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Deportes |“ESTABA EN JUEGO EL HONOR, SI PERDÍAS NO SALÍAS DE TU CASA POR 15 DÍAS”, ASEGURAN
Rubén Koroch y Daniel Bayo, protagonistas de los clásicos de la década del ‘60

Partícipes de la máxima fiesta futbolística de nuestra ciudad, recuerdan como eran aquellos clásicos donde afirman que el fútbol era distinto

Rubén Koroch y Daniel Bayo, protagonistas de los clásicos de la década del ‘60

Rubén Koroch y Daniel Bayo reunidos por este diario. fútbol, recuerdos y una linda amistad / Roberto Acosta

Walter Epíscopo

Por: Walter Epíscopo
wepiscopo@eldia.com

3 de Diciembre de 2021 | 04:49
Edición impresa

La pasión por el clásico siempre ha atravesado y dividido a la ciudad. Rubén Koroch tiene 87 años y supo defender la camiseta de Estudiantes; Daniel Bayo tiene 81 años y es un símbolo de Gimnasia.

Ambos han protagonizado clásicos durante la década del ´60, aunque ya a fines de los ´50 ya estaban allí jugando en Reserva, Tercera y Primera.

Ha pasado mucho tiempo de todo aquello, pero el afecto y admiración están intactos. Una sonrisa al verse y un abrazo. Enseguida se preguntan por sus respectivas familias y como han transitado la pandemia. El motivo del encuentro es el clásico y lo que supieron vivir.

Uno de ellos, el 1º de julio de 1962 los enfrentó en un campo de juego, fue victoria del Pincha en 60 y 118 por 1-0. Fue por la 8º fecha de la primera rueda.

Pero habría revancha el 28 de octubre de ese mismo ´62, con el Lobo ganando 2-0 en 57 y 1, por la 23º fecha de la segunda rueda.

Koroch empieza a recordar lo que eran aquellos días. “Como ocurrió siempre, la gente los empezaba a vivir 15 días antes por lo menos. Eran los dos partidos que la gente esperaba durante todo el año. Después adentro de la cancha eran a muerte, los dos equipos querían ganar y ponían voluntad, fuerza, todo. Si perdías el clásico, por 15 días no podías andar por la ciudad, te tenías que encerrar en tu casa”, cuenta con una sonrisa.

Bayo asiente y dice, “sí, era así. Creo que había un respeto más importante con el rival, que ahora. Yo los enfrentaba y por ahí sentía admiración por algún jugador de Estudiantes. Tuve la fortuna de jugar con el Negro Antonio, el Beto Infante, que estuvieron en Estudiantes y después vinieron a Gimnasia y traían muchas cosas. Venían a jugar al fútbol y eran amigos. Obviamente que esperábamos el clásico, pero no nos matábamos, y si el otro jugaba mejor listo, no había problema. Yo ahora veo que se pegan como loco, fijate las lesiones que hay cada fecha”.

Rubén era un delantero fuerte que no se achicaba, más allá de quien lo marcaba, pero al respecto dice algo: “Yo me acuerdo que Gimnasia tenía a Galeano que pegaba que Dios me libre, pero terminaba el partido y chau, a otra cosa. Se jugaba fuerte pero lealmente”.

Se vivía con mucha intensidad el clásico a fines de los ´50 y comienzos de los ´60, y Daniel retoma lo dicho por Koroch. “Se jugaba el honor y un montón de cosas, y es cierto que si perdías te tenías que quedar en tu casa 15 días por que por la calle te decían de todo. Me acuerdo que a un compañero, que no voy a nombrar, una vez perdimos un clásico con Estudiantes y la mujer lo hizo ir a dormir a la casa de los padres. Perdiste... afuera”, comenta ante la risa de Rubén también.

Los dos son apasionados por el fútbol, y es imposible no comparar como era el fútbol de aquel tiempo y como es el de ahora. “El fútbol ha cambiado mucho. Hoy jugadores que gambeteen son pocos, casi no se ven. Tocan, van, vienen, meten fuerte, pero no más de eso. Antes era normal que el tipo agarrara la pelota en su área y empezaba a gambetear 4 ó 5 tipos y llegaba al área contraria. Y eso no era ni faltarle el respeto al rival ni nada por el estilo, sino que jugaba así”, dice Koroch, enojado por aquellos que consideran que tirar un caño es cargar al rival.

