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Cuando el sexo es una adicción puede marcar el fin de la pareja

Ocurre cuando uno de los miembros ve en el coito lo único importante. La forma de tratarlo

Cuando el sexo es una adicción puede marcar el fin de la pareja

Cuando el sexo es una adicción puede marcar el fin de la pareja

25 de Junio de 2016 | 02:37

Existen  tantas formas de entender el sexo como personas. Y la dedicación de cada persona a sus relaciones sexuales puede variar considerablemente depende de quien se trata. Así, mientras mucha gente -tal vez la mayoría- busca que estas relaciones sean satisfactorias y adecuadas según sus deseos propios y disfrutar de ellas en una frecuencia moderada durante toda su vida, existen otros que se alejan de esta normalidad, alcanzando el extremo en el que el sexo se convierte en lo único y realmente importante. Es entonces cuando es entonces cuando el sexo se convierte en una obsesión, y el sujeto en un adicto,

Muchos psicólogos y sexólogos se dedican a evaluar este fenómeno, que puede convertirse en un grave problema tanto personal como de pareja, intentando encontrar las respuestas comunes de estas personas y un tratamiento eficaz ante esta conducta compulsiva. El psicoterapeuta Roberto Rosenzvaig, en su libro “Demasiado sexo”, relata varios casos explicando el trastorno y su posible tratamiento.

La adicción al sexo hace que éste pierda su objetivo placentero. Las personas adictas a la sexualidad ya no mantienen relaciones con el fin de satisfacer su deseo sexual, sino como una necesidad, una compulsión parte de su obsesión. Están siempre buscando relaciones, incluso sintiendo culpa cuando cumplen su cometido.

No obstante, este sentimiento desaparece tras un breve período de tiempo, y su ciclo obsesivo comienza de nuevo, como cualquier otra adicción.

Cuando no logran mantener relaciones sexuales, la respuesta es similar a la de cualquier persona con una adicción diferente. Sienten ansiedad, angustia, frustración, irritabilidad… todas respuestas típicas de un síndrome de abstinencia, en este caso sexual.

Tienen, por tanto, un pobre control de impulsos, una mínima capacidad de reflexión y una muy baja tolerancia a la frustración, así como un esquema de pensamientos e ideas casi exclusivamente enfocado al sexo.

Los protagonistas

Al preguntar a varios adictos al sexo el porqué de su comportamiento, muchas respuestas se encaminan hacia la pura satisfacción de su necesidad sexual y de conexión con otro ser humano.

Del mismo modo, aparecen respuestas narcisistas, es decir, una auto-adulación exagerada y una sobreestimación de ellos mismos, elogiándose y admirándose repetidamente, buscando una constante afirmación de su persona.

Las personas que sufren esta adicción al sexo y tienen pareja no siempre ven satisfecha su obsesión. Si el otro miembro de la relación no se encuentra en la misma situación, se producen momentos muy tensos entre ambos.

Los adictos al sexo suelen exigir a sus parejas que mantengan relaciones constantemente, a diario, afirmando, si se trata del hombre, que lo habitual en el género masculino es tener muchas ganas siempre, no llegando a diferenciarse de otras personas y concibiéndolo como un patrón de normalidad.

A menudo incluso recurren a amenazas hacia la pareja, en términos de buscarse un amante que satisfaga su ansia sexual.

En muchas ocasiones esta amenaza se convierte en realidad, ya que muchos de ellos llegan a mantener, además de su relación de pareja más estable, una o más relaciones puramente sexuales. Encuentran para ello -generalmente- una justificación: según afirman, sin ellas no son capaces de satisfacer por completo su hambre de sexo.

El adicto puede sufrir ira o frustración, mientras que su pareja acaba por sentirse agotada, amenazada e incluso asustada, y perdiendo por completo la confianza en el otro. Por tanto, es necesario afrontar la situación antes de que dañe gravemente a cada uno.

La solución es necesario buscarla creando un clima de confianza y comunicación para tratar el tema correctamente. Para ello primero tienen que reconocer que se trata de un problema para -después-, sin rabia por parte de uno ni miedo por parte del otro, enfrentarlo. Lo mejor en estos casos pedir consejo a un profesional que ayude a mejorar tanto la relación personal como las relaciones sexuales.

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