Su difícil acceso lo hace uno de los paradores más aislados y top de este balneario. Hay dos formas de llegar que aquí todos conocen a la perfección: una es teniendo alguno de los lotes del barrio cerrado con salida al mar que se levantó hace poco. Y la otra, elegida por la mayoría, es a bordo de una cuatro por cuatro y con la firme decisión de recorrer más de 15 kilómetros por la orilla del mar.
La continua presencia de visitantes subidos en camionetas o cuatriciclos hizo que este parador alejado y natural fuese reconstruyendo su propio límite hacia el norte de estas playas y así ampliando cada vez más su horizonte de lejanía. El extremo norte de Pinamar primero fue bautizado como La Frontera -que sigue siendo aún el lugar más concurrido-, pero muchos amantes de las cuatro por cuatro quisieron ir todavía más lejos e instalaron casi espontáneamente otro parador con un nombre que le hace justicia: El Más Allá.
De esta manera, los casi 70 kilómetros de playa libre que hay hasta Mar de Ajó, última ciudad del Partido de la Costa viniendo desde La Plata y vecina a San Bernardo, se convirtieron en un territorio conquistado por veraneantes jóvenes que buscan la tranquilidad y la adrenalina silenciosa del Norte.
Llegan después del mediodía y se instalan con sus camionetas (en las que nunca faltan las heladeritas cargadas con bebidas y comidas livianas) para desafiar esta geografía inhóspita de arena y médanos. "Cuando yo empecé a venir con mis amigos, hace varios años, no veías a nadie -detalla María Elena-. Estábamos solos y veníamos a pasar el día sin ver a nadie. Pero este verano, como los últimos, la cosa cambió bastante. Es un montón la gente que viene desde Pinamar".
De noche, cuentan quienes se animan a la aventura de venir hasta este rincón a la hora en que cae el sol, el cielo está poblado de estrellas y lo único que se distingue son las fogatas que algunos chicos improvisan a pocos metros de la playa. Todo es oscuridad y silencio, salvo por las luces encendidas de las camionetas o los focos de los cuatro paradores, separados por un kilómetro de distancia cada uno. La Frontera, no hay duda, es lo más parecido a un desierto con vista al mar.
De día, como se dijo, el silencio y la vastedad de este horizonte de médanos -en el que las leyendas cuentan que se pagaron varios rescates- sólo es interrumpido por el rugir lejano de las cuatro por cuatro, algunos buggies que se alquilan en Pinamar y varios cuatriciclos de los pocos que llegan al lugar para comer en alguno de los paradores o para imitar un Dakar a escala pequeña. Desértico y lejano, este parador es una especie de imán para los jóvenes de más de 25 con sus 4x4, motos de agua y cuatriciclos. No hay números rigurosos, pero se estima que a diario llegan aquí casi 200 vehículos con unas cientos de personas que acampan en tierra casi virgen hasta cuando se esconde el sol. Buscando un poco más de tranquilidad. O simplemente un lugar donde despuntar el vicio de los cuatri.
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