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LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA CARGADA, LA FALTA DE RESPETO Y LA VIOLENCIA

En el clásico platense, como en el fútbol argentino, el folklore ya se convirtió en violencia

Jugadores, entrenadores, dirigentes e hinchas deben adaptarse a los nuevos tiempos que corren. Por el bien del fútbol

Gimnasia y Estudiantes dejaron poco de fútbol. Pero mucha tela para cortar por acciones y gestos de sus hinchas y protagonistas. Otra vez fueron noticia por cosas que poco le aportan al fútbol.

Los hinchas se portaron mal, al ingresar pirotecnia no permitida, y tirarla al banco de suplentes visitante. También se equivocaron al agredir constantemente el sector visitante con rollos de papel y piedras. ¿Y la Policía? Falló como seguridad del evento deportivo.

Pero también se portaron mal los jugadores afuera del campo. Carlo Lattanzio, en un pecado de juventud, les hizo gestos recordando la victoria de 2006 por 7-0 a quienes le tiraban piedras al colectivo al momento de llegar al estadio del Bosque. Pero peor fueron los dichos de Mariano Andújar y Rodrigo Braña, que apañaron a su compañero en los micrófonos. Los profesionales deben mantenerse al margen del llamado folklore del fútbol, algo que está llamado a desaparecer.

Lo de Carlo Lattanzio no es la primera vez que ocurre en Estudiantes y ya se convirtió en un tema de debate interno, porque no son pocos los dirigentes que están convencidos que no es una ofensa pero al mismo tiempo entienden que no pueden avalarlo.

En un clásico ganado en el Bosque en 2013 los jugadores posaron dentro del vestuario con la camiseta número 7. Al menos aquí se puede resaltar que fue en privado y luego “alguien” se encargó de difundir la fotografía.

No fue privado el gesto de un jugador de la categoría 2001 de Estudiantes en un clásico contra Gimnasia. Los dos equipos posaron juntos y el chico mostró los siete dedos justo en la bandera que hablaba de “somos rivales, no enemigos”.

También hubo malos ejemplos por el lado de Gimnasia. En el final del clásico de la Copa Sudamericana, el capitán Lucas Licht apretó los dedos de sus manos a los hinchas de Estudiantes, como marcando que tenían miedo. Pedro Troglio se equivocó también cuando al ser expulsado en un clásico de frotó el pecho al irse a los vestuarios, provocando a los hinchas de Estudiantes.

Muchos años atrás, los hinchas del Lobo realizaron una marcha del silencio cuando el Pincha perdió la categoría, con difusión mediática. Si hasta un programa de TV se burlaba del momento de su adversario.

Igual, ni los gestos de Lattanzio, Licht y Pedro Troglio podrán igualar aquella noche negra en Mar del Plata cuando los 22 protagonistas, suplentes y cuerpos técnicos se agarraron a trompadas en el medio de la cancha. Parece que poco aprendieron de eso.

Tampoco aprendieron los hinchas, que en esa delgada línea entre el folklore y la falta de respeto cobraron protagonismo en los últimos clásicos. A los piedrazos a la delegación visitante hay que agregarle el apuñalado en el sector de palcos en el partido de la Sudamericana, la gran bandera con el “7 a 0” en la tribuna de Estudiantes y las banderas rojas y blancas en la tribuna de Gimnasia. Años atrás eran actos aceptados, ahora no. La sociedad cambió, el fútbol también debe hacerlo.

ES UNA TENDENCIA NACIONAL

Como en La Plata, casi lo mismo ocurre en cada clásico rosarino. De un lado el famoso número “4”, que representa el 4-0 que llevaba Rosario Central al momento de la suspensión de un partido contra Newell’s en la década del ‘90

También en Independiente hubo gestos que molestaron a Racing. Luego de un clásico ganado en los últimos años el actual ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires junto a dirigentes de peso se sacaron una foto que se hizo viral en las redes sociales: con la camiseta 23 y la leyenda “clásicos”, en alusión a la ventaja sobre su rival.

Peor resultó lo realizado por los dirigentes y jugadores de Boca el año pasado, luego de adjudicarse el título del torneo pasado. Salieron al hall del hotel en Bahía Blanca, donde concentraba previo al partido contra Olimpo, con sábanas a modo de fantasma, cargando a River por su descenso.

No se quedaron atrás los del Millo, que cuando fueron en el torneo pasado a la Bombonera se pasearon por los pasillos del estadio tapándose sus narices con los dedos, en referencia al supuesto mal olor. Claro, lo mismo había Ángel Labruna 30 años atrás, pero en ese momento el folklore en el fútbol estaba aceptado. Hoy es imposible convivir con eso, culpa de lo enferma que está la sociedad, la violencia que brota en cada rincón y la falta de tolerancia. Los protagonistas deben dar el ejemplo, tal vez algún día el folklore pueda ser aceptado otra vez.

 

 

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