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HUMOR POLÍTICAMENTE INCORRECTO

Ezequiel Campa en La Plata: “Siempre me hacen bullying y me dicen cheto”

“Cheto y chot...”: el nombre del nuevo show de Ezequiel Campa, que trae mañana a la Ciudad (desde las 21 en la sala de 43 entre 7 y 8) ya invita, como su estilo de humor, a la polémica.

Porque generar esa incomodidad es, justamente, lo que busca con su humor quien revela que “siempre me hacen bullying y me dicen cheto”, aunque “no me considero cheto, no soy ideológicamente ni socialmente cheto. Pero la vara de lo que es un cheto fue bajando: en los 80, era tener doble apellido, un barco, veranear en Punta del Este, y hoy, parece que con que comas todos los días sos cheto”.

“Lo digo en chiste, claro”, avisa, con su habitual capacidad de decir lo que no se puede decir. ¿Eso lo convierte en la segunda palabra del título de su show? Algo así, acepta: “Sobre el escenario me gusta hacer humor con cosas sobre las uno en teoría no puede reírse, me gusta la risa incómoda, que la gente se sorprenda, se encuentre riéndose de la muerte, del dolor, de la enfermedad, algo que genera risas mucho más profundas. Y para hacer ese tipo de humor... tenés que ser un poco jodido. Esa es la acepción de chot... que tomé: ser ácido, cínico, decir algo que no se puede decir, no tener un mensaje esperanzador.”.

Asumiendo estas dos cosas que se dicen de él (“uno es lo que hace con lo que hicieron con uno”, cita), Campa hace catarsis del humor. “Yo escribo sobre lo que tengo cerca, agarro todo lo que tengo a mano, mis viejos, mi vida, y eso resulta catártico. Cuando uno es más chico uno se guarda un montón de cosas, por vergüenza, porque no las tenés resultas... pero pasa el tiempo, se te empieza a caer el tiempo y perdido por perdido te animás a contar esas cosas”, explica quien estrenó este nuevo show hace dos meses.

Atravesando así las primeras funciones de “Cheto y chot...”, Campa vive días de nervios y sorpresas sobre escena, algo que lo tiene “como nene con juguete nuevo: cuando hacés stand up, necesitás probarlo con gente, y en estas primeras funciones todavía le estoy descubriendo cosas, nuevas formas de armarlo, de decirlo”.

Disfrutando de la energía especial y nerviosa de los primeros shows antes de entrar en el modo de la repetición automático, “una cosa de comunión, casi de misa ricotera” cuando el público se ríe las primeras veces “de lo que pensé en la ducha”, Campa encuentra que está ante su mejor espectáculo (“menos mal: hubiera sido muy gracioso empezar a decaer cuando todavía no llegaste a ningún lado”), uno donde las risas que provoca su humor incómodo “salen de un lugar profundo”.

Y eso que el comediante tiene varios años en el oficio: parte de la guardia vieja del stand up, cuenta que los años no vienen solos y que se siente un poco afuera de toda la movida humorística que se armó en las redes: “No me sale, no me gusta verme, me filmo y me siento un idiota. Y en definitiva no me divierte, me siento afuera, como cuando volvés a las 2 de la mañana y ves a los pibes haciendo la cola para entrar a un boliche y te das cuenta de que estás re afuera de eso. Tiene que ver con estar viejo”.

 

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