Al respecto, Bayo interrumpe y dice sonriendo, “sí, por ahí el caño por ejemplo, siempre fue para que el otro de alguna forma no se sintiera demasiado bien... (risas). Pero lo que si creo es que antes el fútbol era un poco más abierto, más lento, no tan esquematizado. El jugador entraba a la cancha a hacer lo que sabía hacer. En cambio ahora lo que sabés hacer está supeditado a la función que te da el técnico, entonces te anula la mitad de las cosas que vos podés hacer. Por eso antes era muy claro, se jugaba cuatro atrás, uno en el medio, dos inside que bajaban y ayudaban y hacían el mediocampo, dos punteros abiertos y un centrofoward. Ahora vos no sabés quien es puntero, quien es lateral”.

A la hora de recordar a algún clásico, a Daniel en Primera le tocó debutar en 1960. “El clásico que más recuerdo es el primero que jugué, que me tocó entrar por una desgracia de un compañero y el técnico me dijo, `usted tiene que jugar en Primera´. Ganamos en cancha nuestra 2 a 0 con dos goles de Monono Domínguez que después jugó en Estudiantes. Recuerdo ese que fue mi debut en el año ´60 y haber estado tranquilo y haber hecho un buen partido a mi entender”.

La historia de Koroch es diferente. Llegó desde Córdoba al Pincha y en 1957 jugó su primer clásico e hizo el gol del triunfo. “Me acuerdo que el técnico nuestro era Alberto Zozaya, no solíamos concentrar pero para ese partido nos concentraron en el Jóckey Club en Punta Lara. En una de esas Zozaya me llama aparte y me dice que había una barrita de un café en el centro que le decía que no me ponga. `Yo me la voy a jugar por usted y usted va a jugar´, me dijo. Y bueno, me puso y metí el gol del triunfo en la cancha de Gimnasia. Después jugué más clásicos, pero lo recuerdo porque fue el primero y pude hacer el gol del triunfo”, expresa emocionado Rubén.

Los recuerdos van y vienen, las fechas por ahí no están muy firmes pero cada palabra vale para ayudar a volver a ese tiempo. Ambos remarcan que había muy buenos equipos y jugadores por esos años, y podía darse de ganar o no, pero no lo tomaban con dramatismo, estaba dentro de los planes, se respetaban mucho entre los planteles.

En medio de la charla e historia de amistades entre los jugadores de ambos clubes, Bayo recuerda una anécdota. “Yo tenía una gran amistad con Rafael Albrecht, lo tuve de compañero en la Selección, una amistad afuera de la cancha. Y cuando el tucumano jugaba en Estudiantes, nosotros todos los miércoles nos juntábamos en un café que estaba en 51 entre 7 y 8, charlabamos porque éramos amigos y nos tomábamos un café. Nos íbamos a una mesa al fondo para que no nos vieran y dijeran algo. Justo una vez al domingo siguiente se jugaba el clásico, y en una de esas se acerca una señora, bastante grande y nos empezó a insultar a los dos. Y en una de esas le pregunto por qué nos insultaba. Y dice, `porque están arreglando el resultado del clásico´. Nos reimos, le dijimos que no jugamos los dos mano a mano, somos once contra once. No se preocupe que no hay arreglo, hay amistad nada más”.

Las risas acaparan la escena por la forma de contar de Daniel. “Pero es verdad, teníamos una muy buena relación entre todos, fijate que dos ídolos nuestros como Infante y Antonio terminaron sus carreras en Gimnasia. Nos conocíamos todos”, asegura el ex jugador albirrojo.

Koroch para terminar con el recuerdo no deja dudas que la de futbolista fue una parte importante de su vida y el poder jugar los clásicos algo inolvidable. “Fue una muy linda experiencia jugar un clásico. Al que le tocó vivirla es muy lindo porque es muy dificil olvidar todas esas sensaciones. Esos momentos previos al partido, la ansiedad y los momentos posteriores también, de acuerdo como te había ido”, dice Rubén entre risas, y Daniel agrega, “los recuerdos son más lindos cuando ganás, los otros más o menos, mejor dejarlos ahí”.

Para el final, el ex futbolista Mens Sana se pone serio y expresa, “el fútbol, el clásico, también te deja estas cosas, el poder encontrarme hoy con alguien como Rubén, a quien respeté, respeto y seguiré respetando, porque es una muy buena persona y fue un excelente jugador. Y porque donde lo encuentre, le puedo dar la mano y nos podemos sentar a tomar un café y tenemos charla para rato. Creo que eso es lo más lindo que nos ha dejado el fútbol, fuimos adversarios en una cancha, pero hoy podemos sentarnos a charlar como amigos, porque en definitiva el fútbol es un juego, nada más”.

Tras las fotos, se van del diario caminando juntos. Rubén le pregunta a Daniel por su hermano Diego como está. Se desean suerte, saludos para sus familias, como dos caballeros, como lo fueron alguna vez en una cancha de fútbol, como lo siguen siendo hoy afuera de un campo, 60 años después.

 

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