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DESTACADO DE LA CARTELERA

“Temporada amarilla”: cruza el charco una historia “de resiliencia”, entre la ficción y la realidad

Referente de la escena uruguaya, Coco Rivero trae un unipersonal autoficcional sobre un hombre que busca reinventarse

coco rivero en una escena de “temporada amarilla”, de y por Leandro Martínez

Actor, director, docente y dramaturgo, Coco Rivero es una de las figuras referentes de la escena uruguaya, quizás aquí más conocido por haber estado detrás de Agarrate Catalina, entre otras murgas. Tras trece años alejado de la interpretación, dedicado de lleno a la dirección -de teatro, ópera, espectáculos musicales, espectáculos multidisciplinarios y de carnaval- regresó a la actuación de la mano de “Temporada amarilla”, el unipersonal que escribió y dirige Leandro Martínez, una historia autoficcional que habla de un hombre que busca reinventarse.

La obra, que tendrá una única función en La Plata el sábado en Teatro Estudio, 3 entre 39 y 40, cuenta la historia de José, un hombre al que le diagnosticaron cáncer. En ese tiempo, un amigo suyo le propuso: “Vos que sos lo que sos, tenés que hacer algo con este dolor”. A partir de ahí comienza una aventura donde el teatro y la vida se confunden.

Porque Rivero, al igual que José, también atravesó un diagnóstico de cáncer, y fue en medio de esas sesiones de quimioterapia que lo dejaban por el piso cuando decidió embarcarse en “Temporada Amarilla”: el intento apasionado de un hombre de recuperar la confianza, de ser querido, de reinventarse para que nazcan células nuevas.

En diálogo con EL DÍA, Coco, egresado y docente de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD), de la cual fuera su director artístico entre 2009-2011, definió al monólogo como “un historia sobre la resiliencia” que lo desafió a “ponerle el cuerpo al suceso concretamente después de muchos años” más aún cuando su cuerpo “fuera el campo de batalla de muchas pequeñas guerras que cuenta la obra”.

En este sentido, consultado por la línea entre lo real y lo ficcional de esta historia aseguró que el trazado se torna un juego, “en el que están mis músculos, huesos y venas” en consideración, no así él, persona, sí él, actor. “Yo no juego. Juega un personaje que se llama José en este caso, pero podría ser Hamlet, o cualquier otro. Los personajes son creaciones producto del trabajo dentro de un equipo y en un momento histórico preciso. Tiene el entrevero natural de la creación en un momento de la vida de alguien. A eso hay que sumarle que el instrumento y el instrumentista (en el caso de la actuación) es el mismo. Yo soy el instrumento. Por lo tanto todo es a la vez ficción y realidad. Y va más allá del tema que trate la obra. Eso hace que nuestro oficio sea profundamente intenso. Y que además existan muchas formas de abordarlo prácticamente. Yendo a la respuesta concreta: a veces es un hilo muy fino y a veces es un océano”.

Rivero, que ha trabajado además en cine, radio y televisión, confesó que “atravesó su temporada con el cáncer” a pura actividad. “Durante mucho tiempo, años, pensaba y me retorcía pensando en enfermedades que me llevarían a la muerte, y como antídoto vivía al palo. Cosa que sigo haciendo hoy. Me gusta vivir a pleno mi vida. Cuando me dijeron ‘tenés cáncer’ y comenzamos con la quimioterapia, todo tomó otro sentido. Todo lo que me inyectaban era muerte. Líquidos que arrasaban con lo malo y también lo bueno que había en mi cuerpo”, contó.

Esa experiencia decantó en dos cosas. “No paré de dar clases en la EMAD y Leonardo me invita a empezar a ensayar esta obra. Tuve suerte. Los seis meses que pasaron desde que me dijeron tenés cáncer, me operaron y el tiempo de quimio los atravesé creando. Después te das cuenta que tenés cáncer para toda la vida. Algunos tenemos suerte y seguimos viviendo otro no tienen esa suerte y mueren. Ahí resuenan las palabras de Primo Levi: ‘Tuve la suerte de estar en un campo de concentración…’ para aprender. Venimos a aprender. Lo que no nos gusta, lo que no sabemos, lo que ignoramos”, reflexionó.

En “Temporada amarilla”, sin embargo, el cáncer no es ni de cerca protagonista. La historia va más allá, circula por otro carril. “Cuando Leonardo me propone hacer la obra, el nombre del proyecto era ‘Fénix’. La idea de renacer de lo que quedaba. Ya la primera célula de creación no admitía golpes bajos sino poesía. La idea nos invitaba a jugar con los fantasmas de la obra con frescura y profundidad; y esa forma de entrar en juego está en las antípodas de los golpes bajos. Y además porque detestamos los golpes bajos y nos gusta la poesía. Desde ahí queremos conectarnos y jugar con la platea. Podríamos decir que esa consigna de creación es casi un credo”.

Personajes como Shakespeare, Troilo, Simone de Beauvoir, Primo Levi y Jorge Drexler son parte de esta historia, con palabras, músicas, poesías “como fundadoras de vida en la batalla que libran” los personajes de la obra. Además de José aparece Celina, que en el viaje lo confunde con su hijo.

La pieza, que lleva dos temporadas en Uruguay y que ha traspasado el charco con el deseo de continuar ofreciendo funciones por estos lados, comienza con puntos suspensivos que invitan a una especie de siga su propia aventura, con el protagonista rezando “tuve la suerte de…”.

-¿De qué creés que tuviste suerte?

-De muchas cosas. De tener una hija y un hijo maravillosos, de estar vivo, de hacer lo que amo, de poder vivir y viajar gracias a lo que amo. Pero creo que tengo una gran suerte de tener una voz, y que esa voz sea escuchada. Pero esa suerte también es una gran responsabilidad.

Multifacético y detractor de las auto definiciones, está entusiasmado con la idea de sacar de su lugar de origen a la obra que, según detalló, “sigue viva, se mueve, nos sorprende”. Con muchas funciones por delante, consideró que es bueno “salir, viajar, cambiar de aire. Jugar en terrenos desconocidos”, sentir el vértigo que “la posibilidad de que no funcione” acarrea, “de fracasar estrepitosamente, de que te aplaudan a rabiar: es un salto al vacío”.

En carpeta, Coco se enfrentará a “muchas cosas, por suerte”, entre ellas, están los ensayos de “Barcos de papel”, un espectáculo musical para niños de la cantante uruguaya Laura Canoura que dirige y se estrena a fin de junio; una gira con “Temporada…” de diez días por México, después del mundial, donde además daremos un taller de actuación de 4 días, y luego su reposición en Montevideo. Más adelante terminará comenzará a ensayar “La refinada estética de los hijos de puta” de Jimena Márquez en la que hace de padre de familia y que estrenará en septiembre; y otras tantas yerbas que lo mantendrán bien ocupado. Viviendo. Que no es poco, y es para celebrar.

La primera célula de creación no admitía golpes bajos sino poesía. Jugamos con los fantasmas de la obra con frescura y profundidad”

Coco Rivero

 

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