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Recibió dos impactos de los cerca de 20 que dieron en su coche

En Romero, a metros de la cárcel, una lluvia de balazos con un conductor herido

El ataque se produjo desde otro vehículo, al mediodía, en 526 y 179. Manejan una hipótesis de robo pero no descartan una venganza

La carrocería del senda con las marcas dejadas por una lluvia de tiros / el DIA

A un lado el encierro, al otro el campo, el sol. En el medio de la calle, la violencia que dejó como un colador el auto de un pescador cuya vida ya habría sido tocada por las penurias de ese escenario y ahora lo dejó internado en un hospital.

La locura estalló en el mediodía apacible, con sol a pleno, entre los invernaderos y el área de acceso a la Unidad 34 para detenidos con problemas psiquiátricos.

El Volkswagen Senda rojo que conducía un hombre de 47 años, acompañado por su hijo de 21 en la butaca del acompañante, recibió un ataque con armas de fuego en forma de ráfagas, que sumaron cerca de 20 tiros.

El conductor, quien se dedica a la pesca artesanal en Punta Lara, según contó una fuente vinculada con la investigación, recibió dos impactos, en la espalda y en un muslo.

Las heridas demandaron su intervención de urgencia en el “Hospital Alejandro Korn”, donde permanecía internado al cierre de esta edición, según se informó.

En paralelo con la emergencia médica, los policías de la comisaría décimo cuarta iniciaron las actuaciones dedicadas a establecer la responsabilidades penales en torno al incidente.

De las primeras versiones que circularon en la zona, se estableció la hipótesis de un asalto, con una banda de ladrones ávidos por una suma del orden de los 100 mil pesos que viajaba en el Senda juntos a los dos hombres.

En ese primer capítulo luego se sumó una aproximación a los presuntos delincuentes: eran cuatro y llevaban puestos chalecos de la Policía.

Los investigadores consultados ayer se encogieron de hombros ante la versión del robo. “Nadie declaró eso”, indicó una fuente.

Alrededor de la pesquisa circulaba una historia de venganza con ribetes tumberos

 

La escena habría sido presenciada por testigos, pero en la víspera aún se buscaban testimonios que ayudaran a delinear la escena, que era confusa en esos primeros relatos. No había datos del auto, de los agresores, ni precisiones sobre el robo, más allá del presunto atractivo de la suma de billetes.

Este diario habló con un allegado a las víctimas que prefirió mantener su identidad en reserva. Alterado por el cuadro que dijo haber visto, el hombre dijo que “hay un herido de bala y el auto tiene 17 tiros”.

Según el testigo, “esto terminó justo en la puerta de la Unidad 34. Al Senda lo perseguía un Bora negro y le tiraron los que iban adentro. Les robaron 100 mil pesos”.

Tras el ataque, de los supuestos agresores nada se supo en toda la jornada. La Policía buscó testimonios e imágenes de cámaras de seguridad. “No hay cámaras. Es una zona abierta”, lamentaba un pesquisa. Tampoco se habían obtenido precisiones para la causa, que investiga el fiscal penal en turno, Juan Mennucci (UFI N° 5).

En este contexto de dificultad que declaraban los investigadores tampoco obtenían avances a través del testimonio de las víctimas del ataque.

Una venganza

En este contexto, cerca de la investigación comenzaron a crecer versiones sobre el móvil del ataque que mandó al dueño de Volkswagen al Hospital.

Según pudo saber este diario, la más firme de esas historias, que circulaba por Tribunales y oficinas de la Bonaerense en la zona indica una presunta venganza con ribetes “tumberos”.

Eso se explica así: un familiar del conductor del auto habría estado detenido por infracción a la ley de drogas en un penal platense y durante esa estadía habría cultivado una relación amistosa con otro implicado en una causa narco. Ese amigo se situaría en un estamento superior del negocio ilegal.

Siempre según esa versión, el familiar del hombre herido habría salido de la cárcel antes que su amigo y se habría vinculado con una mujer a quien el otro hombre detenido reclamaba fidelidad.

“Te voy a matar a vos y a toda tu familia”, habría anunciado el narco tras enterarse de que su pareja había pasado un límite. Le hablaba al hombre con quien se vio esa mujer. Y a la familia.

Así las cosas, la Policía buscaba datos sobre lo que podría ser el primer capítulo de ese anuncio. En una fecha aún no aclarada, pero cercana, apareció el cadáver de su “ex amigo” en la Villa 31 de capital federal.

De confirmarse, esa historia podría haber continuado ayer con una segunda etapa del plan de venganza, afirmado en la ira y el encierro.

Para la Policía nada estaba firme más allá de la evidencia de las lesiones y 8 vainas que se hallaron en el lugar del ataque a tiros: 4 corresponden al calibre 9 milímetros y 4 al calibre 40.

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