una selva o en un inhóspito desierto. Nunca los ve nadie en esa aventura ficcionada.

Sin embargo, por algún motivo, desmienten el título de la serie y aplican sobre cada uno de los protagonistas los “retoques digitales” del caso, para ocultar sus órganos sexuales. Sin que sea un chiste, el título más justo para ese documental debió haber sido “Supervivencia al desnudo, pero no tan desnudos”.

¿Por qué ese veto parcial a la desnudez? ¿Es por mera censura o por no caer en lo que dice Mark Twain, es decir en exponer la insignificancia intelectual de una persona desnuda? La desnudez no actúa como coraza social, no es una investidura apta.

 

No se trata en modo alguno de cuestionar la desnudez, como expresión sustantiva de la belleza humana, sino de advertir que si la humanidad no se hubiera vestido –como lo afirman muchos autores- ya se habría extinguido.

 

NACIMIENTO DE LA ROPA

La ropa nació para que el hombre se desarrolle. El vestido surgió como una necesidad. Las hojas de una parra sirvieron en el paraíso como taparrabos, fueron el primero de los trajes humanos. Un traje no tan efímero ya que centenares de tribus indígenas lo usaron desde entonces. Pero después, frente al frío del invierno, frente a los hielos y nieves, la mayoría de las criaturas adánicas necesitó abrigarse.

En la historia de la moda enseñan que aquellos hombres y mujeres desprotegidos debieron matar al oso o al búfalo, al gran animal, para desollarlos después y usar sus pieles.

Como el cuero se resecaba, había que hacerlo flexible, dócil al movimiento del cuerpo. Así que masticaron el cuero, lo humedecieron, lo golpearon con piedras y mazos, utilizando también grasa de ballena o taninos vegetales para volverlo suave. Allí nació la primera vestimenta, el ancestro de los tapados y sobretodos.

Y así, vestidos con ese abrigo tosco, mujeres y hombres pudieron tener, como sostuvo Twain, una mayor influencia en la sociedad. La humanidad, para desarrollarse, para progresar, adoptó a la ropa. Así, vestidos, unos y otros se vieron más aptos para avanzar hacia una historia mejor.

Aunque todavía estaban descalzos, entre guijarros y espinas. Así que cortaron tiras de los cueros y crearon la primera sandalia, a la que sumaron correas para sujetarlo al pie.

Después vendría la crépida de los griegos -un calzado de la antigüedad clásica, que de Grecia fue importado a Roma en el siglo III y a Hispania durante la época imperial, que consistía en un zapato llano que se ataba con correas por encima del pie. Y llegarían los suecos, las botas, los mocasines, las zapatillas antes económicas y hoy supercaras.

El de los tacos altos es un tema interesante. ¿Fueron mujeres las que lo crearon? No, fueron los varones. Los zapatos con taco alto nacieron por una necesidad de los soldados, en este caso de los fieros hititas, que vivieron entre 1500 y 1200 años a.C., en la región de Anatolia, actual Turquía. Los guerreros pidieron ese taco alto para poder afirmar bien el pie en el estribo de sus cabalgaduras y tener así las manos libres para manejar sus arcos.

Después se conoce el caso de Luis XIV, el llamado Rey Sol de Francia, que los incorporó a su vestuario porque los zapatos con taco alto eran símbolo de masculinidad, de poderío y de privilegio real.

El Rey Sol le pidió a su zapatero que los hiciera de color rojo. Pero es claro que Francia siempre mandó en cuestión de modas, así que las mujeres se hicieron cargo después de usar el taco alto en sus afilados y costosos zapatos.

El reloj de la historia también corrió y más adelante vendrían las calzas, los pantalones, las polleras, la ropa interior, las medias, los sacos y camisas, las corbatas y los múltiples accesorios de la ropa: miriñaques, sombreros, bufandas, guantes, pañuelos para la cabeza y el cuello, cinturones, bolsos, carteras, el auge de las modas de vestir.

