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Una opereta cándida

Una opereta cándida

Escena de “candide”, producción del argentino en el porteño coliseo

Por: Nicolás Isasi

27 de Noviembre de 2018 | 02:29
Edición impresa

Con motivo de la celebración del 100º aniversario del nacimiento de Leonard Bernstein, el Teatro Argentino estrenó la opereta cómica “Candide” dando cierre a una temporada que deambuló por distintos lugares de la Provincia, como fue el caso de estas últimas funciones en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.

Basada en el relato escrito por Voltaire en 1759, Bernstein trabajó junto a la dramaturga Lillian Hellman que se encargó de una polémica adaptación que incluye temas políticos, religiosos, éticos y filosóficos. La obra expone la sarcástica crítica de Voltaire al conformismo en sintonía con el rechazo ilustrado a la religión. Todo esto, interpretado en clave contemporánea, desde la perspectiva de un liberal norteamericano. La historia narra las desventuras del joven Candide (Santiago Martínez, carismático, aunque con poca fuerza vocal) en busca de su amada Cunegonde (Oriana Favaro, brillante y con buena proyección) desde Westphalia, pasando por lugares como Francia, España, o Sudamérica, siempre con su tutor el filósofo Pangloss; interpretado por el histriónico Héctor Guedes que también hizo de Voltaire y Martin con gran soltura y pareja emisión. Sin embargo, la figura de la noche fue sin lugar a dudas Eugenia Fuente, con su papel de Old Lady que recordaba a los entrañables personajes de “Hairspray”, con bailarines que la sostenían en brazos cual diva hollywoodense. Su imponente voz y presencia escénica lograron transformar la sala alcanzando una genuina ovación del público.

Si bien la obra nunca supo ubicarse en un género específico, podríamos situarla entre la ópera y la comedia musical, por lo cual opereta sería el término más acertado debido a lo ecléctico de los números que presenta entre una escena y otra a lo largo de los dos actos. Desde aires de gaviota, pasando por cantos de iglesia, secciones a capella, aires españoles, gitanos o arias convencionales. Esa infinidad de entramados musicales logra un pastiche en el cual no se puede identificar un momento crucial o una melodía reconocible, salvo el “Glitter and Be Gay” de Cunegonde. Desde su estreno en Broadway en 1956, obtuvo reacciones opuestas entre el público, al igual que esta semana donde hubo tanto risas en exceso como gente que se levantaba y se iba. En aquel momento las críticas negativas llevaron a que cuatro autores se encarguen de reescribir el texto. Bernstein compuso “Candide” en paralelo a “West Side Story” y ambas se estrenaron con solo nueve meses de diferencia, pero claro que la primera estuvo dos meses en cartel mientras que la segunda fue un éxito que duró más de dos años y vuelve a Broadway en los próximos días. En su momento, la prensa estadounidense escribía sobre “Candide” que “el libreto... parece demasiado serio para el brío y el burlón lirismo de la partitura de Leonard Bernstein”. Y es verdad que en muchos momentos el texto es reiterativo, obvio y excede lo cómico con un sinsentido que ya había tenido su esplendor en los años del surrealismo para la pintura y el cine, o con el absurdo en piezas teatrales como las de Ionesco.

Pablo Druker hizo una cuidada lectura orquestal, en la que se destacaron los aerófonos de madera y la percusión. Su batuta fue correcta y prolija, excepto un pequeño desfasaje en el tempo en la escena coral del “Auto-da-fé (What a day)” donde pretenden ahorcar a los protagonistas. La puesta de Rubén Szuchmacher prometía mucho desde la escena inicial con la presentación de los protagonistas, el beso, la demostración de la clase o los juegos de luces de Córdova, quien dejó su firma en el brillo de la luna. Pero a medida que pasaban las escenas, aparecieron varios aspectos descuidados como los personajes estáticos durante largas arias, dúos, o escenas de conjunto, problemas de coordinación y movimiento del coro o falta de ritmo entre las escenas. La infinidad de telones (muchos visibles en simultáneo desde las primeras filas por la falta de bambalinas) con puntos de colores en diferentes tamaños hacían clara referencia a la obra de Lichtenstein, en una estética pop diseñada por Ferrari aun cuando el libreto original se sitúa en el siglo XVIII (ese detalle solo lo vemos en el atril y en la vestimenta de Voltaire que lee a la vez que se cambia de peluca). El problema no está en la traslación temporal, sino en la falta de código común entre las intervenciones de los personajes, actuaciones o la participación del coro que no sigue esa premisa de cómic mediante la actuación.

Cierra la temporada, termina la gira. Todavía continúa la lenta restauración que se supone llegaría a su fin a mediados del año próximo con la reapertura de la Ginastera, donde el público podrá disfrutar del Teatro Argentino como corresponde, en su verdadera casa.

El director musical Pablo Druker hizo una cuidada lectura orquestal en “Candide”

 

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