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Entre llantos, los cuidadores del zoológico la despidieron

Este lunes Pelusa se despidió para siempre del suelo platense. Si bien no pudo concretar su sueño de llegar a aquel santuario de paquidermos en Brasil, en su gran memoria de elefante seguramente se llevará consigo todos aquellos momentos de alegría que vivió junto a miles de niños 

Entre llantos, los cuidadores del zoológico la despidieron

Un fuerte sentimiento de tristeza invade por estas horas el corazón de miles de personas que se mantenían expectantes por lo que pudiera pasar con Pelusa. Finalmente, tras varias horas de manifestar un malestar generalizado, Pelusa dejó de existir. En la memoria de todos los que la conocieron quedará el recuerdo de aquella elefanta que vivió más de 50 años en el zoológico platense periodo en el que recibió la visita de miles de vecinos de la Región y otros tantas familias del interior bonaerense y otros sectores de la Argentina. 

Las horas más amargas las sufren las personas que pertenecían al círculo íntimo del paquidermo: sus cuidadores, que más que trabajadores del zoológico eran su familia. Así lo consideraban ellos por que según cuentan así se los hacía sentir Pelusa. El grupo que siempre estaba a su lado atendiendola recordó con una tristeza entremezclada con risas nostálgicas aquellos hermosos momentos que vivieron cuidando cada detalle de la vida de este ejemplar. 

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Desde aquella jornada en que le dio un trompazo a uno de los cuidadores por no prestar atención, pasando por la voracidad con la que se bebía sus 20 litros té matutino en los meses de invierno y sus juegos de verano con las mangueras, hasta los episodios de furia y enojo que tenía cada vez que le tocaban el tacho de 20 litros abollado que había elegido como juguete. 

La elefanta murió este lunes poco antes de que el reloj marcara las 23.00. Según la información que dieron a conocer los especialistas la salud de Pelusa estaba muy frágil. Si bien la enfermedad que padecía en sus patas fue uno de los factores que contribuyó a su recaída, su avanzada edad también le jugó en contra al paquidermo. 

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Este último periodo en la vida del animal comenzó el sábado cuando toda la Región se puso en alerta una vez que se conoció que Pelusa se había echado por primera vez en dos años. El hecho generó una gran preocupación debido principalmente a que este no es un comportamiento típico de estos animales. La mayor parte de su vida duermen de pie y es por ello que causó una sensación de estupor el hecho que haya decidido reposar acostada en un sector del zoológico. 

Conforme fueron avanzando las horas, los veterinarios y especialistas que estaban pendientes de cada detalle de Pelusa se mostraron esperanzados con la posibilidad de que la elefanta pudiera reincorporarse. En todo momento advertían que Pelusa debía demostrar su voluntad de querer pararse y que no la iban a obligar a hacerlo. Sólo podrían intervenir en el caso de que la elefanta quisiera ponerse de pie y no pudiera hacerlo por sí misma. 

Pero esa tan anhelada voluntad de reincorporación nunca llegó. La salud de elefanta continuó en descenso hasta el punto en el que el cuadro se volvió irreversible. Los primeros indicios que permitían vislumbrar este triste final fueron los exámenes que se realizaron el día domingo. Los estudios tanto de orina como sangre describían por sí mismos la gravedad de la situación. 

Este lunes, su "familia" se comenzó a despedir porque en el aire se percibía que la vida de la ilustre ciudadana platense se acercaba al final. Cerca de las 21.00 se dio a conocer que su salud se encontraba muy debilitada y que el animal había comenzado a padecer algunos dolores y molestias. 

Debido a que ninguno de los cuidadores quería que sufriera, se realizó un concejo con el objetivo de definir un curso de acción que evitara que Pelusa sea sometida a una larga agonía. Tanto los especialistas que estaban junto a ella en el zoo platense como los veterinarios que desde el santuario en Brasil monitoreaban su estado, concluyeron en que lo mejor era dejarla dormir para siempre.

Fue en este marco que se convocaron a las autoridades de la Ciudad, a la Justicia platense y al Defensor del Pueblo quienes avalaron el procedimiento. 

En medio de un clima de profundo dolor, los cuidadores de Pelusa administraron una pastilla que ralentizó el ritmo cardíaco paulatinamente hasta generar el cese definitivo de la función del órgano. Una vez que la pastilla fue entregada a la elefanta se continuó monitoreando su sistema circulatorio hasta que se constató que su corazón dejó de latir. 

Este lunes Pelusa se despidió para siempre del suelo platense. Si bien no pudo concretar su sueño de llegar a la "tierra prometida" en aquel santuario de paquidermos en Brasil, en su gran memoria de elefante seguramente se llevará consigo todos aquellos momentos de alegría que vivió junto a miles de niños. 
 

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