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Policiales |Tensión, seguridad reforzada y tiros en la noche
Cámaras, serenos y balas en la guerra contra el robo de chanchos en la ruta 11

Productores de una zona limítrofe entre La Plata y Berisso perdieron alrededor de 150 animales este año. Calculan que actúa una banda especializada, que mata los animales en el lugar y los vendería en carnicerías

Cámaras, serenos y balas en la guerra contra el robo de chanchos en la ruta 11

Un campo con cámaras, para detectar el robo de chanchos/cap. de video

22 de Octubre de 2020 | 03:07
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Lo de las cámaras en los corrales de engorde no es solo alarde de modernismo en la industria cárnica. Tampoco la contratación de empleados que miran los chiqueros en horas de la madrugada. Lejos de tirar margaritas a los chanchos, en criaderos que están en una área limítrofe entre La Plata y Berisso, a la vera de la ruta 11, no se fijan en detalles y gastos para controlar lo que se presenta como un desborde de robos de animales. Por los ataques se señala a una banda especializada, con técnicas que les permiten matar y hasta faenar a metros del establecimiento.

La secuencia más cercana que cuentan en dos criaderos incluye media docena de golpes, en general nocturnos, en los cuales se perdieron alrededor de 150 chanchos, lo que se traduce en más de medio millón de pesos.

La problemática del robo de animales también se expresó hace pocas semanas, a unos cuatro o cinco kilómetros al sur de ese punto de la ruta 11, donde esa traza se encuentra con el Camino Real. Productores de ganado vacuno de la zona calcularon en diálogo con este diario que a lo largo de este año perdieron alrededor de 1,5 millón de pesos en robos. En los relevamientos que se van haciendo entre los ganaderos, la secuencia suma unos 30 novillos, vacas, toros y terneros. Allá es otro paisaje, con potreros abiertos y alambre de por medio con la calle.

Los ataques de los ladrones tienen en jaque al establecimiento de cría de Gustavo Heer, con corrales bajo techo, más chicos. “Van 4 ó 5 veces. Siempre con la misma modalidad. A veces matan y abren los animales en el mismo lugar, dejando las vísceras. También, roban lechones. En ese caso, les pegan un martillazo en la cabeza y después les clavan un cuchillo para desangrarlos”, contó el productor. La clave es matar para mover el botín de una manera más sencilla, en silencio.

Se estima que eso tiene que ver con la magnitud. Heer recuerda de memoria la cuenta: a mediados de junio fueron 5 animales; el 30 de agosto, entraron a través de un campo lindero y se llevaron otros 16, que carnearon a pocos metros de sus corrales; el 25 de septiembre se llevaron otros 22 chanchos; el 2 de octubre fueron 25 y hace un poco más de una semana, el impacto más grande, con 51 animales.

Algo presentían en el campo con respecto al último atraco: venía el Día de la Madre. Como en junio, en vísperas del Día del Padre, los ladrones se habrían puesto más activos en función de lo que se considera que es la cadena de valor en este tipo de delito.

Los productores calculan que los chanchos robados van a los ganchos de carnicerías de la Región. Entonces, cuando la mesa familiar más demanda, habría más actividad delictiva.

Los productores calculan que a los lechones, tras matarlos y desangrarlos en el mismo campo, los terminan de faenar cerca, ya que el proceso de eliminación del pelo con agua hirviendo hay que realizarlo rápidamente. De otro modo, falla y altera la carne.

La técnica podría aportar alguna pista en una investigación que realiza la fiscal penal María Eugenia Di Lorenzo (UFI Nº 17) a instancias de una denuncia de Heer. Una fuente de Tribunales indicó que la funcionaria recolectó varias denuncias y analiza medidas para avanzar sobre posibles sospechosos. Mientras tanto, los productores refuerzan la seguridad, contratando serenos que custodian los criaderos por las noches y colocando cámaras.

La resistencia ante el robo generó situaciones de extrema tensión en la zona. En alguna madrugada de las últimas semanas hasta hubo tiroteos en esos campos.

“Esto no es robo por hambre, porque en casos se llevan de a 20 animales”, analizó Gustavo Masochi, propietario de otro criadero situado a unas diez cuadras al norte del campo de Heer, en inmediaciones de 1 y 635.

Masochi calculó que los ladrones “son del rubro” y actúan en toda la zona. “Por la forma de faenar es la misma gente”. En esa línea, calculan que la banda golpeó primero en el campo de Masochi y luego se concentró en el de Heer. “Puse mucha seguridad. Tenía un sereno y no alcanzaba. Así que puse otro. Entonces, tuve que hacer una casa más. Ahora tengo un sereno constante y otro que alterna”, dijo Masochi y añadió que “se trabaja en forma permanente”. De día, con la producción, de noche, en la seguridad.

La situación paró en el campo de Masochi y parece haber pasado al de Heer, donde también hay sereno. La situación se pone peor en la amenaza de violencia, con ladrones que llegan armados.

 

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