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“El problema de la oposición es la falta de ideas y representatividad”

Así lo asegura el filósofo Tomás Abraham. Y afirma que el único modelo del Gobierno “es el venezolano”

31 de Marzo de 2013 | 00:00
“AHORA HAY UNA IMPRONTA CULTURAL QUE DIVIDE A LA SOCIEDAD ENTRE LEALES Y HEREJES SEGÚN SU POSICIÓN SOBRE LA HISTORIA ARGENTINA Y EL PASADO INMEDIATO”, DICE TOMÁS ABRAHAM
“AHORA HAY UNA IMPRONTA CULTURAL QUE DIVIDE A LA SOCIEDAD ENTRE LEALES Y HEREJES SEGÚN SU POSICIÓN SOBRE LA HISTORIA ARGENTINA Y EL PASADO INMEDIATO”, DICE TOMÁS ABRAHAM

Tomás Abraham es reconocido como un intelectual comprometido, provocador, que no rehuye ningún tema por más polémico que sea. Es, de hecho, uno de los intelectuales que protagoniza las discusiones políticas más fuertes de estos tiempos. Nació en Rumania, pero podría decirse que es un “argento” clásico, que habla y escribe con lucidez sobre asuntos que van desde el arte hasta el fútbol, los medios y la política. Lleva publicados nada menos que 21 libros, el último de ellos “La lechuza y el caracol”, de 2012, considerado como un “contrarrelato crítico” de la versión kirchnerista de la realidad. Es también el artífice de la publicación digital La Caja, una revista de culto de “ensayo negro”. Y sobre todo, un profesor de filosofía de los más respetados con los que cuenta el país.

“¿Cuál es la diferencia entre pensar y provocar? Si una idea no provoca nada, ¿qué tipo de idea es?” (acerca del rol de los intelectuales)

El hombre no se calla nada, como puede comprobar el lector en esta entrevista que concedió a EL DÍA. De hecho, Abraham no hace diferencia entre “pensar” y “provocar” (ver recuadro). Y afirma que “un intelectual puede adherir a un proyecto, pero no puede callarse”. Una respuesta que dedica en esta nota al Frente Amplio Progresista dota de coherencia esa definición.

¿Es posible que perdure la onda de diálogo y convivencia que despertó la asunción del Papa Francisco -al menos en lo discursivo- en la política argentina?

“No hay tal convivencia ni diálogo, tan sólo una puesta en escena bastante humillante por el modo en que se habla de los pobres como si fueran ‘pobrecitos’. Los problemas argentinos agravados durante el doble mandato de Cristina siguen y se agudizan. La oposición, en especial del PRO, cree que con el Papa tienen a un referente nacional que amplía la poca llegada que tiene Macri fuera de Buenos Aires. Lo usan de jefe de la oposición. El Gobierno le sale a disputar la reliquia y descubre que no es tan cómplice de los genocidas como lo reconoce cura villero. Hemos reproducido el pensamiento de trinchera. Hay dos Papas argentinos”.

¿La oposición en verdad busca el consenso o está cómoda en la confrontación?

“Se supone que una oposición se opone a algo. El problema de la oposición no es la falta de consenso sino la falta de representatividad. Por un lado, saca muy pocos votos y cuando consigue algunos los pierde en luchas facciosas. Y por otro lado, la falta de ideas. Dice que con unas pocas medidas correctivas la Argentina se integra al mejor de los mundos posibles, y es evidente que carece de espaldas políticas para iniciar un cambio”.

“El peronismo antikirchnerista no es diferente al radicalismo. Es viejo y está quemado”

¿Cómo observa la trama de la interna peronista? Por caso, la pelea entre la Nación y la provincia de Buenos Aires.

“El peronismo antikirchnerista no es diferente del radicalismo. Es viejo y está quemado. Si Scioli sustituye a Cristina será con la venia de la actual Presidenta. Esta nueva composición y alianza entre sectores no será igual al actual rejunte que agrupa a todos los que quieren un nuevo gobierno”.

¿Hay margen para que una alternativa progresista suceda al kirchnerismo en el poder o la salida será por derecha?

“El FAP no tiene identidad, ni diversidad, porque lo diverso supone una dirección, si no, es un desparramo. En teoría nada sería más lindo que un frente entre una tradición republicana y otra nacional y popular, para llamarlos con nombres adquiridos. Pero creo que una vez en el gobierno, dura lo que dura un estornudo”.

¿Cuál es su opinión sobre la reforma judicial que impulsa el gobierno nacional?

“El Gobierno tiene un solo modelo, el venezolano. Un desastre para los argentinos. Si en Venezuela mejoró la condición de los sectores más pobres a costa del atraso económico y tecnológico, la falta de inversión, el retiro de industrias, el desabastecimiento, y una oligarquía cívico militar, en nuestro país las perspectivas son peores y más crueles porque nuestras posibilidades de crear una sociedad más avanzada y con mejor distribución son infinitamente superiores”.

Así como el menemismo dejó una impronta cultural marcada, ¿cuál cree usted que será el rasgo distintivo por el que se recordará a la década kirchnerista?

“No hubo impronta cultural durante Menem. Lo que dejó se borraba con una esponja. No tuvo política cultural. Pavarotti en la cancha de polo era su paradigma. Sólo los puritanos acusan los noventa como una época en que la gente sólo pensaba en dinero y Miami. Pero en la sociedad sí pasaron cosas, y cuanto menos se las regimente, mejor. En la tele, para dar un ejemplo masivo, estaban Casero y Juana Molina, nada menos. En teatro Federico León. En cine, Caetano. El Bafici no es de ahora. El boom de los libros de historia y de las novelas históricas tampoco es de ahora. Revistas culturales abundaban: V de Vian, El Amante, o la Caja, entre otras. Claro, sin subsidios”.

¿Y actualmente qué sucede?

“Ahora sí hay impronta cultural, un régimen vertical con consignas que dividen a la sociedad entre leales y herejes de acuerdo a su posición respecto de la historia argentina y el pasado inmediato. Por eso funcionan los aparatos de censura en los organismos de Estado. Que subsidien películas o telenovelas se inscribe en una visión staliniana de la cultura. En lugar de ciencia proletaria-ciencia burguesa en la nomenklatura soviética, tenemos cultura de la Corpo vs cultura del pueblo en la visión kirchnerista. La misma Policía con dos uniformes”.

Mariano Spezzapria (@mnspezzapria)

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