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LA RECETA TRIUNFAL DE ESTUDIANTES NO MODIFICA EL ADN DEL CLUB

Intenso, solidario y eficaz para quebrar el plan rival; así es como lo quiere su gente

Estévez tuvo el gran mérito de romper el cristal de esa tan irritante como suicida obsesión de salir jugando, a cualquier costo, siempre

Intenso, solidario y eficaz para quebrar el plan rival; así es como lo quiere su gente

El equipo jugó como le gusta a la gente de estudiantes y logró golear a independiente en el Ciudad de La Plata / Dolores Ripoll

Por MARTÍN MENDINUETA

@firmamendinueta

Fue Estudiantes de La Plata de punta a punta. Completo. Genuino. Fiel a esa identidad que lo distingue... Desde el respetuoso y cariñoso homenaje conjunto a sus grandes capitanes fallecidos, hasta la esforzada matriz colectiva de un equipo que funcionó como tal. Por eso su gente, aún con el frío metido en los huesos, lo acompañó cantando hasta tarde.

Esta vez, los hinchas se fueron orgullosos por la manera en que fue torciéndole el brazo a un rival con buenos jugadores y un director técnico que supo cosechar elogios contundentes poco tiempo atrás. La exacerbada búsqueda de la tan declamada salida “limpia” desde el fondo terminó arrastrando a Independiente a una caída inapelable. Cayó en su propia trampa.

Sería bueno que Gabriel Milito, hombre nacido y formado en la cuna del “Diablo”, una de las señaladas por los futboleros de este país como mejor representante del juego de “paladar negro”, haya tomado debida nota de que la extremista propuesta del rival fue, en gran parte, causante del éxito que hoy disfruta. Mirar lo que le pasó a su oponente puede ayudarlo a no copiar errores.

Después de un primer tiempo parejo, donde el aburrimiento estuvo cerca de meterse en escena, se fueron al descanso sin hacerse daño, pero Estudiantes había sido un poco mejor y, casualmente, sus aproximaciones más lúcidas se habían gestado a través de dos salidas largas, mal llamadas pelotazos.

En el vestuario, Milito decidió el cambio que resultó un acierto total. Sacó a Iván Gómez, que ha perdido estatura en su nivel personal y, por ende, incidencia en la mitad del campo, e hizo ingresar a Nahuel Estévez, el joven que, despacito, va edificando un nombre valorado dentro del actual plantel. La presión alta del ex-Comunicaciones hizo que el error de Lucas Romero al querer dominar la pelota, propiciara una corrida muy decidida por el callejón central que terminó en un remate fuerte y al medio que Campaña no despejó de un modo ideal. Todos saben como terminó eso... Ángel González mostró un buen recurso para definir y, entonces, el partido pasó a estar debajo del corazón hirviendo del “León”. Claro que faltaba un siglo, pero había algo en el ambiente gélido que invitaba a creer que Independiente no iba a tener los elementos ni las ideas para hacerle daño a Andújar.

FACUNDO MURA DEBE SER EL “TRES” PINCHA

Y así ocurrió. Más allá de los dos goles restantes, uno más lindo que el otro, el huésped de tradición copera se fue ahogando en el océano de su impotencia; repleto de pases intrascendentes, “cartón pintado” que jamás se tradujo en un juego ofensivo moderno, ambicioso y confiable.

En ese lapso creció de un modo exponencial la figura de Facundo Mura. El marcador lateral derecho que la gente pide como titular indiscutido en la punta izquierda de la defensa. El petiso se hizo querer en aquel clásico en que dirigió Pablo Quatrocchi y que fue victoria Pincha con el gol de Albertengo. Aquel día lo aplaudieron muchísimo; y el último lunes ratificó todo lo que es capaz de ofrecer clausurando la banda que le toca custodiar. Mura debe ser el “tres” de Estudiantes. Claramente es el mejor de todos lo que han pasado por allí en los últimos tiempos.

Sin haber alcanzado un estatus de brillantez, el “León” entregó una imagen muy seductora que, más allá del resultado que obtenga, nunca lo alejará de su esencia. El ADN “Pincha” está hecho en un altísimo porcentaje de ese lema que demanda “correr y luchar siempre”; y que obliga a tener como ley que “el esfuerzo no se negocia”. Independiente tiene su escuela y Estudiantes, la suya. Esta vez, una derrotó a la otra de manera inobjetable.

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