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A Cinalli se le cumplió el sueño

No caben dudas que el domingo 21 de noviembre de 1999 va a quedar grabado a fuego para Carlos Cinalli. Por que pasó por uno de los momentos más importantes para todo jugador, como es cumplir el sueño del debut. Ese ansiado primer partido, anhelado durante años y forjado por el esfuerzo de cada integrante de la familia que en algún momento hizo algo para que "el nene" pudiese cumplir con el entrenamiento. O que se banco a su lado la operación de pubialgia hace un tiempo.
Y ayer, no hubo gente más feliz en el mundo que la que vive en 121 y 36, en pleno Barrio Hipódromo. Fue un atardecer espectacular, y esa zona fue poco menos que un carnaval. Para muchos hinchas fue un triunfo más, pero para ellos no, fue "el" triunfo donde "Carlitos" hizo su presentación, tuvo su bautismo de fuego cuando todos -y hasta él mismo- menos lo esperaban.
Para aquellos que no saben su historia, fue goleador en novena, octava, séptima, y en sexta solo jugó tres partidos porque luego lo operaron de pubialgia, aunque igualmente alcanzó a gritar un gol. Es delantero, pero ayer Gregorio lo puso como carrilero por derecha y pasó a engrosar la lista de pibes que el uruguayo subió. Atrás quedaron los casos de Barclay, Molinari, Guidi, Giménez y Mansilla, estos dos último integraron el banco pero no entraron.

"Fue algo increíble"

Ya desde el momento en que Gregorio lo confirmó para concentrar, a Carlos -delantero, categoría '81, goleador en casi todas las divisiones-, el cosquilleo en la panza no le paró nunca. "Fue algo increíble, no lo podía creer, pero de a poco todo se me fue pasando", comentó mientras recibía el vaya saber que número de saludo, parado en la puerta de su casa.
Lo primero que comenta fue la espera y su primera concentración. "Y, fui el centro de todas las jodas, pero fue muy lindo. Me hicieron bromas todo el tiempo para que yo no este nervioso y la pase lo mejor posible. La verdad que lo de todos los compañeros fue espectacular", señala con los ojos aún brillosos. "Estuve en la pieza con el Topo, Alonso y el Yagui, y la verdad es que me alentaron mucho. Me decían que este tranquilo, que hiciera lo mismo que hago en inferiores, que la diferencia era que había un poco de presión por la gente, pero que no me preocupara y que confiaban en mí".
Y en estas primeras horas con el plantel, hasta le pusieron un sobre nombre: "Marujo", por el parecido con Otero, un jugador uruguayo. De más está decir que provino de la "barra" uruguaya mens sana.
Otra imagen que dispara como si fuese una foto de esa tarde inolvidable, es cuando corrían 40 minutos del complemento y Gregorio lo mandó a la cancha y el número "26" apareció en la vista de todos. "Se me cruzaron muchas cosas en ese momento, por que a principio de año arranqué jugando, después no jugué más y no se por qué, y no iba ni al banco. Y de pronto esta posibilidad, que querés que te diga, no lo podía creer", comenta con total sinceridad. "Y encima -añade- me toca entrar por Troglio, un jugador que ha estado en River, la Selección, en Italia. No, fue impresionante".
Al fin y al cabo ya estaba en la cancha y esos casi 7 minutos que jugó, le resultaron hermosos, y si hasta tuvo una jugada de peligro. "Vino el centro desde la izquierda y lamentablemente la pelota me sobró y después no sé, me caí y me reí de los nervios por ahí", recuerda sonriendo.

Con hinchada propia

Y la gente tuvo un detalle particular. Sabía que era su debut y desde que entró, lo apoyó y le dio su aliento en cada pelota que intervino. Pero Cinalli tuvo su hinchada propia. "A la cancha fueron mis viejos, mi hermano, mi novia, mi tía y varios amigos" cuenta, mientras en el hogar de los Cinalli -adentro y en la puerta de su domicilio- todo es alegría.
No hubo un vecino que no se acercara a saludarlo cuando llegó, autos tocando bocina paraban en la puerta de su casa y hasta algún amigo hincha de Estudiantes en broma le dijo, "Che, no andamos muy bien, porque no te venís a jugar para nosotros", y obviamente solamente contestó con su cabeza, haciendo un "no" rotundo y mostrando su fanatismo por su "Lobo" querido.
Ahora mira confiado el futuro. "Quiero seguir trabajando con todo y con muchas ganas para tratar de quedar en el grupo". Y tras esta respuesta se fue con los suyos. Para esta altura su casa era una fiesta, la alegría más pura, de familiares y amigos, que compartieron ese día que quedará grabado a fuego para él.

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