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Editorial

Debe ser jerarquizada la valiosa profesión de la enfermería

Debe ser jerarquizada la valiosa profesión de la enfermería

En la última década se vinieron reflejando en esta columna datos estadísticos oficiales y del sector privado demostrativos del pronunciado déficit de enfermeros que se registra en nuestra provincia y en todo el país, en una situación que ahora se vuelto a corroborar en un informe publicado ayer en este diario, revelador de que existen muchos menos enfermeros que los necesarios. Hace diez años se señalaba ya que faltaban sólo en los hospitales públicos bonaerenses más de 5.000 enfermeros y que, de ese total, cerca de 900 hacían falta en los centros provinciales que funcionan en nuestra ciudad.

Según se indicó, la Argentina tiene 3,8 enfermeros cada 10.000 habitantes, una de las tasas más bajas de la región, cuando “el mínimo debería superar los cuatro profesionales por cada 10.000 personas”, según alertaron ayer organismos nacionales e internacionales. La estadística pertenece a la Federación Argentina de Enfermería (FAE) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y se conoció con motivo del día mundial de esa profesión, que se conmemora cada 12 de mayo.

Una referencia comparativa con otros países de América del Sur resulta más que elocuente. Mientras en nuestro país, como se dijo, hay menos de 4 enfermeros cada diez mil pobladores, la OPS señaló que Chile tiene 22 enfermeros cada 10.000 habitantes, seguido de Uruguay, con 18,9; Paraguay, con 14,6; Brasil, con 7,1, y Bolivia, con 5,1.

Según datos de la OPS, en Argentina la proporción de enfermeros por médico es de 0,56, cuando la meta propuesta es de, al menos, un enfermero por cada médico. Quince países (34%) de América Latina, entre ellos Argentina, aún no cumplen ese objetivo, destacó la directora de la Escuela de Enfermería del Hospital Alemán.

Como se ha dicho, el problema no es nuevo y responde a diversas causas, pero lo cierto es que se ha llegado –hace años ya- a un punto extremo, del cual sólo cabe salir, en primer lugar para que el sistema sanitario no colapse. Camas vacías por falta de enfermeros, pabellones que cuentan con sólo un enfermero, la relación cuantitativa médico-enfermeras completamente deformada, personal desbordado por una pesada sobrecarga laboral, son sólo algunas de las realidades que se viven cotidianamente en los casi ochenta hospitales públicos de nuestra provincia.

Estudios realizados en 2009 advirtieron que en diez años se podían ver agotados los profesionales de esta disciplina, teniendo en cuenta que su promedio de edad en la Provincia era de 47 años y un importante número se jubila a los 50 ya que esa edad es el tope, por considerarse al trabajo que desempeñan como insalubre. No ha ocurrido hasta ahora esa alternativa, pero se encuentra más cerca.

Está claro que no será tarea sencilla ni tampoco se logrará, de la noche a la mañana, aumentar los planteles de enfermería, aún cuando parece que se está en un buen camino. Para ello será preciso persistir en los programas relanzados y procurar, al mismo tiempo, los incentivos económicos del caso, entre otras medidas encaminadas a estimular el estudio y ejercicio de una profesión que se caracteriza por un fuerte componente vocacional, tan ligada al dolor como a la curación de las enfermedades que acosan a la humanidad.

Es de esperar, entonces, que se promuevan todas aquellas políticas y medidas concretas que apunten a jerarquizar, mediante los reconocimientos que sean del caso, una disciplina tan imprescindible y valiosa como es la de la enfermería.

 

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