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LA CIUDAD

Egresados de la Universidad: el 65 por ciento son mujeres

La proporción ha crecido en forma sostenida durante las últimas décadas. Se reciben antes que los hombres. En las cifras de ingresantes la relación es muy pareja

UNA POSTAL DEL ÚLTIMO ACTO DE COLACIÓN DE GRADO EN CIENCIAS EXACTAS Y DE UNA TENDENCIA QUE CRECE AÑO TRAS AÑO EN LA UNIVERSIDAD: DE CADA 10 EGRESADOS, ENTRE 6 Y 7 YA SON MUJERES
UNA POSTAL DEL ÚLTIMO ACTO DE COLACIÓN DE GRADO EN CIENCIAS EXACTAS Y DE UNA TENDENCIA QUE CRECE AÑO TRAS AÑO EN LA UNIVERSIDAD: DE CADA 10 EGRESADOS, ENTRE 6 Y 7 YA SON MUJERES

Casi el 65 por ciento de los egresados de la Universidad Nacional de La Plata son mujeres. El dato surge de las estadísticas oficiales de la casa de altos estudios y se inscribe dentro de una tendencia que se acentúa año tras año. Más autoexigentes, organizadas y metódicas, según opinan flamantes graduadas de distintas carreras, llegan a la meta antes y en números cada vez mayores respecto de los varones. Es cierto que todo fenómeno es multicausal y que amerita un estudio de fondo que incluya todas las variables. Pero lo real es que, hoy por hoy, de cada 10 alumnos que se reciben en la UNLP, entre 6 y 7 son de sexo femenino, y que si se mira la línea de largada -los ingresantes- no existe tamaña diferencia entre chicos y chicas.

Pasó poco más de un siglo desde que María Angélica Barreda terminó su aprendizaje en la Universidad Nacional de La Plata, el 21 de diciembre de 1909, convirtiéndose en la primera abogada argentina días después de cumplir los 23 años y tras sufrir “la desestima de algunos compañeros y profesores”, como relata el doctor en Derecho por la UBA e investigador del Conicet, Alberto David Leiva, para resaltar la dura pelea que tuvo que dar para poder inscribirse como profesional en la Provincia la mujer que a la postre fue una eminente jurista y líder de la lucha por los derechos femeninos, ya que el entonces procurador general Manuel F. Escobar se opuso a que la Suprema Corte accediera a su matriculación.

LA CARRERA EN TIEMPO Y FORMA

Barreda, que recibió el diploma firmado por Joaquín V. González, hubiese visto con gran beneplácito los datos que dan cuenta de que, en 2011, la sustancial y creciente prevalencia de las mujeres egresadas en la Ciudad sobre los hombres tuvo su mayor diferencia en el renglón “menores de 25 años”, donde las estadísticas dicen que hubo 1.251 graduadas frente a 554 graduados. La distancia se acorta en el segmento “entre 25 y 30 años”, con 1.390 egresadas y 927 egresados. Entre los 31 y los 35 años la relación es de 674 a 402, y luego de los 36, de 410 a 262.

Como se dijo, en el punto de partida las diferencias se achican. En los últimos años, el número de chicas y chicos ingresantes fue similar, más aún teniendo en cuenta que ese universo es mucho más amplio y que luego comienza un importante proceso de desgranamiento. Por caso, el año pasado ingresaron a las 17 facultades 20.661 alumnos, y la diferencia de las mujeres sobre los varones fue de apenas dos mil.

Es precisamente cuando se inicia el desgranamiento donde la mujer comienza a quedar en ventaja numérica sobre el hombre, es decir, bastante antes de llegar al acto de colación de grado. “En el curso de ingreso se ve un equilibrio entre chicos y chicas. Pero a medida que avanza la carrera y empieza el abandono es notorio como se trastoca ese equilibrio, y en las aulas comienza a observarse una supremacía muy grande de las mujeres”, dice Nadia Dicipio, quien ingresó a la facultad de Bellas Artes en el 2007 y el año pasado salió con el diploma de Diseñadora en Comunicación Visual en la mano. Tiene apenas 24 años y ya trabaja en la Universidad y en forma independiente.

