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No es lo mismo grieta que polarización

No es lo mismo grieta que polarización

Por SERGIO R. PALACIOS (*)

¿Existe una grieta en la Argentina? Sí. ¿Existe polarización? Sí. Pero que ambas estén presente y sean muy reales no quiere decir que sean lo mismo. De igual modo que a dos sectores les es funcional electoralmente que la grieta este presente; otros espacios políticos necesitan mostrarse como la “no grieta” y denunciar a esta como una especie de artilugio.

Estos últimos dicen “hay que salir de la grieta en la que estamos entrampados”. Y es muy cierto. Pero es difícil que no exista grieta si desde el lado que restablecieron la palabra “enemigo” pasados más de treinta años del abrazo Perón-Balbín, dicen que hay que poner militantes en la Corte Suprema de Justicia y que van a hacer una revisión política de las sentencias dictadas por jueces de la constitución. Me parece raro pensar que Margarita Stolbizer no este decididamente confrontando con esas ideas. Y si lo está, cosa que no dudo porque ha desarrollado una valiente y certera acción denunciando la corrupción, es, quiera o no, parte de la grieta. La grieta está, del mismo modo que lo estuvo desde 1983 entre quienes exigían justicia por las violaciones sistemáticas por los DDHH y quienes decían que había que superar esa etapa y reconciliarse sin investigar ni juzgar. Tengo bien presente quienes estaban de un lado y de otro de esa grieta, aunque muchos se olvidaron. Las grietas políticas generalmente aparecen como inevitables pero si superables, con el tiempo, cambio de actores e intereses. La tesis Perón–Balbín lo demuestra: apartar los rencores y fijar objetivos de reconciliación no porque les convenía sino en beneficio del todo, de la nación y su pueblo.

¿Qué grieta tienen los dirigentes o personas comunes del PRO, UCR, SOCIALISTAS, con Perotti en Santa Fe, con Uñac en San Juan, con Urtubey en Salta, entre tantos, y viceversa? Ninguna. Solo hay confrontación democrática para el acceso a la representación y gobierno. Puede allí haber polarización electoral pero entre esos actores no hay una grieta.

La grieta existía antes del abrazo Perón-Balbín cuando estaban divididos los políticos y la sociedad entre Peronistas y no Peronistas. El conflicto alcanzaba a la gente común, e igual fue utilizado como herramienta ideológica por uno de los lados de la grieta actual: el otro que no es parte de quienes se llaman Patria, son enemigos de esta. Nosotros somos el pueblo y ellos no.

Hay grieta; pero hay que separarla de la existencia de la polarización electoral. Una puede ser desde ya consecuencia de la otra, pero no son lo mismo. Hay quienes por sus acciones y visión de la democracia están (conscientes o no) de un lado de la grieta porque asumen como inadmisible el cambio del sistema constitucional en favor de un sector de la sociedad, pero que por intereses políticos legítimos, necesitan mostrarse separados de los dos lados en conflicto. Pueden ir contra la polarización, pero ¿Cómo evitar ser parte de la grieta?

La existencia de la grieta es el error que nunca debió ser. Nunca uno –con el Poder del Estado en la mano- debió estigmatizar al otro que está fuera del Poder. Desde que ocurrió esto, hasta los mismos participantes de un lado, al disentir fueron atacados y expulsados de ese lugar para ser corridos al sector del “enemigo”. Ocurrió a las personas y a medios de comunicación que de amigos mutaron a enemigos. La funcionalidad perversa de esa grieta convirtió a un militar acusado y reconocido en juicio, como participe de secuestro y torturas, en un conveniente soldado del campo popular y Jefe del Ejército.

Nadie de buena fe quiere vivir peleando o discutiendo y que le digan que es amigo o enemigo. Es un gasto de energía gigantesco y peligroso. La grieta ha sido funcional y debe ser desmantelada, pero no a costa de la conveniencia de sectores que quieren tener Poder y no logran despegar en porcentajes conforme las encuestas. Yo no soy candidato y por eso no me asusta oponerme o estar a favor de algo. Asumo que hay cosas inadmisibles en el futuro de la sociedad democrática y las expreso. La grieta no se supera con voluntarismo político naif. Quienes atacan la grieta desde lo electoral en realidad atacan aquello que los perjudica en sus intereses: la polarización.

Esta, es un hecho evidente que reflejan todos los encuestadores sin importar el resultado en favor de uno u otro. La grieta es real y esperemos superarla para concentra energías en construir y no preocuparnos por las consecuencias de como pensamos. Pero, mientras sean cuestionadas las bases existenciales del sistema democrático y republicano, habrá una grieta y será difícil evadirse y no ser parte de ella.

La disrupción frente a la grieta y las polarizaciones, estará en volver a la ideas de consenso, de acuerdos teniendo presente ideas comunes y librar a la confrontación democrática aquellas donde el disenso es real y hasta fructífero. Para eso mínimamente debemos recordar como decía Perón que “dentro de la ley todo, y fuera de la ley nada”; y aferrarnos como cultura a las lecciones y prácticas de Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín para quienes la democracia era, es y será dialogo.

 

(*) Profesor Economía Política (UNLP)

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