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Cómo afectaría un default a la economía argentina

Cómo afectaría un default a la economía argentina

Por: JUAN LECOUR y JOAQUÍN PASTOR (*)

23 de Febrero de 2020 | 02:03
Edición impresa

La macroeconomía forma parte de las charlas cotidianas. Con tantos episodios de recesión, alta inflación y desempleo, es cosa de todos los días discutir sobre estos temas. Tal vez por eso en Argentina tantos se dedican a la economía, a pesar de ser ésta, como dijo Jorge Luis Borges, “una ciencia no menos imaginaria que la alquimia”.

La palabra default también es más cotidiana que lo saludable. Pero, a diferencia de lo que sucede con los otros grandes problemas macroeconómicos, sus implicancias son menos comprendidas. A pesar de que ocurrió reiteradas veces en la historia del país (cuatro o cinco si sumamos el episodio de 2014, siendo la primera en 1827) para el ciudadano común no es tan claro como un default de la deuda soberana lo afecta a él/ella.

La consecuencia inmediata del default es que el Gobierno no puede acceder a los mercados

 

Si escuchara la retórica de presidentes y ministros durante estos episodios y se dejara llevar por ella, no pagarles a los acreedores podría parecerle conveniente e, incluso, patriótico. Basta recordar los aplausos en el Congreso cuando en 2001 el presidente Adolfo Rodríguez Saá declaraba “el gobierno argentino suspenderá el pago de la deuda externa argentina”, o cuando el exministro de Economía y hoy gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, hablaba en 2014 de “una campaña encaminada a sembrar incertidumbre y pánico vinculada con la palabra default”. O bien, cuando en la actualidad el ministro de Economía, Martín Guzmán, afirma que “no vamos a dejar que los fondos de inversión internacionales nos dicten la política económica”.

Pero más allá del discurso político, lo cierto es que un default de la deuda soberana perjudica de manera significativa al ciudadano argentino. Y esto sucede tanto si se trata de un gran inversor como de alguien que tal vez no sabe cómo funcionan los mercados financieros, ni le alcanza el salario para ahorrar e invertir en el mercado de capitales.

El aumento de impuestos hace que muchos proyectos productivos sean inviables

 

La consecuencia inmediata de un default es que, hasta que se resuelva el conflicto, el Gobierno no puede acceder a los mercados voluntarios de deuda. El tiempo que se tarda en llegar a un acuerdo con los acreedores varía, pero puede servir de referencia la experiencia de 2002: después del default, el período sin acceso a los mercados internacionales fue de catorce años. Cuando ya no se puede acceder a los mercados, se ve afectado el Gobierno Nacional y también se perjudican gobiernos provinciales y municipales, empresas y familias.

CONSECUENCIAS PARA EL GOBIERNO

En primer lugar, el Gobierno debe elegir entre tres opciones, cada una de ellas con consecuencias claras sobre la economía real:

1- El caso de un recorte del gasto público es el más evidente. Puede pensarse, por ejemplo, en la baja del gasto en obras de infraestructura, que afecta de forma directa la actividad por el menor gasto y también de forma indirecta por el efecto multiplicador. En otras palabras, el efecto no sólo se ve en los trabajadores que no fueron contratados para construir un puente, sino que también en lo que estos trabajadores hubieran consumido con el ingreso generado y, a su vez, en lo que hubieran hecho con el ingreso generado aquellos a los que los trabajadores les hubieran comprado bienes y servicios.

2- El aumento de impuestos, especialmente en un contexto de presión tributaria cerca de los máximos históricos, hace que muchos proyectos productivos sean inviables. Para ilustrar, puede pensarse en un chacarero que produce soja en Santiago del Estero, cuya rentabilidad es menor por la productividad de la tierra disponible y por la distancia al puerto. Tal vez, en ciertas condiciones puede arrendar el campo vecino para sembrar más hectáreas pero con una suba de retenciones, luego de hacer los números, desiste de hacerlo.

3- Si el gobierno optara por financiar el déficit con emisión de pesos, las consecuencias se van a producir sobre el nivel de inflación, el tipo de cambio y la cuenta corriente de la balanza de pagos. Para entender lo que podría pasar, basta con observar la historia. Entre 2011 y 2015 más billetes en circulación que los demandados por el público generaron un incremento del nivel general de precios que fue compensado parcialmente con atraso de tarifas, aparición de tipos de cambio múltiples con brechas significativas sobre el oficial, caída de exportaciones, y cierre progresivo de las importaciones.

EFECTO SOBRE OTROS NIVELES

En segundo lugar, el default soberano afecta a gobiernos provinciales y municipales, empresas y familias que en la nueva situación encontrarán más difícil o incluso imposible acceder al financiamiento en el exterior. La lógica es sencilla: si los acreedores internacionales no le prestan al gobierno, tampoco le van a prestar a otros agentes que operan en el país cuyo soberano incumple los compromisos.

La evidencia empírica es concluyente al respecto. Los defaults de deuda tienen un impacto negativo importante sobre el acceso al crédito por parte de los demás niveles de gobierno y sobre las empresas. Los períodos de incremento del riesgo del soberano y de deterioro de las calificaciones de riesgo están asociados con fuertes efectos adversos sobre el endeudamiento externo privado. A nivel macroeconómico eso significa menos capacidad de gasto e inversión y, por lo tanto, menor actividad económica.

IMPACTO EN LAS EXPECTATIVAS

Por último la cesación de pagos del Gobierno Nacional incrementa el nivel de incertidumbre y, en el peor de los casos, puede incluso generar pánico, el principal obstáculo para que una economía sana funcione correctamente. La base de una economía de mercado es la confianza de los agentes, y la incertidumbre generada por un default hace que consumidores, inversores y empresarios restrinjan su apetito por consumir, invertir y emprender, afectando directamente la actividad económica. Este tercer factor puede contribuir, además, a generar mayor presión sobre el mercado cambiario e inestabilidad en el sistema financiero doméstico, por la vía, por ejemplo, del retiro de depósitos. La buena noticia en este sentido es que el sistema financiero argentino está mucho mejor preparado que en el pasado para enfrentar una situación de estrés.

Un default de la deuda soberana es lo último que les conviene a todos los argentinos

 

Por lo mencionado anteriormente, un default de la deuda soberana es lo último que les conviene a todos los argentinos, ya sea porque inviertan en el mercado financiero o que no sepan lo que es un bono. Al final, la deuda no sólo “los capitalistas”, sino también la pagan los trabajadores. Esperemos que esta vez se encuentre una solución verdadera al problema.

 

(*) Economistas

 

 

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