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Amor y dolor entre la acción: las mujeres detrás de “El robo del siglo”

La experimentada Magela Zanotta y la debutante Johanna Francella equilibran el relato de Ariel Winograd con sentidas escenas que hacen del filme algo más que una película de atracos

Amor y dolor entre la acción: las mujeres detrás de “El robo del siglo”

Johanna y Guillermo Francella son padre e hija también en la ficción de “El robo del siglo” / FOTOS: RAQUEL FLOTTA PRENSA

María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

15 de Enero de 2020 | 02:41
Edición impresa

“El robo del siglo”, la esperada película argentina protagonizada por Guillermo Francella y Diego Peretti, basada en la historia del atraco que hizo historia, se estrena mañana con una combinación de acción, drama y humor, aunque también hay lugar para emociones como el amor y el dolor.

En la cinta de Ariel Winograd, que narra con grandeza cómo esa banda planeó, atracó y escapó del Banco Río con un botín estimado entre 8 y 25 millones de dólares, las encargadas de darle ese otro matiz al thriller son dos mujeres: la experimentada Magela Zanotta y la debutante Johanna Francella, hija de Guillermo.

Zanotta, actriz uruguaya radicada desde hace años en el país, es “La Turca”, la culpable del “casi” del plan perfecto, la esposa engañada de uno de los ladrones (Rubén Alberto de la Torre) que los delató por despecho a su marido: un matón adicto al sexo.

Y Francella, a quien hace poco vimos en “Argentina, tierra de amor y de venganza”, es Lucía, hija de Mario Vitette Sellanes, el “hombre de traje gris” que financió el robo y se puso a los hombres con histrionismo las negociaciones con el Grupo Halcón.

Mientras “La Turca” se muestra en la película como una mujer curtida, que no se horroriza por la vida mal habida de su pareja, pero que sufre al enterarse del engaño; Lucía es la esperanzada hija que cree que su padre puede cambiar su vida de engaños, y por eso lo perdona una y otra vez.

Las pocas escenas que tanto una como la otra tienen a su cargo en la cinta son pocas pero precisas, cargadas de un dramatismo que equilibra con potencia la acción.

“Los personajes femeninos enriquecen el mundo de esos varones que planearon y llevaron a cabo el robo”, manifestó Zanotta, en diálogo con EL DIA.

Según la actriz, que recientemente fue parte del éxito teatral “Perfectos desconocidos”, no se trata de mujeres cualquiera sino de “dos mujeres fuertes” que tiene tanta encarnadura en sus historias que, si se quisiera, “se podría hacer esta misma película contada desde la visión de ellas”.

Para Johanna Francella, la gran fortaleza de estos personajes está en el hecho de “mostrar a estos dos hombres (De la Torre y Vitette) desde otro costado. Verlo como papá, aún con sus carencias, es algo que le da humanidad”, sumó “Yoyi”, como le dicen a la joven actriz que, a los 26 años, y con algunos pinitos en televisión, marca su debut en el cine por la puerta grande y de una manera especial: a la par de su verdadero padre.

“Poder trabajar con él (su papá, Guillermo), creando un vínculo totalmente diferente al nuestro, en mi primer proyecto de cine, es algo que me llena de felicidad”, admitió la prometedora actriz, feliz de haber podido concretar este sueño que su hermano Nicolás ya pudo lograr: junto a su padre fue parte de “Corazón de león” (2013), el filme de Marcos Carnevale en el que, al igual que en esta historia, los Francella son padre e hijo.

Y aunque a “Yoyi” se la ve muy natural en su interpretación, y a juzgar por las circunstancias uno podría creer que fue algo fácil, reveló que, por el contrario, fue bastante complejo.

“Fue difícil porque, si bien es mi papá, no deja de ser el que lleva la película, y eso en cierto punto es una presión”, remarcó la intérprete que se ganó su lugar en el elenco “por casting”.

“A pesar de que mi papá me ayudaba, y me daba todo a mí, fue fuerte estar sentadita, mano a mano con él porque, si bien es mi papá, también es un actor que labura desde hace mucho”, sumó.

En relación al desafío que le resultó ponerse en la piel de Lucía, Johanna sostuvo que, al no tener demasiadas herramientas sobre la verdadera apostó por trabajar a partir de la dicotomía que le proponía el rol: “una chica triste por la vida que lleva su padre, pero feliz de tenerlo. Es una pelea constante en ella. Y es lo que traté que que se vea”.

Por su parte Magela, a la par de algunas charlas con miembros originales de la banda delictiva, que le contaron algunos detalles fundamentales de la historia, abordó a “La Turca” buceando en internet, aunque tuvo como punto de partida el libro de Rodolfo Palacios, “Sin armas ni rencores”, en el que se basa el guión.

“Después que tenés todas las herramientas para armar al personaje lo que queda es entregarse en el momento del rodaje al vínculo, en este caso, el que tenía con mi marido, y en creer en ese matrimonio que se maneja con esas reglas”, reveló la también autora y directora teatral, que en el set comparte todas las escenas con Rafael Ferro.

“No existían muchos datos sobre el hecho de cómo camina o habla pero sí, por ejemplo, me teñí de rubia, yo que siempre fui morocha, y eso me hacía alejarme visualmente de mí, y acercarme un poquito al personaje en la vida real”, contó Magela en relación a la caracterización de su criatura, la más visceral de las que componen la cinta de Winograd.

Gracias a “La Turca”, que se presentó en la comisaría por miedo a que su marido se fugue con su amante, se pudo resolver el espectacular robo al Banco Río de Acassuso que, perpetrado hace ya 14 años, el 13 de enero de 2006, quedará por siempre en la historia delictiva argentina por su planeamiento perfecto (entraron por la puerta, montaron un show con el que distrajeron a la poli, salieron por un boquete y se fugaron en gomón por las alcantarillas), por su materialización (sin armas ni violencia, a sabiendas de que a los dueños de las 145 cajas fuertes que vaciaron se les iba a devolver todo y hasta más) y, sobre todo, por la picardía argentina que tiñó el atraco, entre las pizzas de fuga-zzeta o el “souvenir” que dejaron pegado con cinta scotch entre los barrotes de la bóveda: “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores”.

 

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