Nadia comenta que en el último tramo de la carrera la relación ya es totalmente desproporcionada. “Cuando rendimos el último final éramos diez chicas y un par de varones”, ejemplifica, para opinar que “la mujer se autoexige más con el estudio; se pone metas más estrictas para finalizar en término o conseguir el objetivo. El hombre se recibe, pero se toma sus tiempos, que suelen alargarse porque tiende a comenzar a trabajar en algo relacionado con la carrera antes de terminarla”, apunta la joven.

SE AGRANDA LA BRECHA

Entre 2006 y 2011, último año con estadísticas oficiales, la cantidad de mujeres sobre el total de egresados aumentó en 7 puntos porcentuales. Mientras que en 2006 la relación fue 56.5% a 43.5% en un universo de casi 4.000 egresados, en 2011 llegó a 63.4/36.6 dentro de un universo aún mayor: 5.870 graduados.

Partiendo del 56.5% de mujeres graduadas en 2006 se puede armar una auténtica escalerita: en 2007 fueron el 58.1% del total de alumnos que se recibieron; en 2008, el 59.2%; en 2009, el 59.5%; en 2010, el 61.8%, y en 2011 pisaron el 65.

Un siglo después de que lo hiciese María Angélica Barreda, Estefanía Iotnagliparian salió de la facultad de Derecho con el diploma de abogada. Ingresó a la carrera en 2006 y se graduó en 2011. Hoy, lejos de tener que superar las barreras de la emblemática jurista platense, con 25 años la joven ya trabaja en un tribunal laboral del Poder Judicial “en igualdad de condiciones con los hombres”.

En igualdad de condiciones y de cantidad de profesionales, porque “acá se nota un equilibrio en ese sentido, en cambio, en la facultad sí se ve mayoría de mujeres”, dice, pese a que aclara que en la de calle 48 “te cuesta tener un panorama general debido a que las cursadas son por sorteo. Pero en líneas generales la tendencia es clara en cuanto a la prevalencia de chicas”, afirma y opina, al igual que Nadia, que “se autoimponen una exigencia mayor y se organizan los tiempos para alcanzar la meta más rápido”.

No obstante, Estefanía dice que a la hora de la graduación no observó gran diferencia. “De cada 10, la relación fue de 6 a 4”, comentó.

Y su percepción se ajusta a las estadísticas. Tomando el año 2011 y la franja de egresados menores de 25 años, Derecho es una de las unidades académicas más parejas en cuestión de género: 192 mujeres (62%) y 118 hombres (38%). Muy distinto es el caso de Medicina, con 74%/26%; el de Bellas Artes, también 74/26; el de Económicas, con 82/18, o el de Psicología, con 95/5.

En Veterinaria y Agronomía se registra una gran paridad. Mientras que sólo dos facultades invierten la ecuación, como Informática -8 mujeres y 16 hombres- e Ingeniería -30 y 77-.

Pasando a la ciencias duras, esa ecuación podría revertirse en unos años si continúa la tendencia que se viene registrando en la última década. Según datos de la prosecretaría de Gestión y Seguimiento Académico de Ingeniería, de 6.349 alumnos activos (regulares) registrados hace dos años, 1.195 eran mujeres. Es decir, el 19% del total. En 2000, en tanto, sólo el 10% del estudiantado era femenino.

De esa tendencia da fe Maite Granada, una ingeniera industrial de 25 años que es becaria del Conicet, ayudante de las cátedras de Física III y de Formulación y Evaluación de Proyectos y colaboradora en la Unidad de Investigación y Desarrollo en Ingeniería Civil. “Mis padres son ingenieros, y me cuentan que en su época, en una clase de más de 80 alumnos apenas había 4 ó 5 mujeres. Ahora, al menos en ingeniería industrial, la relación es inversa y llega a un 60/40”, enfatiza la joven.

“Desde que ingresé a la facultad en 2006, cada vez veo más mujeres. Y en clase son las más activas”, dice Maite, quien piensa que las chicas no sólo son “más metódicas” sino que “en general maduran antes, y por ello se adelantan al hombre a la hora de definirse sobre qué quieren hacer”. Y remata: “Creo que la mujer se está animando a romper con muchos prejuicios que existían en la sociedad”. Los números le dan la razón.

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