La indumentaria sometida al trajín febril y creativo de modistos y modistas, apuntalados ya no sólo por la aguja, el hilo y las máquinas de coser, sino por el aporte de la computación, de la electrónica aplicada.

 

La ropa no sólo sirvió para ganarle al frío. Fue parte de la lucha de la mujer por sus derechos

 

LA BIKINI, LA BOMBA

Las mujeres pasaron años “entre que sí y que no”, con las mallas de dos piezas. Finalmente se animaron con un traje de baño de dos piezas, pero cuya parte de abajo cubría el ombligo. El ombligo marcaba el límite de lo posible. Esa malla fue usada antes de 1946 por Ava Gardner, Rita Hayworth y algunas otras atrevidas.

Pero lo que vino después superó lo imaginable. Los expertos dicen que el bikini creado por el francés Luis Réard fue el salto más grande de la moda hacia la modernidad. Se animó a usarlo el 5 de julio de 1946 una stripper italiana, Michelini Bernardini, que se mostró en público por primera vez vestida con esta mini malla que se animó a todo. Antes que nada, la Bernardini se casó luego con un estadounidense y vive todavía en los Estados Unidos. Hoy cuenta con 95 años de edad.

Jacques Lacan / Web

Pocos días antes de ese desfile, se había hecho estallar en forma experimental una bomba atómica en el atolón de Bikini, repitiéndose luego hasta pasada la década del 50 una veintena de estallidos similares. Aquella primera prueba originó una verdadera conmoción mundial, porque poco antes había finalizado la Segunda Guerra Mundial, con el epílogo nuclear de Hiroshima y Nagasaki.

Allí la stripper le avisó al creador de la malla que “la foto que me saquen va a tener más repercusión que esta bomba que hicieron estallar en el atolón de Bikini…”. No sólo tuvo razón, sino que el modisto francés Réard le puso ese nombre, Bikini, a la ya famosa malla.

 

Las mujeres pasaron años “entre que sí y que no”, con las mallas de dos piezas

 

LOS ESCRITORES

En un artículo titulado “La moda sacada de los libros: Las más grandes musas de la literatura clásica”, la escritora Jackie Mallon dijo lo siguiente: “Para cualquiera que pueda argumentar que la moda es trivial o espumosa, su peso en la literatura no puede ser subestimado. Acabo de asistir al Festival Literario Franco-Irlandés, donde periodistas de Vogue y Elle discutieron con novelistas y guionistas la importancia de la ropa en la narración”.

Aparecen entonces nombres y testimonios como los de Virginia Woolf: “La ropa tiene oficios y usos más importantes que simplemente para mantenernos calientes; Ellos cambian nuestra visión del mundo y la visión del mundo que existe sobre nosotros”

En esta relación entre la ropa y los libros, es infaltable citar a Oscar Wilde: “La moda es una forma de fealdad tan intolerable que tenemos que cambiarla cada seis meses”, dijo, presagiando de ese modo la ansiedad inevitable por consumir lo nuevo.

Oscar Wilde

La Mallon dijo que Wilde predijo en 1887 “que el vestido de ambos sexos sería asimilado con mujeres que abrazarán el estilo masculino”, para añadir que el modo de vestir de Wilde –“sombrero de alas anchas, largos mechones y terciopelos suntuosos”- atraían tanto como sus novelas y obras de teatro, pero que también incidieron para que “aterrizara en la cárcel de Reading”, condenado por una sociedad victoriana que consideraba a la homosexualidad como una “aberración” y una “indecencia grave”.

La ropa no sólo fue para vestirse, para ganarle al frío. Fue también parte de la lucha de la mujer por sus derechos. Las primeras mujeres que hace dos siglos defendieron el uso igualitario del pantalón fueron agraviadas, perseguidas, tachadas como masculinizantes, defensoras del amor libre. Finalmente la ropa hizo al varón y a la mujer por igual. Como dijo Twain, igualados unos y otros por una ropa común están influyendo en la sociedad.

 

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