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¿Es posible pensar una Argentina sin educación?: la cruel ausencia en el Pacto del 25 de Mayo

¿Es posible pensar una Argentina sin educación?: la cruel ausencia en el Pacto del 25 de Mayo

La manifestación en defensa de la universidad pública / AFP

Margarita Stolbizer

12 de Mayo de 2024 | 03:41
Edición impresa

Diputada Nacional / Partido GEN

En la Asamblea Legislativa del 1 de marzo, el Presidente Milei abrió las sesiones ordinarias realizando una convocatoria a los representantes del Pueblo y de las Provincias reunidos en esa Asamblea: “Es necesario un nuevo pacto fundacional para la República Argentina”. El Pacto fue anunciado luego de las maratónicas sesiones de enero y febrero y de la votación interrumpida prematuramente cuando el oficialismo retiró el proyecto ante el riesgo de perder definitivamente la sanción de la llamada Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los argentinos.

Una vez más, eligió hacerlo de manera grandilocuente, demasiado ampulosa, aunque con bajo contenido.

Una vez más se trata de buscar poner en evidencia a la política, o bajo sospecha, casi obligando a adherir, en lugar de buscar un acuerdo sobre el diagnóstico acerca de los problemas y de las medidas para resolverlo. Siempre jugando al límite y casi en formato de extorsión.

Luego de los decretos de necesidad y urgencia y el fracaso legislativo, era más esperable un gesto de humildad y convocatoria al diálogo, que no existió. Ahora, con algunos meses de gobierno, ya sabemos que son gestos que no vamos a encontrar.

De este modo, el 25 de mayo y en la Ciudad de Córdoba, las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires deberían encontrarse para firmar un instrumento más parecido a un contrato de adhesión que a un acuerdo para la reconstrucción de las bases (políticas, sociales, económicas, institucionales) de Argentina.

El documento ofrecido por el Presidente es apenas un enunciado de diez títulos sin contenido. Nueve refieren a la economía y afines. Uno a la reforma política estructural. Para sorpresa de muchos, la Educación está ausente en esos 10 puntos que se presentan como Bases para un proyecto de Nación.

Una ausencia cruel

No es difícil entender que para Milei la Educación no constituye una base sobre la que reconstruir la República. No hacía falta esta cruel ausencia entre los 10 puntos para saber que el Presidente puede pensar un país en el que los ciudadanos se educan o no.

Hasta se podría entender que eso cree sobre el ejercicio de la Libertad para que cada cual haga y se arregle como quiera. Está claro que eso no es constitutivo de una Nación que requiere de identidad, valores y hasta de una visión común. Donde no puede estar ausente el papel de la Educación.

Tal como lo dijo el Presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, tampoco se puede hablar de la libertad de quienes no tienen para comer o dónde y cómo vivir. No se puede hablar de libertad sin igualdad y sin un estado que garantice condiciones y posibilidades.

La enorme reducción en la inversión en Educación se hizo en estos meses de modo directo e indirecto. Aunque el vocero Adorni a veces se confunda, el Estado Nacional financia la educación superior de manera directa y la educación inicial, primaria y secundaria a través de la coparticipación a las provincias. Es importante hacer esta distinción para aclarar un poco. El planteo acerca de si el Estado debe financiar la escuela primaria o si debe responder al reclamo por las universidades hecho por clase media egoísta es absolutamente falaz. Se trata de dineros que proceden de distintos presupuestos pero al mismo tiempo confluyen en la misma (no)decisión política de financiarla.

 

Hijos e hijas de la educación pública en distintos niveles han sido Borges, Favaloro, Leloir...

 

La defensa de la educación pública

El 23 de abril las calles se plagaron de estudiantes y docentes de todos los niveles, acompañaban los partidos políticos, las agrupaciones sindicales y la sociedad en general. Distintas clases sociales, edades, géneros, profesiones u ocupaciones de todo el país salimos a defender lo que es nuestro diferencial, la verdadera base fundacional de nuestra República. La educación pública, junto con la salud, han sido los grandes bastiones que nos han permitido avanzar a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y lo que nos sostiene de la caída más abismal en el siglo XXI.

Hijos e hijas de la educación pública en distintos niveles han sido Borges, Cortázar, Cecilia Grierson, Houssey, Favaloro, Leloir y muchos de los que construyen este país en el día a día. Tengo el orgullo de poder recordar a mis padres, egresados como médicos de la Universidad de Buenos Aires en la primera década del siglo pasado, y murieron, ambos, en el trayecto a atender sus pacientes en el hospital público.

El valor del conocimiento, del saber y del trabajo, que nos dieron un lugar de reconocimiento en el mundo y la seguridad de aquel gran valor que también nos distinguió: es ascenso social que permitió durante varias generaciones el progreso de los hijos por sobre el esfuerzo de sus padres.

Todo eso que ponemos en valor no constituyen, sin embargo, ninguna de las premisas sobre las cuales el nuevo gobierno piensa volver a levantar los cimientos de la Patria.

Alcanzar altas tasas de escolarización tanto en argentinos como en hijos de inmigrantes, la profesionalización de los maestros, las materias a dictarse en las escuelas, eran los objetivos que se buscaban en el Congreso Pedagógico Internacional que se llevó a cabo en Buenos Aires en 1882 y se plasmaron en la Ley 1.420 de 1884.

Antes que las discusiones acerca de las escuelas y sus maestros se había fundado la Universidad de Buenos Aires en 1821 y la Universidad Nacional de Córdoba fue fundada en 1613 bajo la tutela de los Jesuitas.

Sarmiento sostiene en el Informe III que presentó en el Consejo Nacional de Educación en 1880 que era necesario trascender los límites porque debía crecer la matriculación de toda la población infantil y obtener una asistencia cotidiana regular establecida por ley. El acento estaba puesto en estos dos objetivos que dependían también de la capacidad de recepción de las escuelas, de los recursos destinados a la educación y del consenso de la sociedad toda sobre la importancia de la educación.

 

La educación fue el sueño de nuestros fundadores, desde el más liberal al más conservador

 

¿Es posible, por lo tanto, pensar una Argentina sin educación? Creo que iríamos en contra de los valores internacionales que persiguen la educación en la sociedad del conocimiento para el crecimiento de sus países. Pero aún incluso desde el punto de vista económico, también estaríamos yendo en contra de la re-fundación de nuestra Argentina. La educación fue el sueño de nuestros fundadores, desde el más liberal al más conservador. La educación es lo que permitió que los inmigrantes crecieran en nuestra tierra y que fuese el lugar donde querían estar. La educación es lo que nos dio premios Nobel, lo que nos distinguió y jerarquizó.

Argentina no puede ser el país en el que la mitad de las niñas y niños de 3er grado no entienden lo que leen, ni el país en el que los adolescentes abandonan la escuela. Esas infancias un día serán adultos que no pueden leer contratos de alquiler, de trabajo, que no entenderán los manuales de funcionamiento de las máquinas, que no irán a la universidad y que, incluso, pagarán menos impuestos. Pensar en un país sin educación es entregar nuestro futuro.

La educación debe volver a ser el motor de nuestro país.

Ese debe ser el desafío a sellar en un Pacto del 25 de Mayo. Sin Educación no hay proyecto de Nación. Tampoco habrá Libertad.

Sin Educación el Pacto del 25 solo será humo.

No perdamos la oportunidad.

 

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