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Un paso atrás en la batalla para derrotar al Sida

Dos pacientes a los que habían dado por definitivamente curados tuvieron una recaída. Esto abre nuevos interrogantes sobre la eficacia de los tratamientos. Pero no invalida los grandes avances en la lucha contra el virus

5 de Enero de 2014 | 00:00
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La enfermedad entre nosotrosTras recibir en 2007 un trasplante de médula ósea, Timothy Brown se convirtió en el primer hombre del mundo en haberse curado del HIV. Las células madre que le trasplantaron en un hospital de Berlín para tratarlo por una leucemia no sólo lograron revertir su enfermedad oncológica sino que hicieron desaparecer por completo su carga viral. La esperanza de haber encontrado finalmente una alternativa terapéutica contra el virus del SIDA llevó a que cinco años más tarde un equipo médico de Boston repitiera la experiencia con otros dos pacientes, sólo que en ellos la infección acaba de reaparecer.

La noticia de su recaída, que se conoció a mitad de semana, fue como un baldazo de hielo para muchos de los investigadores que buscan alternativas terapéuticas contra el HIV. Y es que si bien nunca se pensó que los trasplantes de médula pudieran convertirse en un tratamiento aplicable a gran escala, al menos parecían un recurso efectivo para algunas personas que sufren esta enfermedad.

“El regreso del virus demuestra cuán ingenioso puede ser el HIV para hallar zonas del organismo donde esconderse y evadir los esfuerzos por atacarlo del sistema inmune y de los tratamientos farmacológicos”

Además de tener el virus de la inmunodeficiencia humana, los pacientes de Boston padecían de un tipo de cáncer sanguíneo denominado linfoma, por el cual habían sido tratados con trasplantes medulares, uno en 2008 y el otro en 2010. Pero a diferencia del paciente de Berlín, las células madre que les fueron trasplantadas carecían de una rara mutación genética que se conoce como Delta 32 y que al parecer confieren resistencia al HIV.

Pese a ello, sus médicos esperaban que las nuevas células encontraran la forma de matar tanto a las cancerosas como a las infectadas con el virus de la inmunodeficiencia humana. Y así pareció al principio: aún cuando ambos pacientes habían dejado de tomar antiretrovirales luego del trasplante (uno durante siete meses y otro durante 15) no parecía quedar en su cuerpo ningún rastro de la infección... hasta que a fin de año ésta volvió a asomar.

Si bien los reportes médicos indican que ambos pacientes se encuentran “en buen estado de salud” y ya retomaron la terapia antirretrovirales, el desenlace de sus experiencias significa un rotundo punto final para esa línea de investigación.

RESERVORIOS PROFUNDOS

La reaparición de la enfermedad en los pacientes de Boston constituye una prueba de que en su caso el VIH nunca se fue. Como explican los investigadores, el tratamiento contra la leucemia resultó lo suficientemente agresivo para diezmar al virus al punto en volverlo imperceptible, pero no acabó con él en forma total. Y es que basta que quede una sola célula infectada para que comience a infectar a las demás.

“El regreso del virus demuestra cuán ingenioso puede ser el VIH para hallar zonas del organismo donde esconderse y evadir los esfuerzos por atacarlo del sistema inmune y de los tratamientos farmacológicos”, dice Timothy Henrich, el médico responsable de supervisar la experiencia de Boston, para quien su resultado, aunque decepcionante, no sería en este sentido por completo desalentador.

“A través de esta investigación hemos descubierto que el reservorio del VIH es más profundo y más duradero de lo que creíamos anteriormente y que nuestros estándares actuales de evaluación del virus no serían suficiente”, señala el investigador del Hospital Brigham de Boston.

“Sin duda es un revés para los pacientes, pero un avance para el campo científico porque nos ha permitido contar ahora con más información”, dice Steven Deeks, especialista en VIH de la Universidad de California, quien coincide con Henrich en que “el principal mensaje práctico de estas recaídas es que las pruebas para detectar incluso pequeños niveles de VIH presentes en el cuerpo no son lo suficientemente sensibles”.

¿Podría sin embargo este fracaso ofrecer algún tipo de aporte a la búsqueda de una cura a la enfermedad? Por lo pronto tampoco los trasplantes de médula constituían una verdadera solución, señalan los infectólogos. Y es que pretender tratar a las casi 35 millones de personas que padecen HIV en el mundo con un método tan poco disponible, complejo y peligroso, resultaba desde el principio una alternativa totalmente inviable.

“TOTALMENTE INVIABLE”

“Aun cuando hubiera resultado exitoso, el experimento que hizo el grupo de Boston ofrecía un universo terapéutico muy restringido: personas con indicación de trasplante de médula pero además en condiciones de recibir un tratamiento que implica la destrucción de todos sus glóbulos blancos, algo muy peligroso y por lo cual uno se puede morir”, señala el doctor Jorge Cueto, director del Centro de Referencia del Programa VIH-SIDA en La Plata.

“En un momento en que los tratamientos disponibles contra el HIV permiten vivir con la enfermedad, y en la mayoría de los casos no exigen más que tomar una pastilla al día, pensar en un trasplante de médula como alternativa terapéutica es un verdadero disparate. Y no sólo porque los trasplantes resultan complejos y costosos sino además porque conllevan un riesgo de muerte considerable”, coincide en destacar el doctor Amadeo Esposto, jefe del Servicio de Infectología del Hospital San Martín.

En ese sentido -dice el infectólogo, la experiencia de Boston, que ha sido muy comentada en todos los Congresos, sólo se explica como un intento por estudiar mecanismos que eventualmente podrían derivar en una alternativa terapéutica innovadora, pero no como una opción terapéutica en sí”.

“Mientras se trabaja para desarrollar una vacuna, la lucha contra el HIV pasa esencialmente por someterse al test universal para saber quién está enfermo y no seguir contagiando, y por lograr que todas las personas enfermas estén bajo tratamiento de manera que vaya disminuyendo la carga viral en la comunidad. Lo otro, que dos pacientes trasplantados hayan tenido una mejoría -sostiene Esposto-, no pasa de ser una anécdota aunque el intento hubiera salido bien”.


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