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Encuentros de chateros, una moda que crece en La Plata

Los primeros en promoverlos fueron los participantes del canal de chat general del sitio laplatavive.com, quienes se reúnen semanalmente y hasta plantearon la posibilidad de crear un club de chateros platense. Ahora los usuarios de un canal para mayores de 30 se animaron a imitarlos y se reunieron para llevar, también, su amistad del mundo real al virtual

Encuentros de chateros, una moda que crece en La Plata
4 de Febrero de 2001 | 00:00
En el canal de chat se los conoce con los apodos de Yeyo y Gra, rondan los treinta años, están casados y buscan en la charla cibernética un entretenimiento apropiado para las pocas horas de descanso que les dejan sus trabajos y sus tres hijos. Azul ya superó los 40, es instrumentadora quirúrgica, viuda y encuentra en el chat una forma de conseguir amigos nuevos y quizás, alguna cita. Flor tiene 34, se considera tímida y dice que chatear es un medio para hacer amigos, con la particularidad de que, en su caso, le permite deshinibirse.
Los tres coincidieron con otros chateros platenses en una reunión llevada a cabo este fin de semana en un un pub del centro, donde se congregaron los participantes del canal de chat para mayores de 30 años del sitio laplatavive.com.

La iniciativa se enmarca en una tendencia creciente: la de llevar al mundo real las amistades que nacen en el mundo virtual.
Los primeros en propiciar esos encuentros en La Plata fueron los integrantes del canal general de ese sitio (que tienen entre 17 y 30 años), quienes se reúnen semanalmente desde principios de enero y que hasta piensan en formar el primer club de chateros platenses.
Y ahora los mayores decidieron imitarlos, armando su propio grupo y dejando en claro que la cada vez más utilizada forma de comunicarse a través de Internet no sabe de edades.
Estas reuniones se dan en el marco de un rápido crecimiento de las comunidades de chat en la Argentina en los últimos tiempos. Si bien no se manejan estimaciones de la cantidad de usuarios de chat que hay en la el país, existen indicadores que dan cuenta de ese crecimiento.
Entre ellos, se estima que 1,8 millones de personas son usuarios de Internet y que cada internauta pasa 12 horas por semana conectado a la red en sesiones tipo de 62 minutos.
El uso más corriente que se le da a la conexión es el correo electrónico, seguido por la navegación de la world wide web y el chat en tercer lugar.
"Estábamos charlando sobre comidas; de repente la conversación derivó en los viejos chistes machistas y feministas y alguien planteó la posibilidad de reunirnos y conocernos las caras", cuenta Yeyo, "muchos se plegaron a la propuesta y por supuesto hubo quienes no se animaron. Pero la experiencia de pasar del mundo virtual al real es enriquecedora y es de alguna manera la finalidad del que chatea".

Pero la ceremonia de conocer a las caras detrás de los nicks (apodos) tiene sus particularidades. Desde la tensión inicial de encontrarse en persona con los dueños y dueñas de los apodos conocidos durante largas sesiones de charla cibernética (una tensión que puede llegar a condicionar los inicios de la conversación), hasta la experiencia de descubrir las sutiles (o no tanto) diferencias entre las personalidades que se muestran en el mundo virtual y del real.
Mientras los más jóvenes hablan de diferencias más significativas entre las imágenes que se hacen de sus interlocutores en Internet y las que encuentran en persona, para los mayores, el encuentro cara a cara no depara grandes sorpresas y sí la consolidación y el enriquecimiento de las relaciones ya forjadas en el monitor de las computadoras.
"Es distinto en el caso de las citas a ciegas, en el que hay más margen para la decepción", dice Azul, "yo he tenido alguna de esas citas y he descubierto que una persona que en el chat lucía un impecable sentido del humor, personalmente no se parecía en nada a quien había conocido en la red. Afortunadamente, en esta reunión no sucedió. Y todos son como me los había imaginado".
Para los chateros platenses de más de 30, el chat es mucho más que un simple entretenimiento. Algunos hablan de hábito y otros, aunque -con un dejo de ironía- también de "adicción". Todos reconocen pasar frente a la computadora un promedio de entre tres o cuatro horas diarias. Y pagar pulsos telefónicos por un valor promedio de 90 pesos mensuales derivados de la charla vía Internet.
Algunos, como JorG, un empleado platense divorciado de 49 años, llevan más de tres años chateando, concurriendo a reuniones de chat en Buenos Aires y hasta llegó a tener una relación de más de dos años con una mujer que conoció en un chat porteño.
"Chateando las horas se pasan sin que uno se dé cuenta. Sobre todo en el horario típico en el que la gente más grande entra a chatear, que es el que comienza a las 22 y se extiende hasta largas horas de la madrugada", dice Yeyo, quien afirma que "a partir del chat aprendí cosas nuevas, como a creer en la amistad entre el hombre y la mujer, que antes veía como algo imposible"
Para Azul, una de las características más preciadas del chat es el hecho de permitir un diálogo fluido entre generaciones que no se da en otros ámbitos de la vida cotidiana.
"Chateando tuve la oportunidad de hacerme amiga de chicos de 20 años, con quienes no creía compartir nada y en eso el chat es único", dice, "el problema es que a veces la gente más grande tiene prejuicios. Lo ve como algo impersonal o como un medio de comunicación exclusivo para tímidos, cosa que no es necesariamente así. En el chat hay de todo: desde los divos y las divas que se convierten en el alma de la sala, llevando la conversación general, hasta los tímidos, los que mienten en todo y los que están de trampa".
Flor está entre los que prefieren definirse como tímidos y asegura que el chat la ayuda a deshinibirse y a encontrarse con gente que en otras circunstancias le costaría conocer.
"En la reunión fue fácil comunicarse porque ya nos conocíamos de Internet, de lo contrario quizás la conversación me hubiera costado más porque soy muy tímida. Lo bueno es ver que cara a cara, la comunicación es tan fluida como en la computadora", dice Flor.
Una comunicación que, los mayores de 30, esperan que se enriquezca en los monitores después del encuentro personal: "ahora el grado de confianza es mayor y esperamos que eso se note haciendo más profunda la conversación en el chat de todos los días", dice Yeyo.

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