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Terror en la Ciudad

“Luciferina”: exorcismos, ayahuasca, chamanes y lo sexual como un elemento sagrado

La cinta estrenada el jueves utiliza varias mitologías para explorar el bien y el mal y abogar por la recuperación del cuerpo

“Luciferina”: exorcismos, ayahuasca, chamanes y lo sexual como un elemento sagrado

Escena de “Luciferina”, en cines platenses / Cris Zurutuza

El cineasta Gonzalo Calzada, autor de filmes de terror como “La plegaria del vidente” y “Resurrección”, inició una trilogía de películas sobre posesiones demoníacas con “Luciferina”, que se estrenó el jueves en salas locales.

Victoria Carreras, Vando Villamil y Tomás Lipán, quien además es autor e intérprete del tema “Luciferina”, este thriller de terror y suspenso sigue el drama de esta joven de 19 años que posee un extraño don que le permite ver el tipo de aura que tiene la gente, una “luminiscencia” que se manifiesta en el contorno de las personas. Eso la lleva a desarrollar un carácter introvertido y a vivir recluida como aspirante a novicia en un convento, pero el suicidio de su madre la obligará a salir de ese lugar y enfrentar un secreto que su familia oculta sobre su pasado y sobre el origen de ese rara capacidad, lo cual intenta descubrir a través de un viaje iniciático donde participa de un ritual de ayahuasca que se convierte en una aterradora pesadilla.

Calzada se propuso en la génesis de este proyecto escribir un guión sobre “alguna temática diferente a lo ya transitado”, y así nació esta cinta sobre posesiones y exorcismos, un tema poco transitado en el cine nacional y al que, además, Calzada agregó una impronta latina.

“A mi me gusta mucho el género fantástico y me parecía interesante trabajar con las posesiones y los exorcismos pero introduciendo elementos de nuestra propia cultura latinoamericana”, agregó el cineasta.

Esta mixtura fue posible gracias a la biblioteca que Calzada ya tenía incorporada: “Estudié durante muchos años el universo de las mitologías comparadas”, explica en diálogo con EL DIA, y se ríe al aclarar que “tengo un conocimiento intelectual, no práctico”. A partir de estos elementos de diversas mitologías “se fue elaborando una historia que tiene que ver con unir filosofías y pensamientos metafísicos orientales y occidentales”, revelando que “la idea de que cualquier religión termina hablando un poco de lo mismo: qué es lo bueno y que es lo malo”.

La conclusión de que las diversas espiritualidades son apenas interpretaciones que el hombre hace de lo mismo, de algo que nos excede se refleja en el filme en los tres tipos de exorcismos que operan como ejes de la trama, y van de lo cristiano, a lo chamánico y a lo sexual.

“Lo sexual está pensado como un elemento sagrado”, que en la cinta conecta alma y cuerpo, explica Calzada. Se trata de una conexión a resignificar, opina, “en la cultura occidental: el acto sexual, el valor del cuerpo como un elemento sagrado, de la caricia, del tacto, del encuentro entre dos personas” en “una sociedad tomada por los celulares, por lo virtual, por el ‘no tacto’”, profundizó el cineasta.

La cinta recorre también reflexiones sobre el robo de la identidad, “porque los que participan de ese ritual son chicos que desconocen realmente quiénes son y sus propias historias, que se les han ocultado. Todos sufrieron una infancia apropiada y eso propone pequeñas analogías indirectas a nuestra propia historia”, añadió Calzada.

Su cine se une así a una tradición del género que, explicó, “se constituyó de dos maneras, entre el asombro de la magia y la crítica social”: por un lado, desde su génesis hubo elementos ligados a lo “circense”, a la distracción, “una carta de circo para asustar” (los efectos ópticos, las linternas mágicas y “otros elementos que se usaban en la fantasmagoría del precine”); por otro, ya desde el gótico había crítica social, “una contestación a la soberbia de la razón”, dando inicio al uso del género como reflexión “de un malestar de la cultura que se vinculaba a una forma monstruosa”.

“Hoy por ahí hay más entretenimiento por el entretenimiento en sí, pero no sé si es criticable. Es importante que estén las dos cosas. Y a mi me repele un poco cuando es la parábola, cuando terminas el cuentito y te dicen lo que te queríamos enseñar era esto, para eso, prefiero una película que sea solo susto. Me gustan mucho más ver una película que te genere preguntas y un malestar y no entienda bien qué me quisieron decir”, opinó el director.

“Luciferina” es la primera de las tres que integrarán la saga de tono fantástico “La Trinidad de las Vírgenes”, que narra las historias de tres jóvenes vírgenes que son víctimas de un estado de posesión, una idea que surgió durante la escritura del guión, cuando Calzada se encontró con tres historias y no quería descartar ninguna. “Pensamos entonces en una saga, pensemos que es posible”, reveló el cineasta, una esperanza que sostiene a pesar de que “para hacer cine está difícil, y cine de género más aún, porque siempre tiene un poco más de fuegos artificiales. Pero el cine de terror ha sabido gestarse desde el nicho más básico, como ‘Holocausto Caníbal’, ‘La noche de los muertos vivientes’, ‘Blair Witch’, proyectos muy independientes que son grandes obras del cine de terror. Estamos bien: como país no, pero el género va a saber sobrevivir a eso.

 

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