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Estreno: “Star Wars, Los Últimos Jedi” de Rian Johnson

Episodio 8, la Fuerza te abrocho.

Yo, la peor de todas. (**)

Episodio 8, la Fuerza te abrocho.

“Creo que somos los últimos en la tierra de nuestra clase, por favor no me dejes.”

Especies que Desaparecen, Andrés Calamaro

 

         Los Simpson evidentemente es una serie genial y única. Los primeros capítulos son obras maestras. Por lo general, los últimos episodios son despreciables y cada tanto alguno puede estar bien o ser gracioso. Pero en el caso de que lleguen a ser graciosos, el problema es que se han convertido en otra cosa. Los personajes se han transformado, son otros. Al fin de cuentas, ya no se trata verdaderamente de un capítulo de Los Simpson.

         “Estética renovada”, “evolución”, “nueva mirada personal” dicen los críticos que puntuaron muy bien al Episodio 8 y decretaron que era de la mejores de toda la saga. Si piensan que Star Wars necesita ser renovada estéticamente entonces se les aconseja que vayan a mirar otra saga que le guste más, ya que hay de sobra. Si Star Wars debe evolucionar significa que el Episodio 4 les ha parecido una película mala y primitiva. No lograron ver lo artístico, lo creativo y lo original en ella. Entonces no deberían inclinarse por ver una secuela, y menos pretender apreciarla. Necesitar demasiado una nueva mirada, significa suponer errada la visión suprema de George Lucas. Parece que varios críticos no tienen ni idea de qué se trata Star Wars y nunca pudieron disfrutarla.

        La Guerra de las Galaxias es una saga determinada por el equilibrio y el balance. En principio, se trataba de una trilogía, episodios 4, 5 y 6, que se concluía en sí misma con una lógica y un ciclo total propios. Cuando George Lucas se puso a hacer las precuelas, episodios 1, 2 y 3, tenía un objetivo concreto. Por más que renovó la tecnología en efectos especiales, incluyó nuevos personajes, nuevas mitologías con errores y aciertos, algo estaba en claro. Debían ser películas pertenecientes al universo estético Star Wars. Es decir, otra trilogía que tenga una lógica interna y funcione a su vez en una estructura de 3 trilogías respetando ciertas características y poesías en películas que resonaban unas con otras. De esta manera, el Episodio 4 se emparentaba al Episodio 1, y, a su vez, el 5 dialogaba con el 2. De igual manera, también se intentaba abrazar visualmente el Episodio 3 con el 4. En cambio, el Episodio 8, por pretender ser supuestamente original, por renegar de ser una película dentro de la saga Star Wars pero a la vez valerse de lo extraordinario que la hizo grande, desbarranca, no cumple, trastabilla, cae, se embarra, se mancha y nos da su peor imagen.

        Rian Johnson no tiene una mirada personal ya que no es un autor, y, es más, aquí demuestra no ser un gran director. A partir de esto, Kathleen Kennedy, la diseñadora de producción de Spielberg y Lucas, ya decidió que de aquí en más buscarán directores reconocidos y experimentados para la saga. Las películas de Star Wars merecen ser buenas películas, cinematográficamente geniales. No pueden resumirse a golpes de efecto, vueltas de tuercas innecesarias, personajes intrascendentes, diálogos interminables y un montaje atropellado. A los espectadores de cine, a los espectadores de Star Wars, no nos basta con estar entretenidos. Queremos más.

        J. J. Abrams, director de Episodio 7, lo había logrado. Entendió de qué se trata Star Wars. Entendió sus climas, su ritmo, sus emociones, su lugar en la saga. Abrams no copió la estética de George Lucas cuando lo eligieron para hacer esta nueva trilogía. Lo eligieron porque en su arte se respiraban vientos spielberianos. Lo eligieron porque era de esa clase de directores que están dejando de existir. Directores de ese cine que está dejando de ser. Ese cine que parece querer abandonarnos para ser condescendiente con espectadores ajenos. Ellos tienen sus transformers, sus divergentes y sus juegos del hambre. Ya se llevaron a Indiana Jones y a Jurassic Park. Por favor, no se lleven también a Star Wars.

 

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